martes, 7 de abril de 2026

Momento de indecisión


Pasaron dos días desde que perdí la apuesta futbolera. Desde que mi Real Madrid cayó ante el Barcelona. Recordaba a Iván saltando de alegría cuando sonó el silbato final, su mirada buscándome, cargada de triunfo y promesa.

Y ahí estaba yo, contemplando el objeto de mi humillación: un body morado tan escaso de tela que era poco más que un conjunto estratégico de encajes. Los escotes profundos en el escote y la espalda parecían burlarse de mí, pero lo peor era la zona de la entrepierna, una simple tira de tela en forma de tanga. Se suponía que debía usar eso, y solo eso, todo el tiempo que él estuviera aquí. La idea era tan violenta para mi dignidad  que no podía soportarla. Estaba decidida a incumplir mía apuesta cuando sonó mi teléfono. Era Iván.

«Hola, bro, ¿ya estás vestida?». Siempre me decía "bro" para luego recalcar, con cruel ironía, mi nueva condición de mujer. Odiaba que hiciera eso y, secretamente, me encantaba la atención perversa.

«No voy a usar esto. Es demasiado corto.», dije, aferrándome a un último rescoldo de resistencia.

«Está bien. Como ya no tienes pene, tampoco tienes palabra de hombre. Te diría que eres una niña por no cumplir tu apuesta, pero la verdad es que ya eres una niña». Su voz goteaba sorna. «Ya casi llego. No te preocupes, podemos hacer algo más para entretenernos. Supongo que lo de las apuestas se acabó. Ahora que te vas a comportar como una nena mimada, no tiene sentido seguir».

Algo en sus palabras, en esa condescendencia que mezclaba el desprecio con la provocación, encendió una chispa de rabia y... algo más. Algo que se agitó en mi bajo vientre, un calor familiar y aterrador. No iba a permitir que me tratara así, que me redujera a una criatura caprichosa. Colgué de un golpe.

Con manos temblorosas y un nudo de orgullo en la garganta, me puse el body. La seda fría se pegó a mi piel, y la sensación de la tanga ajustándose entre mis nalgas fue tan íntima y me sentí  tan expuesta que casi me arrepentí al instante. Me miré en el espejo: me sentí tan vulnerable y, para mi horror, tan irresistible.

En ese preciso momento, sonó el timbre.

El corazón me latía con fuerza en el pecho, un tambor que anunciaba mi derrota y mi entrega. Respiré hondo, abrí la puerta y me resigné al destino que, en el fondo, había anhelado desde que todo comenzó.


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Esta Caption pertenece a una serie:

Parte 1: Las Apuestas




Parte 6: Momento de Indesición (Actual)

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