jueves, 9 de abril de 2026

En el cine

 



De alguna manera, mis primas me habían convencido de ir a una cita triple con ellas usando solo mis Converse, unas bragas, un body-faja, un vestido ligero y un poco de maquillaje. Algo perfectamente normal, excepto por una cosa… yo era un chico, aunque mi cuerpo pequeño y delgado de adolescente no me delataba y me veía como una chica con la ropa correcta y un poco de maquillaje.

Cuando llegamos, los tres chicos nos esperaban. Mis primas corrieron hacia sus novios, mientras a mí me temblaban las rodillas. Fue Doug quien se acercó. Me saludó con un beso en los labios, de esos que ya nos habíamos dado una docena en la fiesta. No me molestaba besarlo,  pero ser visto por mis primas mientras lo hacía me incomodaba un poco.

Compramos las entradas y, como faltaba una hora, nos separamos en parejas. Doug y yo fuimos a tomar un helado. Sin mis primas vigilándome, fue más fácil besarlo sin vergüenza, dejando que sus labios se demoraran en los míos.

En el cine, la película era aburrida. Noté cómo mis primas dejaron de verla para besarse con sus novios, y entonces Doug volvió a inclinarse hacia mí. Después, sentí su mano deslizarse por la suavidad de mi muslo bajo el vestido, y sus dedos exploraron más allá, hacia mi entrepierna. Intenté cerrar las piernas, pero él fue más rápido y encontró mi virilidad aplanada bajo la licra. Su respiración se cortó un instante. Luego, acercó sus labios a mi oído y murmuró: “No importa”. Su mano se quedó allí, cálida y posesiva, acariciándome con una ternura que me hizo temblar. Tuve que morderme el labio para ahogar un gemido, mientras en la pantalla la historia continuaba, sin que nos importara.

Después de la función, pasamos un rato todos juntos en la fuente de la plaza, riendo y charlando. Fue un día especial que guardo con cariño, el primer día que me sentí como una chica, ¡y sucedió años antes de que el Gran Cambio me transformara en una chica de verdad!

Pero aún hubo una sorpresa más ese día: mis tíos ya nos esperaban, y yo seguía con el vestido puesto. No podía quejarme frente a los chicos, así que acepté mi destino y caminé hacia ellos vestido así. Mis primas les dijeron que solo había sido un reto tonto, aunque creo que mi tío no lo creyó del todo. Mi tía solo sonrió y me dijo que me veía muy linda.

De regreso a casa, mi cabeza era un lío. Me había gustado usar ropa de niña, comportarme como una, besar a un chico y dejar que me tocara… Pero eso no debería gustarme. ¿O sí?

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