jueves, 7 de mayo de 2026

Mi reflejo


—¡Oh, sí, querida! —exclamó mi madre, y su voz, dulce como la miel, llenó cada rincón de la habitación—. Ahora estás completamente preparada para ser la esposa de Damián.

Sus palabras resonaron en mis oídos como una sentencia. Un sudor frío perló mi nuca bajo el delicado cabello postizo.

—¡Pero mamá! —protesté, y mi propia voz me sonó extraña, demasiado aguda—. ¡Soy un hombre!

Ella esbozó una sonrisa condescendiente, acercándose para ajustar el collar de perlas alrededor de mi cuello. 

—¿Lo eres? —preguntó, y su tono se volvió frío y analítico—. Mira. —Su mano, con uñas perfectas, señaló mi reflejo en el espejo—. ¿De verdad usas bragas, sujetadores y medias de hombre? ¿Esta blusa de seda, esta falda que se adapta a tus nuevas curvas, es de un hombre? 

Cada palabra era un martillazo en mi conciencia. Sentí el suave y traicionero roce de la seda contra mi piel, la presión del sostén bajo la blusa presionando mis pechos, la irreal suavidad de las medias. Mi mente, confusa, luchaba por reconciliar estas sensaciones con la imagen que siempre había tenido de mí mismo.

—¿De verdad usas maquillaje y joyas de hombre? —continuó, implacable—. ¿Los hombres tienen pechos así de redondeados, caderas tan anchas...? —Hizo una pausa dramática, y su mirada bajó deliberadamente—. ¿Debo recordarte que ya no tienes pene?

Un escalofrío me recorrió. Mis propios ojos se dirigieron, casi por voluntad propia, hacia la planicie suave donde antes había... algo. Un vacío físico que de repente se sintió abrumador.

—¿Debo decirte que podrías ser mamá? —añadió, su voz ahora un susurro cargado de intención.

—¿Mamá? —balbuceé, y la palabra me supo a ceniza en la boca. Una ola de náusea y confusión se apoderó de mí—. ¿Yo?

—Por supuesto —afirmó, y una sonrisa triunfal se dibujó en sus labios—. Creo que después de la boda, Damián te hará cumplir con tus deberes de esposa. Todas las noches. —Cada palabra pintaba un futuro que me aterraba—. Hasta que ese vientre estéril florezca y te quedes embarazada. —Se acercó aún más, y su perfume me envolvió como una niebla asfixiante—. ¡Y yo te ayudaré a convertirte en una buena esposa y madre! No te preocupes, cariño.

Su mano se posó en mi hombro, un yugo de seda y autoridad. Ante el espejo, la figura vestida de novia me devolvió una mirada llena de pánico silencioso. Ya no reconocía al que estaba dentro. Solo veía a la futura esposa de Damián. Y el horror era darme cuenta de que ese reflejo era el mío.




miércoles, 6 de mayo de 2026

Sé que fui hombre durante 21 años


Sé que fui hombre durante 21 años. Recuerdo esos años con claridad, sin jamás cuestionar mi identidad masculina. Nunca quise ser mujer. Pero todo cambió por una confusión en el centro de salud, cuando me dieron una píldora rosa en lugar de la medicación para el resfriado. Pensé que era sería temporal, pero pronto me di cuenta de que los efectos eran irreversibles. Mi cuerpo comenzó a transformarse lentamente: mi voz, mis rasgos, incluso la forma en que me movía.

No elegí ser mujer, pero ahora, aunque me resulta extraño, es mi realidad. Y, aunque a veces me siento fuera de lugar, he aprendido a aceptar lo que soy. Lo que más me sorprende es que, a pesar de no haberlo buscado, he comenzado a disfrutar de ser mujer. Me gusta complacer a mi novio, a mi hombre.

Hay algo en su presencia, en su deseo por mí, que despierta en mí una parte nueva de mi ser. Cuando lo conocí y se me acercó no pensé que quisiera algo conmigo pues yo aún me percibía como hombre... cuando me conquistó y estuvo por primera vez con él dudaba si sabría cómo agradarlo. Ahora descubrí un placer profundo que nunca imaginé. Cuando me penetra olvido que antes fui hombre, parece todo un recuerdo borroso, solo soy yo ahora. Sólo soy mujer.




martes, 5 de mayo de 2026

Destinado a mí


De pequeño, me encantaban las cosas de niñas. Quería usar tutús, pintalabios, jugar con muñecas, pero cada vez que manifestaba interés venía el sermón de siempre: "A ti deberían gustarte las cosas de niños".

Llegó el Gran Cambio y, con él, el cuerpo que siempre parecía destinado a mi alma. Y ahora hay algo que me resulta tremendamente gracioso: por fin, me gustan las cosas de los niños.

En concreto, sus penes.




lunes, 4 de mayo de 2026

Cambio de actitud


"Yo no lavo platos." "Yo no lavo ropa, ni la voy a doblar." "Eso es trabajo de mujeres."  Durante años repetí esas frases como un dogma. Mi mamá, al principio, me rebatía. Luego, suspiraba. Al final, dejó de insistir... hasta ese día.

—Estoy harta —me dijo, con los ojos fijos en mí mientras apilaba los trastes sucios que yo había dejado en la mesa—. Si esto es “trabajo de mujeres”, entonces vas a ser una.

Sacó de su bolsa una cajita rosa. Una píldora. Brillaba. Como una amenaza dulce.

—Si insistes en que esto es cosa de mujeres, entonces necesito que seas una. O ayudas en la casa como corresponde… o te vas. 

Pensé que era un chiste. Que exageraba. Pero mamá no bromea con la limpieza.

La tomé. Por orgullo, por desafío, por no saber a dónde ir. La tomé… y desperté con un cuerpo distinto. Pequeño, suave, redondeado. Me miré en el espejo y me dije “esto es temporal”. Pero cuando me puse el delantal, cuando sentí mis caderas moverse al barrer, cuando el aroma del suavizante me siguió todo el día… algo cambió.

No fue solo mi cuerpo. Con el tiempo, mamá me presentó a Luis. El hijo de su mejor amiga. Diez años mayor. Alto. Voz grave. Solo le bastó mirarme una vez para hacerme sonrojar, tienes que pensar que él parecía un hombre varonil y yo llevaba minifalda.

Fue rápido. Demasiado. Pasamos de un café a una cena, de una cena a una caricia, de una caricia a noches que me dejaban sin aliento. Sus embestidas dentro de mí hacían que olvidara que alguna vez fui hombre.

Ahora le lavo la ropa. Doblo sus camisas con cuidado. Y sí, a veces me visto de mucama. Con encaje, liguero y tacones. Dice que me veo adorable así, con el plumero en la mano y sin nada debajo del uniforme.

Y cuando termina de “revisar que todo esté limpio”, me lleva a su cama como recompensa. Yo sonrío. Gimo. Me entrego.

Jamás pensé que diría esto, pero… ser la mujer de alguien es mil veces mejor que ser el hombre que fui.

Definitivamente, fue el mejor cambio de vida.




domingo, 3 de mayo de 2026

La humillación final



Mi prometido y yo íbamos juntos al instituto. Sin embargo, ni siquiera éramos amigos. Él siempre había sido un líder: un hombre fuerte, musculoso y guapo, capitán del equipo de fútbol del instituto. Y yo, un chico tímido y débil. A menudo se reía de mí y me humillaba. 



Después del instituto, me secuestró y me transformó en mujer. Quería humillarme al máximo. Me prohibió usar pantalones. Me obligó a usar faldas o vestidos, siempre con medias o pantimedias. Pensé que lo odiaría para siempre. Pero después de mi cambio de género por píldora rosa, nos involucramos, nos enamoramos y hoy me pidió que fuera su esposa. Estoy deseando tener un hijo con él y quedar embarazada enseguida. 

Al principio odiaba mi vagina, pero como mujer estoy en una posición mucho mejor para apreciar la condición masculina. ¡Me encanta ser mujer y me encanta hacerlo sentir como un hombre de verdad! ¡Ya quiero ser su esposa y darle hijos! 




sábado, 2 de mayo de 2026

Siempre fui yo


Después de mis aventuras usando ropa de chica en casa de mis primas y besando a un chico, a Doug, me llené de dudas. No cabía duda: yo era un travesti. Y me gustaban los chicos. Pero los travestis suelen usar un nombre femenino para esa faceta de su vida, y yo usaba el mismo para ambas: como chico o como chica, era Ariel.

A veces recordaba como a Doug no solo no le molestó descubrir que no era una chica sino un chico con vestido; pareció excitarlo. En el cine, su mano buscó la suavidad de mi muslo bajo el vestido, y sus dedos exploraron más allá, encontrando mi virilidad aplanada bajo una licra. Su aliento se cortó un instante, y luego su boca se acercó a mi oído. “No importa”, murmuró, y su mano se quedó allí, cálida y posesiva, mientras la película continuaba a oscuras... 

Mi cabeza era un caos. Mi cuerpo, pequeño y de apariencia femenina, reaccionaba a ese recuerdo con un estremecimiento que no podía controlar. Pero yo seguía siendo un chico, y eso me aterraba. Mis tíos y mis primas sabían que, vestido de niña, había sido besado y tocado por otro chico. Me consumía el miedo de que alguien se lo contara a mis papás.

...

Por suerte,  un tiempo después,  el Gran Cambio sucedió. No solo se llevó mi virilidad y mis dudas; me dio una certeza física. Ahora, cuando una mano sube bajo mi vestido, encuentra solo la curva suave y húmeda que siempre debió estar allí. Soy una mujer feliz, y cada suspiro, cada temblor, me lo confirma.

viernes, 1 de mayo de 2026

Una nueva apuesta



Las cosas volvieron a la normalidad... más o menos. Iván y yo habíamos tenido intimidad y habíamos aceptado que nos gustábamos; así que él no tenía problemas en hacerme cumplidos sobre mi apariencia. Incluso algunos muy subidos de tono. Para mí, que había sido su mejor amigo y un hombre hasta hacía cuatro meses, todo eso era profundamente humillante.

Fuera de eso, nos comportábamos como siempre. La siguiente apuesta llegó un par de semanas después de nuestra primera vez en la cama. Después de perder tres apuestas seguidas, un miedo frío se instaló en mí.

—Tengo una nueva apuesta —anunció Iván, con esa sonrisa pícara que me ponía nerviosa.

—No sé... —murmuré, recelosa.

—Es justa. La más justa de todas. Un volado —dijo, sacando una moneda de su bolsillo—. Cara o cruz. Si aciertas, ganas tú y yo cumplo cualquier capricho que se te ocurra. Si fallas... ya sabes. Iremos a cenar y usarás lo que yo elija.

Mi corazón latió con fuerza. Un 50/50. Era mi oportunidad. No había habilidad involucrada, solo suerte pura.

—De acuerdo —acepté, sintiendo un mezcla de ansiedad y esperanza—. Elijo... cara.

Iván lanzó la moneda al aire. Dio vueltas y vueltas, brillando bajo la luz, como si contuviera todo mi destino en su frío metal. Cayó en el dorso de su mano y la tapó con la otra.

La retiró lentamente.

Era cruz.

—Lo siento, bro —dijo, y su tono no sonaba nada arrepentido—. Te tengo una buena noticia: iremos a comer juntos. No te preocupes, yo invito. Pero tendrás que usar lo que yo te diga. Maquillaje, un vestido o una falda, tacones... y la última parte es sorpresa.

Al día siguiente, me acompañó a comprar mi outfit para la cita. Eligió un conjunto blanco que, odiaba admitirlo, me quedaba increíble. Me veía bonita. También me compró maquillaje y me dio un ultimátum: tenía tres días para aprender a aplicármelo.

Finalmente, fuimos por un helado para descansar. Después de probarme tantas cosas, estaba exhausta. Ese día se portó tan dulce conmigo que, de no haber estado comprando todas esas cosas femeninas, habría parecido el "bro" de siempre. Pero sabía que era una fachada. La verdadera humillación llegaría el día en que tuviera que pagar mi deuda. Una deuda sellada por el simple y caprichoso giro de una moneda

miércoles, 29 de abril de 2026

Mi otro blog



Mañana mi otro blog cumple cuatro meses. Allá solo se publican captions, nada de relatos. Publico diario. Tandas de 15 captions y luego descansos de 5 días. 

Para visitarlo hagan clic en:

https://johanatgcaps.blogspot.com/?m=1


martes, 28 de abril de 2026

Momento de Relajación


Desperté una hora después... Estaba abrazada al pecho de Iván. Sentí el body que envolvía mi cuerpo, la tanga metida entre mis nalgas, y recordé todo lo que pasó... le pedí a Iván que me hiciera suya, él me puso en cuatro, hizo a un lado mi tanga y comenzó a embestirme. El recuerdo fue tan placentero que me sonrojé...

Iván estaba viendo su celular, pero cuando me moví, me miró de reojo. Me sentí tan diminuta en mi cuerpo a su lado. Cuando fui hombre, éramos casi de la misma estatura; ahora él era mucho más grande que yo. Mientras lo miraba, él sonrió y comenzó a hablar.

"Ya despertaste. Solo te estaba esperando... es de mala educación dejar a una chica sola después de tener sexo con ella... Debo volver a mi casa, mañana trabajo temprano."

"Eso fue lo que hicimos... ¿solo sexo?"

"No, hubo más que sexo. Pero es difícil aceptar que te estás enamorando de tu mejor amigo, incluso si él ahora es una mujer y está buenísima", dijo con pena.

"Al menos tú aún tienes pene y no te cogieron...", dije sin pensarlo mucho y luego me sonrojé.

"¿No estuvo tan mal, o sí?" me preguntó sin dejar de sonreír.

Me sonrojé aún más y le contesté: "No, no estuvo nada mal".

Ambos reímos.

"¿Ahora qué hacemos?" le pregunté.

"Seguimos como hasta ahora... Al principio te pedí que te pusieras la lencería para ver tu cuerpo. Pero te veías tan hermosa y tan excitada que no pude parar... no puedo parar. Sigamos jugando a nuestras apuestas, veamos a dónde nos lleva todo esto..."

"Está bien", dije pensativa.

Él se levantó y comenzó a ponerse su playera. Al parecer, nunca se quitó el pantalón. De pronto, me sentí más vulnerable con mi body.

"En cuanto me vaya, habrás pagado tu apuesta. Puedes quitarte eso", dijo mirando mi cuerpo. Sentí que me sonrojaba aún más. "Solo quiero que sepas que pase lo que pase, siempre seremos mejores amigos, bro".

"Sí. Siempre seremos bros", dije como respuesta automática.

Cuando se fue, me quedé pensando en todo lo que hablamos. Las dudas me asaltaron: ¿quién era yo ahora? Cuando me estuvo tomando, no me sentí en absoluto un hombre. ¿Dijo que se estaba enamorando de mí? ¿Yo también me estaba enamorando de él? Era una maraña de confusión, pero una certeza emergía con fuerza: quería descubrir todas las respuestas a su lado.


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Esta Caption pertenece a una serie:

Parte 1: Las Apuestas






lunes, 27 de abril de 2026

Amo mi nueva vida



Siempre fui machista. Me burlaba de cómo se vestían las mujeres. De sus voces suaves, sus cuerpos pequeños, su forma de caminar.

—¿Cómo pueden sentirse cómodas con esas faldas tan cortas? —decía—. ¡Parecen muñequitas!

Mi prima escuchó todo por años. Hasta que un día, sin decir nada, me ofreció una bebida con una sonrisa.

—Solo pruébala —dijo.
Y lo hice.

Al día siguiente, desperté con el cabello largo, pestañas gruesas y un cuerpo delgado, suave, frágil. Era una chica. Una adolescente. Y sí… mi prima me hizo usar una falda corta. Muy corta.

Al principio quise gritar. Pero algo en el movimiento de mis caderas, en cómo me rozaban las medias los muslos, me hizo quedarme callada.

Pasaron los días. Ahora soy feliz. Me encanta cómo me quedan los vestidos, cómo me hacen sentir. Amo mis piernas, mis gestos, mi voz. Y cuando los chicos me miran… sonrío.




domingo, 26 de abril de 2026

Los hombres y las mujeres pensamos diferente

 


Hoy me pasó algo que me demuestra que ya no pienso como hombre. Los hombres y las mujeres piensan de manera diferente. Estábamos solos Félix, mi esposo, y yo en el patio trasero y mi esposo estaba besandome. De repente me hizo posar de rodillas, se puso nervioso y vi "esa mirada" en sus ojos. Se llevó la mano a la cremallera y me miró con esperanza. 




Les cuento esto porque cuando era hombre y fantaseaba con ser mujer, una situación como esta se habría desarrollado haciéndole una mamada. Pero eso era la libido masculina hablando. Ahora que soy una mujer de verdad, reaccioné como cualquier mujer lo haría: le dije que los vecinos podrían vernos o que alguien podría llegar a casa inesperadamente.¡Dios mío, los hombres no piensan en esas cosas! Sabía que yo habría actuado igual cuando era hombre.




Posdata rápida: Sentí lástima por mi marido debido a su limitada sensibilidad masculina, así que después de que se puso el sol y estuvimos a solas en nuestra habitación, cumplí con mis deberes de esposa cerrando las puertas de nuestro dormitorio y satisfaciéndolo, tratando de no gemir fuerte mientras me llenaba con su jugo masculino.


sábado, 25 de abril de 2026

Los anuncios


Yo era un chico popular: Mario. Y por entrar en la prestigiosa fraternidad Alfa Omega, tomé una pastilla rosa que, sin explicación lógica, transformó mi cuerpo en el de una mujer. Ahora, bajo el nombre de Mairim, estoy atrapada en una reunión de la fraternidad, vestida únicamente con un ajustado body de conejita y unos tenis. He pasado la noche sirviendo bebidas y limpiando, soportando miradas que me desnudan y toqueteos que encienden en mí una vergonzosa chispa de calor. El cuerpo que, ahora, habito es ajeno y fascinante.

Sin embargo, esta extraña iniciación aún no termina. El ambiente en la sala cambió cuando cinco figuras majestuosas, cubiertas por túnicas y capuchas, entraron al salón. Eran los nuevos dirigentes de la fraternidad, a quienes solo se referían con letras griegas. Omega, el líder, ocupaba el centro. Alfa era su segundo. Beta, Delta y Zeta completaban el conjunto inquietante.

Omega tomó el podio. Su voz, grave y cargada de autoridad, dio la bienvenida a los hermanos y enumeró una lista de nombres: hombres poderosos, exitosos, todos antiguos miembros de Alfa Omega. Eran leyendas vivas, y su mención era una promesa tácita. Luego, su mirada —fría, calculadora— se posó en nosotras, las cinco conejitas temblorosas.

«Todos sabemos que la iniciación es dura», dijo, y sus palabras resonaron en el silencio absoluto que había impuesto. «Pero vale la pena para entrar en uno de los círculos más exclusivos… y benévolos… del mundo.»

Hizo una pausa dramática, dejando que el peso de lo "benévolo" se instalara, ambiguo y amenazante, en el aire.

«Nuestras reuniones son cada dos semanas. A partir de ahora, su asistencia es obligatoria. Siempre deberán venir con este atuendo», y con un gesto despectivo señaló nuestros bodies, «aunque a partir de la próxima, los tenis quedarán prohibidos. Tacones. Altos. Es parte de… su iniciación.»

Un murmullo de aprobación masculina recorrió la sala. Sentí un escalofrío. Nunca había usado tacones pero sabia que eran incomodos, imaginarlos como una norma me hizo consciente de la fragilidad de este cuerpo.

«Además», continuó Omega, y su tono se volvió más personal, más penetrante, «no solo servirán en las fiestas. Cada una de ustedes será asignada como asistente personal y secretaria de uno de nosotros.»

Entonces, esa mirada que hasta entonces había barrido el grupo, se detuvo. Se clavó en mí. Era una mirada cargada de segundas intenciones, de una posesión ya decidida. Me señaló con un dedo lento y deliberado.

«Tú, hermosa Mairim», dijo, y el sonido de mi nuevo nombre en su boca me quemó. «Tú serás mi asistente personal.»

La declaración cayó como una sentencia. El silencio era absoluto.

«Te espero al servicio en mi suite del ala norte, todas las mañanas a las siete, antes de tus clases. Y todas las tardes a las seis, después de que termines tus deberes académicos. La puntualidad, querida, es la primera virtud de una buena secretaria.»

Pude sentir cómo la sangre ascendía, violenta y avergonzada, a mis mejillas. Un calor intenso me inundó el rostro. De pronto, la tela mínima de la tanga del body, que en un momento de la noche casi había olvidado, se volvió a sentir como al principio: un hilo incómodo, intrusivo, recordándome de la manera más cruda posible la vulnerabilidad de mi nueva forma. Cada latido del corazón parecía resonar en ese punto de contacto.

No puedo creer en lo que me he metido, pensé, mientras el eco de sus órdenes repicaba en mi cabeza. Siete de la mañana. Seis de la tarde. Todos los días. Con él. Con Omega... 

Aún me faltan ochenta y tantos días en este cuerpo y volver a la normalidad parece demasiado lejano...


Esta caption es parte de una serie:

Parte 1: Por entrar a la fraternidad

Parte 2: Iniciación (Anterior)

Parte 3: Los anuncios (Actual)

viernes, 24 de abril de 2026

Otra de sus hijas

 



Fui el único hijo varón de mis papás. Ese fue mi lugar en el mundo, ahora es el eco de una vida pasada. La cosa más difícil de ser mujer no es el maquillaje, ni las uñas pintadas, ni la intimidad de las toallas femeninas—rituales que, para mi sorpresa, he llegado a disfrutar—sino ver a mi familia navegar los restos de quien fui.

Mi madre me confesó, con lágrimas de alegría, que siempre anheló una hija. En sus ojos, no soy un hijo perdido, sino un sueño cumplido. Pero en los ojos de mi padre… reside una pena silenciosa. No puede aceptar que su hijo, su orgullo, ahora es una mujer, es otra de sus hijas.

Y no sé qué pasará cuando se entere de la verdad que late bajo mis faldas: que llevo meses saliendo con un hombre.

Un hombre a quien le fascina verme con falda. "Tus piernas son hermosas", susurra, "sería un pecado no presumirlas". Su deseo es un fuego que me transforma. En la clandestinidad de lo público, sus juegos son un delicioso secreto: la petición de mostrarle mis bragas, su mano caliente deslizándose bajo la tela de mi falda en una travesura fugaz que me acelera el corazón.

Y cuando la puerta de su departamento se cierra, la fachada se desvanece. Le encanta cogerme subiéndome la falda y corriendo la delgada tira de la tanguita a un lado. La primera vez me sentí humillada; ahora, ese mismo acto me enciende. Encuentro una libertad vertiginosa en la rendición, una seguridad profunda en sentirme deseada y dominada por él.




jueves, 23 de abril de 2026

Todoterreno


Déjame ver su entendí, me convertiste en mujer y ahora estoy atrapado en esta barbacoa contigo, tus amigos y sus esposas. No puedo volver a casa con este aspecto, así que no tengo otra opción más que acompañarte toda la fiesta.

Oye, eso es chantaje... ¿Quieres que te dé mi camioneta todoterreno a cambio de que me regreses mi género original? ¡Ni hablar! Esa camioneta es mi vida. Lo siento, Israel, pero puedes besarme el culo. Nací para el todoterreno, y aunque me tenga que quedar como una chica, conservare mi todoterreno...



¿Qué? Claro que sí. ¿No me faltas a mi palabra? Bueno, ya lo oíste de mí, quiero quedarme con mi todoterreno...

Israel, ¿me preguntas quién soy? ¿Estás bien? ... ¡Soy tu esposa Yadira! ... Sabes, odio el todoterreno. Prefiero usar vestidos y los zapatos de tacón, una chica linda no puede manejar esos autos tan enormes... Claro, coge tu todoterreno y compite con los hombres, y yo iré a cotillear con las chicas... ¿Cuál será el premio si ganas? Bueno, puedes tomarme en tu camioneta, mi campeón, ¡cuando estemos solos!




miércoles, 22 de abril de 2026

Ya no soy un chico problemático


El sol de la tarde se colaba por las ventanas. Dorian se acercó a mí, tocando mi cuerpo como si yo le perteneciera. Su sonrisa era amplia, satisfecha, pero sus ojos tenían la dureza de quien da por hecho una victoria.

—Mírate, mi niña —susurró, cogiéndome la barbilla con una mano que no pretendía ser cariñosa sino dominante—. No puedo evitar emocionarme. Pensar en el desastre que eras, siempre metido en problemas... y mira ahora. La pastilla rosa y el sexo todas las noches han terminado por doblegarte. 

Intenté apartar la mirada, pero sus dedos apretaron ligeramente. Me soltó la cara y me hizo sentarme sobre él. Puso las manos en mis glúteos sin pudor. 

—Hoy te haré mia otra vez—prosiguió mi captor—  Tienes que ser complaciente, niña. Muy complaciente. No vayas a defraudarme. 

La palabra "defraudar" resonó en mí, cargada de un significado que iba más allá de un simple desliz. Sabía lo que implicaba. Antes, "defraudar" significaba suspender un examen. Ahora significaba negar un deseo, cuestionar una orden, olvidar por un instante el papel que me habían asignado.

—Y no te preocupes —añadió, bajando aún más la voz hasta que fue casi un susurro conspirativo—, yo no voy a abandonarte en esto. Voy a casarme contigo y espero que pronto me des a mi primer hijo. Pensar que te encontré siendo un chico problemático intentando robar mi casa. Y hoy eres mía.

Sus manos apretaron mis glúteos sin piedad. Sonreí, un gesto vacío y aprendido, mientras asentía. Miré hacia la ventana sabiendo que yo ya no tenía escapatoria. La prisión era cómoda, ya estaba disfrutando ser tratada así. Y empezaba a desear que en la noche Dorian me pusiera en cuatro y media hiciera gemir. También deseaba pronto ser su esposa y darle un hijo.