domingo, 1 de marzo de 2026

Disciplina del lápiz labial. (47)

 


Capítulo 47. Recuperando el control

A la mañana siguiente, cargamos el coche y nos preparamos para el largo viaje que me llevaría a casa con mi madre. Louise no estaba por ningún lado. Eso nos dejó a mi padre y a mí solos para vernos y arreglar las cosas. Lo cual no hicimos.

La noche anterior parecía una pesadilla. Ninguno de los dos dijo ni una palabra sobre la escena en el restaurante, ni sobre nada de lo que pasó. El único recordatorio era el dolor de mandíbula que tenía por la bofetada de mi padre. Me había lavado por minutos para asegurarme de que no quedara nada de lápiz labial, perfume ni esmalte en mi cuerpo.

Antes de llevarme a casa, mi padre insistió en que hiciéramos una última parada: ¡la barbería! Se había quejado toda la semana de mi pelo largo que se veía "más bonito que el de una animadora". El incidente de la noche anterior lo llevó al límite.

Deseando volver a caerle bien a mi padre, le dije cuánto odiaba mi pelo largo. Dije algo sobre que había sido idea de mi madre. Le dejé bastante claro que no estaba nada contento con cómo me trataba mi madre. Insistió en invitarme a un corte de pelo. Ebrio de poder, acepté.

Después de mi corte de pelo, las cosas iban tan bien entre mi padre y yo, era como si la noche anterior nunca hubiera sucedido. Más o menos. Tras las risas estridentes y la palabrería, pude ver la duda en sus ojos. Aún tenía serias dudas sobre qué me pasaba, por qué me había vestido así. Tenía un millón de cosas que decirme, pero no dijo nada.

Me dolía el estómago al pensar en mi padre. Tenía muchísimas ganas de gritar: "¡Ese no fui yo! ¡No soy así!". Pero no dije nada. No creía que me creyera; no después de lo que pasó la noche anterior.

Me sentí mal al pensar en tener que volver a casa. La idea de dejar el béisbol por las tareas del hogar y los hot dogs por el lápiz labial; tuve que contener las lágrimas al darme cuenta de que en pocas horas estaría frente a una tabla de planchar.

Al día siguiente, durante el viaje a casa, tenía la boca seca y el corazón me latía con fuerza. Me pasé los dedos por el pelo rapado y me mordí el labio.

—Quizás he ido demasiado lejos —pensé—. Mamá me va a matar cuando me vea. Me pregunto si papá podrá convencer a Louise para que me deje mudarme con ellos...

Al cruzar el límite del condado, respiré hondo y le pregunté a papá si podía irme a vivir con él. Sus ojos pasaron de brillantes a apagados y supe la respuesta antes siquiera de que abriera la boca.

—Lo pensaremos —dijo.

El aire era sombrío cuando llegamos.

—¡Ay, qué varonil te ves con tu nuevo corte! —dijo mamá al verme entrar en casa—. De verdad, Gregory. Creo que te hace ver muy diferente. ¡Apuesto a que a Kathy le va a encantar!

Papá me miró con los ojos brillantes de orgullo.

—¿Kathy? ¿Tienes novia? ¿Por qué no dijiste nada?

Miré a mamá. Ella arqueó una ceja y sonrió con suficiencia.

—Yo, eh... se me olvidó —dije.

Tenía miedo de que descubriera que había llevado un vestido en la única cita que había tenido en mi vida.

Mamá se apresuró a restregarme por la cara el lío que me estaba armando.

—Ay, deberías haberlos visto cuando fueron al baile de Sadie Hawkins. ¡Formaban una pareja maravillosa! Te habrías sentido muy orgulloso. Tengo fotos por ahí...

—Por favor, mamá... no... —me quejé.

Me preparé para lo inevitable... pero nunca llegó.

—No puedo quedarme —dijo papá, mirando su reloj—. Lo siento, amigo. Quizás la próxima vez.

—Bueno, no importa —dijo mi madre, guiñándome un ojo—. Veo que estoy avergonzando a nuestro hombrecito.

Mamá solo estaba jugando. Sabía que estaba molesta por mi corte de pelo.

Esa noche, mamá no dijo nada sobre mi corte. Ni a la mañana siguiente. Me levanté y me preparé para ir a la escuela como si nada, y ella se comportó con mucha dulzura. Se notaba que mi corte de pelo la molestaba, estaba más decepcionada que enojada. Y me sentí un poco culpable.

Kathy no era tan amable como mi madre. Cuando subí al autobús ese lunes por la mañana, se quedó mirándome fijamente. Se horrorizó al verme sin mi larga melena castaña, y no le importó que lo supieran. Cuando le conté de mis vacaciones, cualquiera habría pensado que le había contado que había contraído viruela.

—Pero tenías un pelo tan bonito —se lamentó—. Era más bonito que el mío. ¿Cómo... cómo pudo hacerte eso?

—Kathy... todo ese pelo me hacía parecer una niña —dije imitando a mi papá—. Yo no soy así. Así es como mi mamá quiere que sea. Mi papá es un tipo genial y dice que podría lanzar para los Rojos cuando crezca.

Pensé que la estaba impresionando, pero solo me engañaba. Olfateó el aire como si oliera mal.

—¡Bien por ti! Pensé que eras diferente. Resultó que no eres mejor que ninguno de esos otros fanáticos del deporte. Espero que estés contento contigo mismo.

Y dicho esto, se alejó de mí. Durante el resto del día en la escuela, actuó como si fuéramos desconocidos.

Sin Kathy con quien competir, Danny se ofreció a compartir su almuerzo conmigo. Al principio se compadeció de mi corte de pelo, pero cuando le conté la misma historia que a Kathy, su actitud fue la misma que la de ella.

—¿Quieres decir que de verdad te gusta el pelo así? ¡Debes estar bromeando! Es tan masculino. ¡No... no es propio de ti!

Ignoré sus preocupaciones como si no me importaran.

—Sí, me gusta mi pelo así. A mi papá le parece genial. Eso es lo único que importa.

La cara de Danny pasó de preocupada a hacer pucheros.

—Pero pensé que te gustaba jugar a disfrazarte conmigo. ¿Cómo vas a hacer eso con el pelo cortado? Te veías tan linda con coletas. Me encantaba arreglártelo. Y pensé que te gustaba que yo te lo hiciera.

Fruncí el ceño.

—No creo que vuelva a disfrazarme.

Danny parecía a punto de llorar.

—Bueno, vale. Si ya no quieres disfrazarte, está bien. Podemos seguir siendo amigos, ¿no? O sea, puedes venir y y podríamos... divertirnos. ¿Tú serías el chico y yo la chica?

—No lo creo —dije con la voz más áspera que pude.

Por alguna razón, me sentía mal por decirle todo eso, pero estaba decidido a mantenerme firme.

—De ahora en adelante voy a salir con chicas de verdad. Eso hace mi padre y eso es lo que voy a hacer yo. No tengo tiempo para mariquitas.

Se me encogió el estómago al ver cómo el rostro de Danny pasaba de la dulce inocencia a la furia amarga. Sus ojos se llenaron de lágrimas, le goteaba la nariz y le temblaba la boca de forma errática. Me estremecí por su reacción y extendí la mano para hacer algo...

—¡No me toques! ¡Ni me mires! ¡Pensé que eras mi amigo! ¡Pensé que eras especial, que eras diferente! ¡Eres igual a todos los demás! ¡Solo eres otro imbécil!

Y con eso, uno de mis mejores amigos se levantó y se fue, dejando tras de sí un rastro de jadeos y susurros. Miré alrededor de la cafetería y murmuré algo como: "¿Qué le pasa?".

Por una vez, sentí que tenía el control. Sin embargo, la verdad era muy distinta. No me imaginaba que las cosas darían un giro total en cuestión de días.

sábado, 28 de febrero de 2026

El hada madrina


Le dije a mi amigo Dorian que siempre he creído que una mujer debe ser esposa, madre, y debe usar solo vestidos y faldas, y un hada que pasaba por el centro comercial me escuchó. 



¡Me quedé atónito al ver que me convirtió en una mujer con vestido y tacones! Apareció un anillo de bodas en mi dedo y me di cuenta de que era la esposa, la esposa de Dorian. Pensé en nuestras constantes pláticas planeando ser papás, bueno, él sería papá y yo sería mamá.


También me quedé atónita; al sentir mi nuevo cuerpo y mirarlo desde arriba, supe en ese mismo instante que me había convertido en lo que deseaba: una mujer casada y que pronto sería madre, ¡que no tiene ni un solo par de pantalones, ni siquiera pantalones de mujer! Miré a mi esposo Dorian con los ojos atónitos, no solo por este cambio, sino por la enorme tienda de campaña que llevaba en los pantalones. Hoy he ovulado y supe que cuando volvamos a casa, ¡me convertirá en mamá por primera vez!


viernes, 27 de febrero de 2026

Nuevo Blog

 


Mañana mi nuevo blog cumple dos meses. Allá solo se publican captions, nada de relatos. Publico diario. Tandas de 15 captions y luego descansos de 5 días. 

Para visitarlo hagan clic en:

https://johanatgcaps.blogspot.com/?m=1


jueves, 26 de febrero de 2026

Lo mejor para mí

 


Yo siempre fui un chico. Me gustaba mi rol de género, mi lugar en el mundo. A pesar de nunca haber tenido novia, nunca contemple convertirme en mujer hasta que mi hermana me lo sugirió.  "Si tantas ganas tienes de tener una relación deberías tomar una pastilla rosa y volverte la novia de tu único amigo, hermanito" me dijo.

Decidí hacerlo, quería besar unos labios antes de cumplir 20. Cuando la transformación se completó, el desconcierto fue absoluto. Miré con extrañeza mis nuevas curvas, la suavidad de mi piel, la fragilidad aparente. Aprendí a usar vestidos y maquillaje con torpeza, resistiéndome a cada paso.

Unos dias después descubrí que mi mejor amigo siempre deseo ser mujer y tomó una píldora rosa el mismo día que yo. Aunque eso fue algo bueno, no pudimos ser pareja pero como amigas aprendimos juntas los secretos de la feminidad. Y, con el tiempo, ocurrió algo inesperado. La delicadeza que antes desconocía y me asustaba se volvió ,o virtud. Descubrí el poder de una sonrisa, la elegancia sutil de un movimiento, la confianza que nace de sentirse deseada. La sumisión, que imaginé como una derrota, se reveló como una elección gratificante. Las miradas que te persiguen al usar medias y una falda.

Ahora, fascinada por este nuevo yo, anhelo con alegría mi destino. Seré la esposa más dulce y devota para un hombre verdaderamente fuerte. Encontré, en el rol que tanto temí, una felicidad que nunca como hombre pude siquiera imaginar. Es, sin duda, lo mejor para mí.



Esta caption pertenece a una serie:

Parte 2: Un nuevo problema 

Parte 3: Lo mejor para mí (Actual)



miércoles, 25 de febrero de 2026

Soy una chica muy feliz


No tiene caso que te mienta diciendo que me engañaron para tomar una pastilla rosa. Yo era un niño de nombre Andrés, crecí con mamá, mi abuela y tres hermanas mayores. Papá tuvo un accidente en el trabajo y murió cuando yo era muy bebé. Nunca tuve una influencia masculina.



Mamá me llevó con una psicóloga porque estaba siempre de mal humor o deprimido. La psicóloga descubrió que tenía mucha envidia de la relación de mi madre con mis hermanas y se lo comentó a mi mamá. Mamá me ofreció una pastilla rosa para ser una de ellas. Yo la tomé sin pensarlo mucho







Es curioso que mientras en todas las fotos que tengo como Andrés salgo malhumorado, en mis fotos como Andrea siempre estoy de buen humor. Soy una chica muy feliz.





martes, 24 de febrero de 2026

Una de las chicas


Siempre me hicieron bullying en la escuela por mi cuerpo pequeño y delgado, y por mis facciones delicadas. Recuerdo que mi único amigo varón, Luis, me dejó de hablar porque decían que éramos novios. Después de eso, ningún chico me habló y comencé a juntarme con las niñas. Mis bullies me molestaban por ello. Me decían: "Ya mejor ponte una falda", que era una niña, que era un mariquita. Eso me hacía sentir mal conmigo mismo.

Unos meses después, el Gran Cambio sucedió y convirtió mi cuerpo de chico en uno femenino. Mi pene desapareció y en su lugar apareció un monte de Venus. En mi pecho brotaron dos pequeños montes que no dejaban lugar a dudas. Yo era, ahora, una de las chicas.

Comencé a usar el uniforme femenino con falda en la escuela, y los chicos que me hacían bullying dejaron de molestarme, aunque ahora les encanta verme las piernas. Me encanta ser una nena bonita, coqueta y sexy. Y comenzaron a gustarme los hombres.

Han pasado unos años pero me gusta recordar como me volví la mujer que soy ahora. 


-------------------------

Esta caption es parte de una serie:

Parte 2: Mis Primas

Parte 3: Una de las Chicas (Actual)

domingo, 22 de febrero de 2026

Bailarina



Mi carrera como bailarín no despegaba, solo tenía unos cuantos eventos al mes, ni siquiera alcanzaba para cubrir mi renta y mis comidas. Mi mejor amiga estudio conmigo y me dijo que a ella le iba de maravilla que ser bailarín es un oficio donde te va mejor si eres mujer. 



Después de mucho pensarlo decidí tomar una pildora rosa para volverme una bailarina y comenzar a tener más trabajo ¡y funcionó!



Quizá lo único que lamento es que con los atuendos de baile que uso ahora se me ven mucho los calzones... pero no importa es un pequeño precio a pagar con tal de dedicarme a lo que siempre quise.






Otra apuesta


Han pasado dos meses desde que mi vida dio un vuelco y este cuerpo femenino se convirtió en el mío. Iván, mi mejor amigo desde la infancia, sigue a mi lado, y con él, nuestra obsesión por las apuestas. La última vez que perdí, terminé modelando para él una lencería erótica de colegiala, una imagen que no logro sacar de mi cabeza.

Quince días después de aquello, Iván rompió el silencio con una sonrisa pícara: «Ya es hora de otra apuesta». Nos sentamos frente a *Street Fighter* y, para mi sorpresa, perdí. Estuvo practicando —nunca fue tan bueno—, y me quedó claro que esta vez iba en serio.

Al terminar la partida, sacó de su mochila un conjunto de lencería negra. «Es un regalo para ti», dijo. Recordé entonces el disfraz de colegiala, aún guardado en mi armario. «Tienes que pagar tu deuda. Ponte esto… y prepárame un sándwich».

Me vestí en el baño, sintiendo la seda como una caricia ajena y propia a la vez. Al salir, no pude evitar notar la prominente tienda de campaña entre sus piernas. Me ruboricé al instante.

Fue humillante caminar semidesnuda por mi propia casa, pero lo peor llegó al preparar el sándwich bajo su mirada. Mientras terminaba, una mano firme dio contra mi trasero. «Me gusta cuando eres servicial, nena», murmuró cerca de mi oído.

Un gemido involuntario escapó de mis labios, seguido de un rubor que me quemó el rostro. Sin embargo, no pasó nada más. Parece que él disfruta de este juego de sumisión, de ir domándome poco a poco. Y ahora, aunque me avergüence admitirlo, yo también estoy esperando nuestra próxima apuesta.





-------------------------------

Esta Caption pertenece a una serie:

Parte 1: Las Apuestas

Parte 2: Otra Apuesta (Actual)




viernes, 20 de febrero de 2026

A menudo pienso en mi primer día como mujer



Cuando mi vecino Samuel me transformó en la mujer de sus sueños. Intenté huir, pero tropecé y caí al suelo. Samuel me alcanzó y ya tenía una erección enorme lista para su "esposa". Cuanto más forcejeaba, más excitaba a Samuel. 



Me arrancó las medias y me tomó en el suelo. Después, me llevó en brazos a la habitación y me tomó dos veces más. Después de una hora, estaba exhausta y feliz, me dormí abrazada a su pecho varonil y desde entonces hemos sido una pareja feliz. 



Ahora soy la Sra. Luna, un ama de casa, y daré a luz a los hijos de Samuel. Pero hasta ahora, a menudo pienso en mi primer día en el cuerpo de una mujer.

jueves, 19 de febrero de 2026

Un nuevo problema


Hola, te voy a contar mi versión de la historia. Hasta hace unos días yo era Ramón, un chico con gustos ñoños: cómics, anime, videojuegos… ya sabes, lo clásico. Pero había algo que nunca me atreví a contarle a nadie: en el fondo, jamás me sentí cómodo siendo hombre. No era afeminado ni gay, simplemente quería era ser mujer.

Cuando cumplí doce empecé a ahorrar para comprar una pastilla rosa. Sabía que no me la venderían hasta los dieciocho, pero estaba decidido: tarde o temprano iba a ser una chica. Durante años guardé ese secreto, incluso de mi único amigo, Saúl. Crecimos juntos, inseparables, pero él nunca supo de mis sueños donde me veía a mí misma con vestido, con pelo largo… siendo quien realmente quería ser.

Casi a los veinte conseguí la pastilla, pero no me animé a tomarla. Estaba ahí, escondida en un cajón, esperando el momento justo. Y entonces, un día, Saúl suelta como si nada:
—Oye, ¿no sería genial que uno de los dos tomara la píldora rosa y se volviera la novia del otro?
Yo casi me atraganto. Solo pude responderle:
—No suena como una mala idea…
Y por dentro pensé: ¡Por fin, es mi oportunidad!




Me encerré en mi cuarto y me senté frente a la cajita de la pastilla. El folleto decía que el 98% de las nuevas mujeres por píldora rosa resultaban heterosexuales. Así que razoné: “Bueno, como hombre siempre fui medio asexual, quizá como mujer me termine gustando Saúl. Win–win”.

La tomé… y desperté en un cuerpo completamente nuevo. Tenía curvas, una voz suave, y piernas que me encantaba sentir libres con falda. Pasé horas probándome ropa; de pronto entendí por qué las tiendas de mujeres son gigantes y las de hombres apenas tienen dos estantes. ¡La ropa femenina es demasiado divertida!

Unos días después, Saúl me dijo que quería verme y me citó en un parque. Yo llegué súper puntual, con mi mejor outfit, nerviosa y emocionada. Pero pasaban los minutos y él no aparecía. Entonces sonó mi celular. Contesté y escuché… ¡la voz de una mujer! Al levantar la mirada, la vi a pocos pasos de mí.

No lo podía creer: Saúl también había tomado la pastilla. Él lo hizo porque ninguna chica nos hacía caso, y yo porque siempre había soñado con ser mujer. Terminamos riéndonos a carcajadas: ya no éramos mejores amigos, ahora éramos mejores amigas.

Eso sí, ahora tenemos un nuevo “pequeño” problema: las dos somos chicas heterosexuales y solo nos gustan los hombres. Pero bueno… creemos que conseguir novio no va a ser tan difícil.




Esta caption pertenece a una serie:

miércoles, 18 de febrero de 2026

Clínica Venus: Luciana



Desde pequeño, el Cliente 0437 soñaba con volar. Durante años estudió con esfuerzo, se privó de fiestas, trabajó medio tiempo en un taller mecánico y aprobó cada materia con sudor y noches en vela. Pero los exámenes finales del programa de aviación civil fueron implacables. Una falla en el simulador, una decisión precipitada… y adiós a la licencia de piloto.

Aquel día, al salir del centro de evaluación con la carpeta vacía y los hombros caídos, no solo había perdido una profesión, sino todo lo que había proyectado para su vida. Las deudas académicas lo asfixiaban. Ya no podía sostener ni el alquiler del pequeño departamento.

Una noche, mientras navegaba por foros de exalumnos, encontró un hilo titulado: “Plan B. Clínica Venus”. Había escuchado rumores. Decían que ofrecía soluciones a medida para quienes querían desaparecer… o comenzar de nuevo. En su caso, ambas cosas sonaban perfectas.

Dos semanas después, el espejo le devolvía la imagen de Luciana: cabello castaño claro, piernas largas, sonrisa dulce. Nadie habría imaginado que había sido un cadete de vuelo fracasado. Luciana asistió a los cursos rápidos de protocolo, idiomas, maquillaje y servicio a bordo. En cuestión de un mes, ya trabajaba como azafata en una aerolínea de vuelos regionales. Pagaba sus deudas en cómodas mensualidades. La tripulación la adoraba.



Al principio todo era rutina. Maletas, seguridad, comida. Pero en un vuelo a Cancún, conoció al capitán Santamaría. Alto, atento, con una voz grave que resonaba por la cabina. Él no solo la trataba con respeto, sino que buscaba pretextos para hablarle más allá del trabajo. Una tarde, tras aterrizar, le preguntó si quería ir a cenar.

Desde entonces, Luciana volvió a sentir algo que no experimentaba desde los días de academia: mariposas en el estómago. Pero ahora no era por miedo a fallar, sino por la dulce anticipación del amor.

Él aún no sabe quién fue ella. Y tal vez nunca lo sabrá. Lo importante es que Luciana, aunque no pilotee aviones, volvió a volar.

martes, 17 de febrero de 2026

Valores Tradicionales


Crecí en una familia muy tradicional: papá era el proveedor y mamá, ama de casa. Nunca la vi usar pantalones.

Cuando el Gran Cambio ocurrió, tenía catorce años. Desperté convertida en mujer… en una señorita. Sentir mi cuerpo distinto fue desconcertante, pero también curioso. Me habían enseñado que el hombre debe proveer y la mujer cuidar del hogar… y ahora yo era una de ellas.

Mis padres dijeron que era la voluntad de Dios. Mamá me enseñó a cocinar, a limpiar, y cambió mis pantalones por faldas y vestidos que rozaban mis piernas al caminar. Me inscribieron en un colegio de señoritas y me advirtieron que debía mantenerme lejos de los hombres, pura hasta el matrimonio.

A veces extraño la libertad que tenía cuando era hombre… pero esta nueva vida tiene su propio encanto. Tengo amigas que me hacen reír, y el hermano mayor de una de ellas no deja de mirarme como si quisiera descubrir mis secretos. Y debo admitirlo… me tocó pensando en él y termino empapada. 





lunes, 16 de febrero de 2026

Mis primas


Recuerdo vividamente aquella visita a la casa de mis tíos, donde vivían mis primas. La noche anterior hubo una lluvia intensa, pero en la mañana no nos importó y jugamos en el jardín. Quedé hecho un monumento de lodo; tanto, que mi tía me mandó a bañar.

Al secarme, me dijo que toda mi ropa estaba lavándose y que, al no haber niños varones en su casa, teníamos un problema. Tendría que usar ropa de mi prima de diez años. Ella era un año menor que yo, pero nuestra complexión era muy similar. La ropa exterior no parecía un problema: podía usar unos shorts y una playera, que eran neutrales. Pero la ropa interior era distinta: no había trusas o calzones de niño en esa casa. Tendría que usar unas pantaletas de mi prima.

Así fue la primera vez que usé ropa interior de mujer. Sentí en mi piel una textura diferente al algodón que siempre usaba. Suave, casi sedosa. Simplemente me encantó. Los shorts que me prestaron eran rosas y la playera era una ombliguera con un dibujo de Hello Kitty. Me vi en el espejo y parecía otra niña, igual que mis primas. Las lluvias no pararon y estuve usando ropa de niña dos días más. Mis primas empezaron a referirse a mí en femenino y para todo efecto practico fui la tercera niña en esa casa. El último día, mis primas me presionaron para que usara un vestido. Así fue como usé uno por primera vez.

Unos años después, el Gran Cambio me convirtió en mujer. Ahora uso ropa interior de mujer y vestidos todos los días.


-------------------------

Esta caption es parte de una serie:

Parte 2: Mis Primas (Actual)

Tal vez merezco esto.


Tal vez merezco esto. Me había cansado de estar solo.

Durante años observé a mi mejor amigo… tan guapo, siempre con tantas chicas a su alrededor. Lo envidiaba. Soñaba con convertirlo en algo más. En alguien más.

Un día, conseguí una píldora rosa. La disolví en su bebida con una sonrisa nervioso, creyendo que mi plan iba de maravilla.

Pero no sabía que él vuo que metí algo en su bebida.

Y sin que me diera cuenta… cambió las copas.

Desperté mareado. O mejor dicho… mareada. Mi cuerpo era suave, pequeño. Mi piel respondía distinto.

Y mi reflejo era el de una joven hermosa, confundida… y vulnerable.

Él me esperaba, recargado en la puerta. Sereno. Sonriendo.

—Así que querías convertirme en mujer… para que terminara siendo tu novia —dijo—. Qué curioso. Por suerte, me adelanté. Ahora tú vivirás lo que pensabas imponerme. Ropa femenina. Vestidos. Faldas. Tacones. Y cada día me demostrarás que puedes ser la mujer que imaginaste que yo sería. 

Quise gritarle. Pero algo en su mirada me detuvo. No era rabia. Era poder.

Y, lo peor de todo… una parte de mí se rindió al instante. Esa noche me tomó por primera vez. Era muy popular y salía con muchas chicas pero me decía que yo era su favorita. Y yo estoy bien con ello.




domingo, 15 de febrero de 2026

Las apuestas



Mi mejor amigo, Iván, y yo siempre tuvimos una afición por los juegos y las apuestas. No nos gustaba apostar dinero; nuestro trueque eran los retos. Recuerdo la vez que él corrió alrededor de la manzana en calzoncillos después de que le gané, y la ocasión en que yo, por perder, me lancé a la piscina de la prepa con toda la ropa puesta.

Una mañana, todo cambió cuando desperté en el cuerpo de una mujer. Había sido víctima del "Gran Cambio". Mi identidad legal pasó de Brandon a Brenda. Unos días después, Iván vino a visitarme y me dijo que, a pesar de todo, nada tenía por qué cambiar entre nosotros. "Sigues siendo mi bro, aunque ahora tengas unas tetas lindas", me dijo. Solo pude sonrojarme y sonreír.

Después de un tiempo, retomamos nuestras apuestas. Supongo que fue mi manera de aferrarme a que las cosas volvieran a la normalidad. Le gané en el FIFA y su castigo fue usar un vestido en la escuela. Lo hizo, y fue tan gracioso como humillante.

Pasaron un par de semanas hasta nuestra siguiente apuesta. Esta vez, perdí yo. Me pidió que le modelara un conjunto erótico de colegiala —una minifalda y un top pequeño— y que le permitiera tomarme algunas fotos. Le dije que no lo haría, pero él me recordó que siempre habíamos cumplido con nuestros retos. Al final, accedí. Me entregó el conjunto; al parecer, ya lo tenía preparado.

Recuerdo haberme sentido completamente expuesta con tan poca ropa. Él me guió para que adoptara poses sensuales que acentuaban las curvas de mi nuevo cuerpo, y tomó varias fotos. Al final, levantó un poco mi falda para ver mis bragas. Solo pude sonrojarme, negándome a admitir lo excitada que estaba… y lo mucho que deseaba que llegara la próxima apuesta.