Han pasado dos meses desde que mi vida dio un vuelco y este cuerpo femenino se convirtió en el mío. Iván, mi mejor amigo desde la infancia, sigue a mi lado, y con él, nuestra obsesión por las apuestas. La última vez que perdí, terminé modelando para él una lencería erótica de colegiala, una imagen que no logro sacar de mi cabeza.
Quince días después de aquello, Iván rompió el silencio con una sonrisa pícara: «Ya es hora de otra apuesta». Nos sentamos frente a *Street Fighter* y, para mi sorpresa, perdí. Estuvo practicando —nunca fue tan bueno—, y me quedó claro que esta vez iba en serio.
Al terminar la partida, sacó de su mochila un conjunto de lencería negra. «Es un regalo para ti», dijo. Recordé entonces el disfraz de colegiala, aún guardado en mi armario. «Tienes que pagar tu deuda. Ponte esto… y prepárame un sándwich».
Me vestí en el baño, sintiendo la seda como una caricia ajena y propia a la vez. Al salir, no pude evitar notar la prominente tienda de campaña entre sus piernas. Me ruboricé al instante.
Fue humillante caminar semidesnuda por mi propia casa, pero lo peor llegó al preparar el sándwich bajo su mirada. Mientras terminaba, una mano firme dio contra mi trasero. «Me gusta cuando eres servicial, nena», murmuró cerca de mi oído.
Un gemido involuntario escapó de mis labios, seguido de un rubor que me quemó el rostro. Sin embargo, no pasó nada más. Parece que él disfruta de este juego de sumisión, de ir domándome poco a poco. Y ahora, aunque me avergüence admitirlo, yo también estoy esperando nuestra próxima apuesta.
Parte 2: Otra Apuesta (Actual)


No hay comentarios:
Publicar un comentario