Tal vez merezco esto. Me había cansado de estar solo.
Durante años observé a mi mejor amigo… tan guapo, siempre con tantas chicas a su alrededor. Lo envidiaba. Soñaba con convertirlo en algo más. En alguien más.
Un día, conseguí una píldora rosa. La disolví en su bebida con una sonrisa nervioso, creyendo que mi plan iba de maravilla.
Pero no sabía que él vuo que metí algo en su bebida.
Y sin que me diera cuenta… cambió las copas.
Desperté mareado. O mejor dicho… mareada. Mi cuerpo era suave, pequeño. Mi piel respondía distinto.
Y mi reflejo era el de una joven hermosa, confundida… y vulnerable.
Él me esperaba, recargado en la puerta. Sereno. Sonriendo.
—Así que querías convertirme en mujer… para que terminara siendo tu novia —dijo—. Qué curioso. Por suerte, me adelanté. Ahora tú vivirás lo que pensabas imponerme. Ropa femenina. Vestidos. Faldas. Tacones. Y cada día me demostrarás que puedes ser la mujer que imaginaste que yo sería.
Quise gritarle. Pero algo en su mirada me detuvo. No era rabia. Era poder.
Y, lo peor de todo… una parte de mí se rindió al instante. Esa noche me tomó por primera vez. Era muy popular y salía con muchas chicas pero me decía que yo era su favorita. Y yo estoy bien con ello.


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