sábado, 14 de febrero de 2026

Una de las chicas (14)


Capítulo 14: Una de las chicas

La gala de la campeona se celebró en un salón de techos altos, luces doradas y vitrinas llenas de trofeos históricos de la Fórmula 1. El mundo del automovilismo había venido a rendir homenaje a su nueva estrella. Y esa estrella llegó tomada del brazo de su rival… y ahora, pareja.

Adriana bajó del auto con un vestido escarlata que abrazaba sus curvas y brillaba con cada flash. Antonio, con traje negro y corbata roja a juego, la acompañó con paso seguro, la mano firme en su cintura.

Los fotógrafos enloquecieron.

En la alfombra roja, una reportera se adelantó entre el tumulto:

—Adriana, ¿esto significa que te quedarás como mujer?

Adriana sonrió, bajó ligeramente los lentes oscuros y, con un guiño cómplice, respondió:

—Júralo, amiga. Soy una de las chicas.

La ovación fue instantánea.

Durante la noche, Adriana se movió como pez en el agua en su nuevo papel. Reía, brindaba, bailaba. Se colgaba del brazo de Antonio al caminar, lo besaba sin pudor cuando creía que nadie miraba. Ya no había rastro del piloto frío y competitivo que había sido Adrián. Era Adriana. Totalmente.

En un momento de la noche, Marshal se acercó con una copa en la mano y una sonrisa paternal.

—Estoy orgulloso de ti, hija —dijo, con voz grave pero cálida—. En unos meses empezamos a preparar el próximo Grand Prix. ¿Estás lista?

Antonio, que estaba a su lado, soltó una carcajada.

—Deben entrenar duro. Porque la próxima, yo seré el rival a vencer.

Los tres rieron con complicidad, entre brindis y promesas de una nueva temporada aún más feroz.

Más tarde, ya más lejos de la multitud, Adriana tomó la mano de Antonio y lo miró con esa mezcla suya de picardía y desafío:

—Si quieres dominarme en la cama… primero tienes que ganarme en la pista.

Antonio alzó las cejas, divertido.

—¡Eso no es justo! Ya te he ganado un par de veces.

—Una o dos —respondió ella, acercándose—. Pero la campeona… soy yo.

Y entonces, se fundieron en un beso largo, apasionado, sin testigos ni cámaras.

Solo ellos dos. En su mundo.

Y así terminó la historia de Adriana: como mujer, como campeona, como amante… y sobre todo, como ella misma.




Epílogo.

Cinco años después, el rugido de los motores seguía siendo parte de sus vidas, pero ya no en la misma forma. Era el último circuito de Antonio Garfield. Y aunque las gradas estaban llenas para despedirlo, él solo tenía ojos para una persona en la zona de pits.

—Vas bien, campeón —le dijo Adriana por radio—. Solo debes mantener la ventaja.

—Es mucho más fácil desde que te retiraste —bromeó él, sonriendo bajo el casco.

—Como mujer, el desgaste es mayor —replicó ella con tono de experta—. Además, soy tres años mayor que tú. Era obvio que me retiraría antes.

Mientras el equipo cambiaba los neumáticos con precisión quirúrgica, Antonio tomó agua y se refrescó. El sudor corría por su frente, y el ritmo de su corazón iba a mil.

Entonces, la voz de Adriana volvió, solo para él.

—Si ganas… te dejaré ponerme en cuatro esta noche.

Él soltó una carcajada corta, como si le hubieran inyectado adrenalina. Esa era su Adriana: siempre sabiendo qué decir. Además sabía que era una promesa que ella cumpliría.

Volvió a la pista con una determinación renovada. Y unas horas después, cruzó la meta primero, entre vítores, banderas y lágrimas. Campeón. Otra vez. Adriana corrió a besarlo, su esposo era campeón de nuevo.



En la entrevista posterior, aún con el traje manchado de sudor y champagne, Antonio abrazó a Adriana con fuerza.

—Quiero anunciar mi retiro, Esta fue mi última carrera. También agradecer a mi equipo, a los fans… pero sobre todo, a mi esposa —dijo, mirándola a los ojos—. Sin ella, yo no estaría aquí.

Los flashes se multiplicaron.

Una reportera se acercó con una sonrisa curiosa.

—¿Y ahora qué sigue para ustedes?

Adriana tomó el micrófono con una expresión radiante.

—Comenzaremos una familia. Felicidades, campeón… vas a ser papá.

Antonio se quedó congelado un instante. Luego la levantó en brazos, riendo, llorando, besándola frente al mundo.

Y así terminó su historia.

La de El piloto que se convirtió en mujer.L

La de la rival que se volvió aliada.

La de los amantes que se convirtieron en familia.

Y el mejor premio de todos… apenas estaba por comenzar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario