jueves, 5 de febrero de 2026

Belleza en Pista (5)

 


Capítulo 5: Belleza en Pista

Adriana había querido pasar desapercibida. No destacar. Caminar entre los invitados de la gala como un fantasma con copa en mano y sonrisa fingida. Pero eso era imposible.

No cuando eras la única piloto mujer en todo el campeonato. Y menos aún vestida con un ceñido vestido negro de escote preciso, tela brillante y abertura lateral que decía "mírame" en voz alta.

Cada paso que daba con esos tacones era un imán de miradas. Cada vez que se agachaba un poco para tomar un bocadillo sentía los ojos clavados en su espalda, en su cintura, en su trasero. Por primera vez entendía, en carne propia, lo que era sentirse observada no por lo que hacía, sino por lo que parecía.

—¿Cómo soportan esto las mujeres? —murmuró para sí, sin esperar respuesta.

Marshal estuvo con ella un rato, escoltándola por la pista social como quien escolta a un dignatario bajo amenaza. Pero pronto lo llamaron por teléfono y Adriana se quedó sola. Apenas alcanzó a girarse para buscar una salida discreta cuando apareció Stuart Powers.

Tercer lugar en la clasificación. Rápido en la pista, desagradable en todo lo demás.

—Al menos ya tienes futuro como edecán cuando descubras que ya no sirves para esto, Adriana —le dijo sin molestarse siquiera en sonreír.

La frase le golpeó como una piedra. Sintió cómo se tensaban sus músculos —nuevos, más suaves, menos explosivos— y se le quedó helada la lengua. No sabía cómo reaccionar. En otro tiempo, en otro cuerpo, quizá habría contestado con un empujón, una carcajada sarcástica, algo. Pero ahora…

—Aún así te va a ganar, Stuart. Tenlo por seguro —dijo una voz masculina a su lado.

Antonio Garfield. Segundo en la tabla, rápido como un rayo en mojado, y más astuto que muchos veteranos. Se colocó entre ambos con naturalidad, como quien interrumpe un chiste malo en una sobremesa.

Stuart frunció el ceño.

—Vaya, parece que ya tienes novio, Adriana —soltó, girando sobre sus talones y alejándose sin esperar respuesta.

Antonio no dijo nada al principio. Solo se quedó a su lado, tomando un sorbo de su copa.

—¿Estás bien? —preguntó después de un instante.

Adriana asintió, aunque no estaba segura.

—Gracias —dijo simplemente.

—De nada. Algunos de estos tipos solo entienden de cilindros y testosterona. No pierdas el tiempo respondiendo en su idioma. Respóndeles en la pista.

Adriana lo miró de reojo. Él ya había vuelto la vista al escenario, donde los organizadores comenzaban los anuncios formales de la noche. Pero su presencia seguía ahí, sólida, discreta. Como si, de alguna forma, hubiese decidido que ese era su lugar por ahora.

Adriana enderezó los hombros. Aún le quedaba mucho por aprender. Pero al menos, por esa noche, no estaba sola.

No hay comentarios:

Publicar un comentario