Capítulo 8: Entre Mantarrayas y Tiburones
La pista estaba caliente y vibrante. Desde las gradas se sentía la energía contenida de miles de espectadores, pero en la parrilla de salida solo había una cosa en la mente de Adriana: ganar.
Aún llevaba un tampón entre las piernas —una incomodidad constante, un recordatorio físico de su nueva realidad—, pero no se lo permitiría tomar protagonismo.
Caminaba con seguridad hacia su monoplaza cuando Antonio se le acercó, ya con el casco en la mano.
—Suerte allá fuera —dijo, esbozando una sonrisa genuina—. Que gane el mejor.
Adriana lo miró, sorprendida por la naturalidad de su gesto. Por cómo no hubo ni una pizca de condescendencia en su voz. Solo respeto.
—Pase lo que pase —respondió con una media sonrisa—, no hay que dejar ganar a Stuart.
Ambos rieron. Fue breve, fue íntimo. Un instante de complicidad en medio del caos competitivo.
Y entonces se separaron, cada uno rumbo a su máquina, listos para enfrentarse de nuevo.
Adriana sintió un leve calor en sus mejillas mientras se colocaba el casco.
—¿Me sonrojé? —pensó, desconcertada. Pero ya no había tiempo para pensar en eso.
Desde el arranque, la carrera fue un infierno.
Stuart, Antonio y Adriana lideraron de principio a fin, alternando posiciones con una intensidad quirúrgica. En cada curva, uno rozaba al otro. En cada recta, los motores rugían como bestias disputándose el trono.
Adriana sintió que estaba en su mejor momento. Había aprendido a conocer su cuerpo, a anticipar los momentos en que la precisión debía imponerse a la fuerza bruta. Ya no era el tiburón de antes, pero como mantarraya, era igual de letal.
En la última vuelta, una pequeña distracción en la curva del sacacorchos le hizo perder el rebufo de Antonio… y Stuart aprovechó. Lo adelantó con una maniobra justa pero agresiva, rozando los límites del reglamento.
Cuando cruzaron la meta, el orden fue claro:
1º Stuart
2º Adriana
3º Antonio
Adriana aflojó las manos del volante con calma. Respiró profundo. No había frustración. Sabía que cualquiera de los tres pudo haberse llevado la victoria. Hoy no fue ella. Pero lo sería mañana.
Miró la tabla de clasificación desde el box. Stuart iba primero, por muy poco. Solo una carrera más. Una pista. Una oportunidad.
Y ella estaba lista para darlo todo.

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