miércoles, 4 de febrero de 2026

Gala de Obligaciones (4)


Capítulo 4: Gala de Obligaciones

Pasó la mañana concentrada en lo único que importaba: el circuito. Adriana había trabajado con los ingenieros en pequeñas modificaciones del monoplaza. Su centro de gravedad era distinto, la distribución del peso corporal también. Cada curva era una negociación con sus propios límites.

Y aunque su cuerpo aún se sentía extraño, empezaba a adaptarse. El coche respondía mejor, y ella también. Estaba por salir de nuevo, lista para unas vueltas más, cuando vio a Marshal agitando los brazos desde el borde del pit.

—¡Adriana, fuera del coche! Tienes visita.

Adriana frunció el ceño, desconectó el volante y se bajó con agilidad. Una joven de unos veinte años, impecable en su blazer blanco y su falda lápiz, la esperaba al lado de Marshal con una sonrisa profesional.

—Hola. Soy Julie, asesora de imagen de tu patrocinador principal: Athene —se presentó con un apretón de manos—. Estoy aquí para ayudarte a prepararte para la gala de esta noche.

—¿Gala? Pensaba ir con pantalón y camisa como siempre.

Julie sonrió con la paciencia de alguien que ha tenido esta conversación muchas veces.

—La marca insiste en que asistas con vestido y tacones. Fue parte del acuerdo que firmaste con ellos, claro que lo firmaste sin saber que te volverías una mujer, pero Athene podría cancelar tu contrato si incumples las condiciones del mismo. En la rueda de prensa dijiste que ibas a vivir esta experiencia como mujer. Pues... este es uno de esos momentos.

Adriana giró hacia Marshal, esperando que al menos él le diera una excusa para zafarse. Pero el jefe del equipo se limitó a cruzarse de brazos.

—No me gusta más que a ti, pero sin ellos, no hay equipo.

Y eso era todo. Adriana bajó la cabeza y suspiró.

—Está bien. Lo haré… por el equipo.

Las horas siguientes fueron una tortura disfrazada de glamour. Julie le enseñó cómo caminar con tacones, cómo mantener la postura, cómo sentarse sin que el vestido subiera demasiado. Le explicó sobre primer, base, delineador y corrector como si estuvieran hablando de componentes de motor. Y cuando Adriana pensó que ya estaba lista, Julie negó con la cabeza.

—Eso era solo práctica. Ahora sí, vamos con lo bueno.

Sacó un segundo par de tacones, negros, brillantes, más elegantes. Y un vestido distinto. Este no era suelto ni sencillo. Era ceñido, de tela pesada y de corte sirena, que resaltaba cada curva de su nueva anatomía. Adriana se lo puso frente al espejo y por un momento no supo quién la miraba. Su silueta era completamente femenina. La cintura estrecha, las caderas redondeadas, el escote discreto pero firme. Una mujer de revista.

—No puedo usar esto —murmuró.

—Es obligatorio —dijo Julie suavemente—. Pero no estás sola. Estás aprendiendo. Y para ser honesta… te ves increíble.

Adriana no respondió. Solo se miró un segundo más en el espejo, como si buscara a Adrián en algún rincón de ese reflejo.

No lo encontró.

Resignada, tomó aire, ajustó los tirantes, recogió su clutch con las llaves, el labial y el polvo compacto, y salió de la habitación. El eco de sus tacones resonaba por el pasillo del hotel, cada clic clac recordándole que nada volvería a ser igual esa noche.

La gala la esperaba.

Y todos los ojos estarían sobre ella.

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