lunes, 9 de febrero de 2026

Ecos del Podio (9)

 



Capítulo 9: Ecos del Podio

La gran carrera se correría en París en unas cuantas semanas. El circuito urbano serpenteaba entre monumentos históricos, promesas de gloria y cámaras de todo el mundo. Pero antes de volver a la pista, Adriana debía enfrentarse a algo más complejo que las curvas del Sacré-Cœur: la exposición pública.

Asistió a la rueda de prensa vestida con su traje de piloto, pero esta vez llevaba un toque de maquillaje. Nada exagerado. Julie lo había definido como "confianza sin estridencias". Solo un poco de base, delineador suave, labios con brillo. Lo suficiente para que se notara que no era un descuido, sino una elección.

Para su sorpresa, las preguntas fueron mucho más respetuosas que en la primera conferencia.

—¿Cómo te sientes tras perder la ventaja en la tabla?
—¿Te sigues viendo como campeona?
—¿Qué aprendiste de esta temporada tan atípica?

Incluso las cuestiones más personales fueron abordadas con mayor cuidado.

—¿Has considerado vivir como mujer más allá de estos meses?

Adriana sonrió, pensativa, y luego contestó:

—Si gano este campeonato... consideraré quedarme así. Tal vez me dé suerte.

Las cámaras explotaron con flashes. Algunos se rieron, otros tomaron nota con rapidez. La frase tenía ambigüedad suficiente para alimentar titulares, pero también honestidad.

Sin embargo, su nueva situación seguía generando interés. Y morbo.

Un reportero, con aire autosuficiente, soltó la pregunta que nadie más se atrevía a hacer en voz alta:

—Se te ha visto muy cercana a Antonio Garfield antes de las carreras... ¿pasa algo entre ustedes?

Marshal ni siquiera esperó su respuesta.

—Con esto damos por terminada la conferencia. Gracias a todos.


Unas noches después, en el hotel donde se hospedaban los equipos, Julie volvió a hacer su magia. Era la gala previa a la final, una tradición con cámaras, cócteles y apariencias cuidadosamente estudiadas.

Adriana ya no se sentía incómoda en tacones. El vestido ceñido, los hombros al descubierto, la caída delicada de la tela… todo le parecía una segunda piel. Había dejado de pensar en estos elementos como un disfraz. Ya no eran barreras. Eran parte de su forma de estar en el mundo.

Eligió una bolsa de mano que combinaba con su outfit, y en ella colocó maquillaje para retoques y algunos pantiprotectores, por precaución. Julie la observó con media sonrisa.

—Dominas muy rápido los inconvenientes femeninos.

Adriana se miró al espejo. Pensó en Antonio, en su risa honesta antes de cada carrera, en esa forma de tratarla como si nada hubiera cambiado… y como si todo hubiera cambiado.

—Aún no los domino todos —respondió.

Y salió rumbo a la gala, con paso firme, sabiendo que la verdadera carrera apenas comenzaba.

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