sábado, 11 de abril de 2026

Corrientes Cruzadas (11)



Esta caption pertenece a una serie.
Puedes leer la serie completa [aquí]
------------------------

Capítulo 11 – Corrientes cruzadas

Durante las semanas siguientes, por fin hice una nueva amiga en mi nueva escuela: Diana. Se me acercó una mañana, sin motivo aparente, mientras esperábamos en la fila para la primera clase del día.

—¿Cómo te llamas? —me preguntó, con una sonrisa desparpajada—. Me gustaste para que seas mi mejor amiga.

Yo, que ya estaba cansada de sentirme sola en un mar de caras desconocidas, solté una risa genuina. Fue así como empecé a platicar con alguien de nuevo. Diana era ocurrente, directa y siempre tenía una historia graciosa que contar. Además, vivíamos en la misma dirección, así que podíamos caminar juntas después de clases. Ese simple hecho me trajo una sensación de seguridad que necesitaba con urgencia, especialmente tras el episodio con el acosador.

Sin pensarlo demasiado, nació una amistad. Hablábamos de los profesores, nos reíamos de las tareas absurdas, compartíamos chismes de pasillo, y poco a poco volví a sentirme parte de algo. Con Diana no tenía que explicar mi pasado, no tenía que fingir ser quien no era. Simplemente era Julieta, una niña de doce años haciendo amigos en la secundaria. Y por momentos, eso era suficiente.

La segunda semana comenzó también la elección de talleres. Había cuatro opciones: Construcción, Electricidad, Secretariado e Industria del Vestido.

Diana eligió Secretariado sin dudarlo.

—Ahí hay puro niñas —dijo—. Así es más tranquilo.

Yo, en cambio, me incliné por Electricidad. Era el mismo taller que había elegido cuando, en mi otra vida, fui Romeo. Recordaba haberlo disfrutado: aprender a hacer instalaciones básicas, reparar aparatos, entender cómo funcionaba la corriente. Pensé que me sería fácil gracias a las memorias de mi vida anterior. Que podría destacar, sentirme competente en algo.

Fue un grave error.

Desde el momento en que crucé la puerta, supe que no encajaba. El taller olía a metal y sudor, las paredes estaban llenas de diagramas y herramientas colgadas. Y yo era la única chica.

Me senté en la primera fila, cerca del escritorio del profesor, imaginando que allí estaría más tranquila. Las miradas comenzaron casi de inmediato. Algunas eran curiosas, otras descaradas. Incluso escuché un par de silbidos antes de que llegara el maestro. Sentí la piel erizarse. Era como ser una oveja rodeada de lobos.

Recordé que, como Romeo, ese ambiente masculino me parecía divertido: las bromas pesadas, el ruido de herramientas, el olor a sudor. Era parte de la camaradería, de sentirse parte del grupo. Pero ahora todo eso era distinto. El mismo espacio, que antes me resultaba familiar, se volvió opresivo. La energía de los chicos me atravesaba con incomodidad. Como si cada mirada quisiera desnudarme. Como si mi presencia allí fuera una invasión, un error.

En medio de ese entorno, noté algo más: mis propios ademanes. Eran distintos a los de mis compañeros. Mis movimientos eran más suaves, contenidos, casi felinos. Cuando me giraba, lo hacía con una fluidez que no recordaba tener. Cuando cruzaba las piernas, lo hacia de forma natural, sin pensarlo. No supe en qué momento comencé a adoptar esos manierismos, pero ahora me salían solos. Tal vez era el año entero que llevaba viviendo esta vida, que poco a poco me moldeaba sin que me diera cuenta.

¿En qué momento dejé de moverme como chico?, pensé, y la pregunta me inquietó más de lo que esperaba.

El profesor llegó unos minutos tarde, pero apenas entró reprendió al grupo.

—Escuché los silbidos desde el pasillo —dijo con voz firme, recorriendo el aula con la mirada—. No voy a tolerar ninguna falta de respeto hacia su compañera. Este taller es para chicos y chicas por igual. El que no pueda comportarse, que se vaya.

Eso bastó para que todos se callaran. Luego comenzó la clase, explicando conceptos básicos de electricidad que yo ya conocía, pero que escuchaba con atención para no perder el hilo. Al final, nos dio una indicación importante: trabajaríamos en parejas, y tenían hasta la próxima sesión para decidir con quién trabajar.

Apenas terminó la clase, varios chicos se acercaron.

—Oye, ¿quieres ser mi compañera?

—Yo tengo más experiencia, conmigo seguro pasas.

—No le hagas caso a él, mejor conmigo.

Para mi sorpresa, parecía que medio salón quería trabajar conmigo. Seguro quieren ligarme, pensé con fastidio. A todos les dije que no, que aún no lo había decidido. Pero sabía que necesitaría un compañero. No podía hacer el trabajo sola.

Entonces recordé a Agustín, un chico que se había sentado también en la primera fila. Lo conocía de mi vida pasada: uno de los cerebritos del grado, con promedio casi perfecto, y lo que todos llamaban un "buen chico". Era tranquilo, estudioso, y lo recordaba como alguien respetuoso. No era el tipo de chico que silbaba a una compañera.

Lo busqué en uno de los recesos, acompañada de Diana. Lo encontramos conversando con un amigo cerca de las canchas. Respiré hondo y me acerqué.

—Oye, Agustín —dije, y él levantó la vista sorprendido—. La mayoría de mis compañeros de taller me dan mala espina. Me preguntaba si tú querrías ser mi compañero.

Agustín se quedó sin palabras. Literalmente abrió la boca y no salió nada. Un chico como él, tranquilo y estudioso, no estaba acostumbrado a que una chica como yo —porque sí, era consciente de que era muy atractiva— se le acercara con una propuesta así. Se sonrojó visiblemente.

—S-sí, claro —atinó a decir al fin, con una sonrisa tímida—. Me parece bien.

Diana me miró con una ceja levantada y una sonrisa cómplice. No dijo nada, pero su expresión lo decía todo.

Así se resolvió. Tendría al menos un espacio seguro dentro del taller. Alguien con quien trabajar sin sentirme acosada.

La última elección fue la del taller de arte. Solo había dos opciones: Danza y Música. Elegí Música sin pensarlo. No me apetecía bailar con ningún chico después de las últimas semanas. No quería sentir manos en mi cintura, no quería tener contacto con ningún chico de ser posible. En Música al menos podría sentarme en un rincón con mi instrumento y desaparecer.

...

Y poco a poco, mi vida comenzó a tomar forma. Caminaba todos los días con Diana rumbo a casa, y a veces se nos unían Gabriel y Ramón, un nuevo amigo de Gabriel que también vivía en la misma dirección. Ramón era gracioso, hablador, y siempre tenía algún comentario absurdo que hacer. Al principio me caía bien, aunque a veces lo notaba mirándome de más, principalmente mis piernas.

Concluido el primer mes de clases, ya me sentía un poco más en mi elemento. No del todo cómoda, no del todo aceptada, pero al menos menos perdida. Tenía a Diana, tenía a Gabriel de vez en cuando, tenía un compañero de taller que no me acosaba. Era suficiente.

Una tarde, mientras caminábamos los cuatro, Ramón soltó un comentario al aire:

—Oye, Julieta, ¿y tú por qué no tienes novio? Con lo bonita que eres, deberían estar peleándose por ti.

Sentí el estómago encogerse. Gabriel, a mi lado, se tensó visiblemente.

—No me interesa tener novio —respondí, con tono neutro.

—¿Por? —insistió Ramón—. ¿O es que te gustan las niñas?

Diana soltó una risa nerviosa. Gabriel apretó el paso.

—No es asunto tuyo —dije, y dejé el tema ahí.

Pero la pregunta quedó flotando. Y yo no supe bien cómo responderla, ni siquiera en mi cabeza.

¿Me gustan los chicos? ¿Me gustan las chicas? ¿Qué me gusta ahora?

Antes, como Romeo, la respuesta era simple: me gustaban las chicas. Había tenido crushes, había besado a alguna, sabía lo que quería. Pero ahora… ahora todo era confuso. Porque cuando veía a Gabriel, sentía mariposas. Pero no quería sentirlas.

Mi cuerpo está cambiando todo, pensé. Mis sentimientos también. Ya no sé quién soy.

Esa noche, frente al espejo, me observé largamente. Mis pechos, mis caderas, mi cabello largo. La niña que me devolvía la mirada ya no me resultaba extraña. Al contrario, empezaba a parecerme… familiar.

—Sigo siendo Romeo —susurré, pero mi reflejo no respondió.

Y por primera vez, no supe si le estaba mintiendo a mi reflejo o a mí misma.


------------------------
Esta caption pertenece a una serie.
Puedes leer la serie completa [aquí]

No hay comentarios:

Publicar un comentario