miércoles, 22 de abril de 2026

Ya no soy un chico problemático


El sol de la tarde se colaba por las ventanas. Dorian se acercó a mí, tocando mi cuerpo como si yo le perteneciera. Su sonrisa era amplia, satisfecha, pero sus ojos tenían la dureza de quien da por hecho una victoria.

—Mírate, mi niña —susurró, cogiéndome la barbilla con una mano que no pretendía ser cariñosa sino dominante—. No puedo evitar emocionarme. Pensar en el desastre que eras, siempre metido en problemas... y mira ahora. La pastilla rosa y el sexo todas las noches han terminado por doblegarte. 

Intenté apartar la mirada, pero sus dedos apretaron ligeramente. Me soltó la cara y me hizo sentarme sobre él. Puso las manos en mis glúteos sin pudor. 

—Hoy te haré mia otra vez—prosiguió mi captor—  Tienes que ser complaciente, niña. Muy complaciente. No vayas a defraudarme. 

La palabra "defraudar" resonó en mí, cargada de un significado que iba más allá de un simple desliz. Sabía lo que implicaba. Antes, "defraudar" significaba suspender un examen. Ahora significaba negar un deseo, cuestionar una orden, olvidar por un instante el papel que me habían asignado.

—Y no te preocupes —añadió, bajando aún más la voz hasta que fue casi un susurro conspirativo—, yo no voy a abandonarte en esto. Voy a casarme contigo y espero que pronto me des a mi primer hijo. Pensar que te encontré siendo un chico problemático intentando robar mi casa. Y hoy eres mía.

Sus manos apretaron mis glúteos sin piedad. Sonreí, un gesto vacío y aprendido, mientras asentía. Miré hacia la ventana sabiendo que yo ya no tenía escapatoria. La prisión era cómoda, ya estaba disfrutando ser tratada así. Y empezaba a desear que en la noche Dorian me pusiera en cuatro y media hiciera gemir. También deseaba pronto ser su esposa y darle un hijo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario