Mostrando entradas con la etiqueta CaptionSeries. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CaptionSeries. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de agosto de 2026

Genio en la botella

 


Yo nunca quise ser mujer. Pero como hombre… era un fracaso absoluto.

Ninguna chica me miraba. En el colegio, el bullying era constante: "raro", "débil", "marica". Me encerraba en el baño a llorar mientras ellos reían. Mis noches eran a solas con mi mano, imaginando lo que jamás tendría.

Un día, frotando una lámpara polvorienta, apareció un genio. Le pedí ser popular, dejar de ser invisible y dar mi primer beso antes de los 17.

Y todo cambió.

Ahora me llamo Karen. Tengo curvas, labios carnosos y una falda que se me sube sola. Los hombres me devoran con la mirada. Me siguen. Me susurran cosas sucias al oído. Y lo peor… me encanta.

Siento cómo se me humedece la ropa interior cuando me llaman "bonita". Cuando rozan mi cadera "sin querer". Cuando me agarran fuerte por la cintura.

Me gusta ser deseada. Me gusta lo que este cuerpo siente. Lo que promete.

Por primera vez, no soy un fracaso. Soy una mujer caliente, y todos lo saben.

Y todavía no he dado mi primer beso… pero por cómo tiemblo, sé que cuando llegue, no voy a querer parar.

sábado, 4 de julio de 2026

Entrega total


Abrí la puerta. El body que llevaba era tan escaso que era una ofensa llevarlo puesto. Pero había decidido pagar mi apuesta.

Iván me miró sorprendido.

"Veo que decidiste comportarte como hombre y pagar tu apuesta", dijo con una sonrisa de victoria. Con esa tanga entre mis nalgas, no me sentía para nada como un hombre. La humillación me hacía sonrojarme como loca. Tres meses atrás había sido un hombre y ahora estaba usando un body escaso, en mi cuerpo femenino, mientras mi mejor amigo me observaba.

Lo dejé entrar y en cuanto me di la vuelta, me dio una nalgada que me hizo soltar un gemido femenino. "No hagas eso", le dije indignada.

"Lo siento, bro, tus nalgas se ven hermosas en esa tanga que llevas", dijo con una sonrisa.

Intentamos jugar Street Fighter, pero él me miraba de una forma que no me dejaba concentrarme en el juego. Lo dejamos después de un rato...

Estábamos platicando cuando, de pronto, me cargó como si yo no pesara nada y me sentó en sus piernas. Vestida así, sentada en sus piernas, me sentí tan indefensa que supe que estaba a su merced. Me dio un beso en los labios que no pude rechazar.

Cuando me di cuenta, sus manos recorrían mi cuerpo. Mi entrepierna se sintió tan mojada que dejé de respirar bien.

"Si quieres que te haga mía, solo pídelo", dijo.

Dios, no quería solo tomarme. Quería humillarme y someterme completamente. Yo ardía de deseo y le dije:

"Hazme tuya".

Me puso en cuatro sobre el sofa, hizo a un lado mi tanga y comenzó a embestirme. Pude sentir que mi masculinidad desaparecía por completo mientras me tomaba. Sentí tanto placer que comencé a gemir más fuerte con cada embestida. Gemía como una mujer, no, estaba gimiendo como una puta.

Me entregué al placer y nada más importó.


-------------------------------

Esta Caption pertenece a una serie:

Parte 1: Las Apuestas




Parte 6: Momento de Indesición (Sale Mañana)


jueves, 2 de julio de 2026

Opciones



Cuando era hombre, jamás logré una cita con una mujer. Decidí tomar la píldora rosa para convertirme en mujer y poder dar mi primer beso antes de cumplir 20 años. No importaba si tenía que besar a un hombre. Estaba tan solo y desesperado que era mejor eso que nada…

Aún con mi cuerpo femenino, no tuve éxito de inmediato. Entonces, mi hermana me dijo: “Si quieres que te volteen a ver, debes ser más atrevida”. Por su consejo, comencé a usar vestidos en público. Al principio me sentía incómoda con tanta piel expuesta, con la brisa recorriendo mis piernas o con la sensación de sensibilidad que provocan las medias… pero poco a poco fui ganando confianza.

Un poco después, recibí la invitación a salir de uno de mis compañeros de clase, Eduardo. Por supuesto que acepté, y tuve mi primera cita en la vida. Y mi primer beso… se sintió tan dulce y hermoso como lo imaginé.

Pensaba en ser novia de Eduardo, cuando Antonio, uno de los amigos de mi hermana, me hizo llegar un mensaje en un papelito: ¡era una invitación a salir! Luego, en mis clases de inglés, llegó una tercera invitación a salir; esta vez de Alejandro, un chico de mi clase que se la pasaba viendo mis piernas. Como chico, nadie se había fijado nunca en mí, y ahora, como chica, por fin tenía opciones…





---------

Esta caption pertenece a una serie, indicaré a cuál de las dos protagonistas pertenece cada parte, por si te interesa saber el punto de vista de alguna:

Parte 2: (Romina): Un nuevo problema 

Parte 3 (Samantha): Lo mejor para mí

Parte 4 (Romina): Nunca me sentí del todo feliz 

Parte 5: Opciones (Actual)



martes, 2 de junio de 2026

Mi esposo. Mi maid.


Tengo 27 años y estuve casada con un hombre cinco años mayor durante ocho años. En los primeros años de nuestra unión, mi cónyuge fue desconsiderado, egoísta y grosero. Esto se ejemplifica especialmente en nuestros encuentros amorosos, que eran muy insatisfactorios para mí debido a sus métodos agresivos e insensibles. Siempre que podía, evitaba el trauma de sus abordajes con excusas como tener dolor de cabeza, migraña o que era la época equivocada del mes.

Hace cuatro años, mi marido fue víctima del gran cambio, lo que resultó en que un día despertó convertido en mujer. El hecho fue devastador para ambos. Ahora él —mejor dicho, ella— tiene espalda delgada, caderas anchas, un vacío entre las piernas y senos en el pecho.

La pérdida inesperada de la testosterona en el cuerpo de mi marido ha dado lugar a una persona nueva y mucho mejor. Ahora es cariñosa y dócil, ansiosa por complacer y obedecer. Nuestra vida sexual, por supuesto, terminó porque ya no tiene ni el más mínimo rastro de libido hacia mí, y yo soy más que feliz de dejar de lado sus torpes esfuerzos anteriores entre las sábanas. Ahora duerme en la habitación de invitados mientras yo permanezco en la cámara conyugal.

Poco después de su transformación, descubrí por primera vez en nuestra relación que ella estaba dispuesta a hacer las tareas domésticas en la casa. Para enfatizar su nuevo papel, le compré varios conjuntos de estilo especialmente femenino e insistí en que los llevara puestos todo el tiempo por la casa, incluso delante de nuestras visitas. Cuando me ascendieron a directora ejecutiva de la casa de moda mayorista en la que trabajo, decidí que debería dejar su trabajo, mucho peor pagado, y convertirse en ama de casa. Aceptó su nuevo puesto sin discutir e incluso admitió que disfrutaba de las tareas domésticas y se enorgullecía de mantener nuestra gran casa impecable.

Al notar que parecía disfrutar de sus vestidos, decidí sumergirla completamente en su rol de sirvienta doméstica, haciéndole vestirse de maid. Le compré varios conjuntos adecuados especialmente elaborados, incluyendo vestidos de casa de cuadros con blancos delantales de encaje para limpiar. Al principio ella era extremadamente reacia a llevar esa ropa, sintiendo que la privaban por completo de lo poco que quedaba de su ya debilitada masculinidad. Sin embargo, tal era mi autoridad sobre ella para entonces, que se entregó dócilmente y entre lágrimas a vestirse con sus nuevos uniformes y se convirtió en Mariel, mi sirvienta.

Ahora pasa todo su tiempo en casa vestida con sus bonitos uniformes y es respetuosa y obediente. Hace una reverencia y se inclina ante mí y mis invitados, y ha aceptado plenamente su nueva vida como humilde sirviente de una mujer exitosa. Cuando no está haciendo labores domésticas, usa vestidos lindos y vaporosos. Algunos de mis visitantes —tanto hombres como mujeres— no se habían dado cuenta inicialmente de que Mariel era mi esposo.

A pesar de que ahora es mi sirvienta, sigue siendo mi esposo, y no me he involucrado sexualmente con otro hombre… hasta ahora. Sin embargo, disfruto de la compañía y la atención de otros hombres, y he sido llevada a cenar y al teatro por admiradores, aunque esas noches no han pasado de algunos besos apasionados.

Tengo una actitud muy maternal hacia Mariel y describiría nuestra relación como más parecida a la de una madre y su hija devota que simplemente a la de una dama y su maid. Mariel ha admitido que su nueva vida es más relajada y que está contenta, y que ahora disfruta siendo mi leal y dedicada sirvienta.

Sospecho firmemente que, si mi marido no hubiera tenido la mala suerte de perder su hombría, nuestra relación desagradable habría terminado en un amargo divorcio. Pero a veces la vida te sorprende de las formas más increíbles…




miércoles, 20 de mayo de 2026

Hora de la cena


La comida llegó, y con ella, una tregua inesperada. Por un momento, la magia perversa del vibrador se desvaneció y volvimos a ser quienes siempre habíamos sido: dos amigos de toda la vida. La conversación derivó hacia el fútbol, criticando al árbitro del último clásico, y luego, como era inevitable, hacia las mujeres.

"Esa Alexia con la que anduve dos años lo tenía todo", solté, metiéndome de lleno en el personaje del hombre que fui. "Unos senos como melones y un trasero enorme y bien formado... Comí muy bien los dos años que estuve con ella".

Iván sonrió, mordisqueando un trozo de pan. "Tu nuevo cuerpo no le envidia nada. Está bien, no tienes tantas... 'bubis' como ella, pero tu cuerpo es precioso y bien formado".

Sus palabras actuaron como un interruptor. De pronto fui consciente de mi falda ajustada, la seda de mis bragas, los tacones en mis pies y, sobre todo, el zumbido fantasma del aparato en mi interior.... me arrancaron de la ilusión y me devolvieron a mi realidad. Me sonrojé como una tonta, sintiendo el calor subirme desde el escote.

"¿Qué es lo que más te gusta de ser mujer?", preguntó él, cambiando de tema con una naturalidad que era en sí misma una forma de tortura.

La respuesta me salió sin pensar, sincera y cruda. "Todo el placer que este cuerpo es capaz de sentir. Como hombre, jamás sentí tanto placer".

"¿Y cuándo sientes ese placer?", insistió, su mirada fija en la mía. No sentí que valiera la pena mentir. Él ya me tenía en sus manos.

"Me gusta... cuando me sometes", dije, bajando la mirada hacia el mantel.

"Es bueno saberlo", respondió con una sonrisa que era pura malicia contenida.

Terminamos de cenar y pedimos la cuenta. En el aire se olía la tensión sexual entre nosotros. En el auto volvió a activar el vibrador qué lleva a entre las piernas varias veces más. Me sentí ebria de pasión con las sensaciones. 

Finalmente llegamos a mi departamento y cerramos la puerta. Con un movimiento fluido, me cargó y me sentó sobre la mesa de la entrada, me levanto la falda al cargarme y sentí la madera fría contra mis muslos desnudos. Me quitó las bragas y, con una destreza que me dejó sin aliento, retiró el aparato con sus dedos. Sin perder un segundo, se abrió paso y me hizo suya con una fuerza posesiva que me arrancó un grito ahogado.

Lo abracé con fuerza, clavando los dedos en su espalda mientras me movía con él. Cada embestida era un clavo más en el ataúd de mi antigua vida. El hombre que una vez fui se desdibujaba, se empequeñecía, casi desaparecía por completo en el torbellino de sensaciones, rendido ante la mujer que él, con sus juegos y su deseo, estaba moldeando.



-------------------------------

Esta Caption pertenece a una serie:

Parte 1: Las Apuestas






viernes, 15 de mayo de 2026

Nadie me volverá a ver como hombre


Hace rato salí sin maquillaje, con ropa deportiva neutra y el pelo recogido, sintiendo que tal vez me asemejaba al chico era hace unos días, antes de que el gran cambio me quitara mi masculinidad... Fui a una tienda de electrónica por un cable. La persona que me atendió preguntó: «¿Algo más, señorita?».

Sus palabras cayeron como hielo sobre mi piel. En mi mente, yo me veía —al menos un poco— masculino; esperaba un «caballero» o un «joven». Pero… ¿«señorita»? Un breve nudo de angustia se formó en mi pecho, seguido de una revelación clara y fría: aunque no lleve falda ni maquillaje, ya nadie me volverá a ver jamás como el hombre que fui. El Gran Cambio me transformó para siempre y ahora, incluso con ropa neutra parezco una señorita, una niña, una mujer.


-------------------------

Esta caption es parte de una serie:


Parte 1: La Falda

Parte 2 Mis Primas

Parte 3: Una de las Chicas 

Parte 4: La fiesta

Parte 5: El Primer Beso 

Parte 6: Salida al Cine

Parte 7: En el Cine

Parte 8: Siempre Fuí Yo (Anterior)

Parte 9: Nadie me volverá a ver como hombre (Actual)

jueves, 14 de mayo de 2026

La primera cita

 




Íbamos en el carro de Iván. Él conducía y yo, en el asiento del copiloto, ya sentía el peso de la noche que me esperaba. En el primer semáforo en rojo, su dedo se deslizó sobre la pantalla de su teléfono. Un zumbido instantáneo y húmedo encendió mis entrañas, haciéndome doblar el cuerpo sobre el regazo en un intento desesperado por ahogar un gemido.

Él me observaba, divertido, mientras yo luchaba por respirar, mis nudillos blancos aferrados a la falda blanca.

Repitió la tortura en cada semáforo. "Debes acostumbrarte a la sensación", dijo, su voz un ronroneo de falsa condescendencia. "No puedes ponerte así en el restaurante". Su sonrisa era un látigo de seda.

Luego, su mano abandonó el teléfono y se posó en mi muslo, presionando con una familiaridad que me erizó la piel. Un sonido escapó de mis labios, un quejido breve y avergonzante. Era humillante... y sin embargo, una parte de mí, cada vez más grande, se estremecía ante aquella dominación.

Al llegar al restaurante, una falsa normalidad nos envolvió. Nos sentamos, pedimos la comida y la conversación fluyó con una fragilidad conmovedora.

"Te queda muy bien ese vestido", comentó Iván, su mirada suave por un momento. "Nunca pensé que tendría una cita con mi mejor amigo, ni que... él se vería tan bella".

Sus palabras, ese recordatorio de mi pasado, me desarmaron. Justo en ese momento de vulnerabilidad, el zumbido regresó, un latido eléctrico que se apoderó de mi concentración. Apreté los dientes, forcé una sonrisa y clavé la mirada en la copa de agua, haciendo todo lo posible por disimular la marea de placer que ascendía por mi vientre.

"Eres una golosa, bro", susurró él con una sonrisa de complicidad.

No podía hablar, no podía pensar. Solo sentía, inundada por una vulnerabilidad que era aterradora y excitante a partes iguales.

Cuando el mesero se acercó a lo lejos con nuestro primer plato, Iván, con un movimiento discreto, apagó el vibrador. Suspiré aliviada.

"No te molestaré mientras comes", dijo, tomándome la mano con una ternura inesperada. "No quiero que te ahogues".

Agradecí en silencio el respiro, sabiendo que era solo una tregua. La noche, y su juego, estaban lejos de haber terminado.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Cita de Placer




A pesar de lo humillada que me sentía, tenía que pagar mi apuesta como el hombre que, en el fondo, aún creía ser. O que al menos había sido hasta hace cuatro meses, cuando el Gran Cambio alteró mi cuerpo para siempre.

Pasé dos días enteros aprendiendo a aplicarme base, a delinear mis labios y a ponerme sombra en los ojos. El resultado final en el espejo era, al menos, aceptable. Luego vino la ropa: el conjunto blanco impecable, la falda que me llegaba a la rodilla y la blusa de seda. Debajo de eso llevaba un conjunto de bragas y bra blancos y un liguero sosteniendo mis medias. Por último, los tacones. Al terminar, me vi reflejada como una muñeca perfecta y frágil.

Iván llegó puntual en su auto. Su mensaje fue directo: «Déjame pasar». Abrí la puerta.

Me saludó con un beso en la mejilla y, acto seguido, con una palmada en el trasero que resonó en la habitación. Odiaba ese trato porque subrayaba una feminidad que aún me resultaba difícil de aceptar.

"Esta es la última parte de tu castigo", anunció, mostrándome un aparato negro y pequeño, no más grande que un ratón de computadora.

"¿Qué es eso?", pregunté, aunque en el fondo ya lo sabía.

"Un vibrador. Debes usarlo durante toda nuestra cita. Yo lo controlo desde el celular".

Apretó la pantalla de su teléfono y el artefacto cobró vida en su mano con un zumbido ominoso. Un miedo frío y excitante me recorrió la espina dorsal. Era demasiado tarde para negarme.

Me dirigí al baño para ponérmelo, pero él detuvo mi avance con un gesto.

"Acá, frente a mí. Para asegurarme de que no haces trampa".

La humillación ardió en mis mejillas, pero obedecí. Con manos temblorosas, me subí la falda, me bajé la tanga y, bajo su mirada intensa, introduje el vibrador dentro de mí. Me sentí expuesta, violada en mi intimidad más profunda.

Volví a vestirme, y justo cuando terminaba de ajustarme la blusa, una ola de puro placer eléctrico me sacudió. Iván había activado el aparato. La sensación fue tan intensa que doblé las rodillas y caí hacia adelante, pero sus brazos me atraparon antes de que llegara al suelo.

"Esta va a ser una noche muy divertida", susurró contra mis labios, y luego me besó. Entre el sabor familiar de su boca y la vibración constante que recorría mi cuerpo, sentí cómo me derretía por completo. La última chispa de mi antigua resistencia se apagó.

Iba a ser una noche muy, muy larga.



-------------------------------

Esta Caption pertenece a una serie:

Parte 1: Las Apuestas





sábado, 2 de mayo de 2026

Siempre fui yo


Después de mis aventuras usando ropa de chica en casa de mis primas y besando a un chico, a Doug, me llené de dudas. No cabía duda: yo era un travesti. Y me gustaban los chicos. Pero los travestis suelen usar un nombre femenino para esa faceta de su vida, y yo usaba el mismo para ambas: como chico o como chica, era Ariel.

A veces recordaba como a Doug no solo no le molestó descubrir que no era una chica sino un chico con vestido; pareció excitarlo. En el cine, su mano buscó la suavidad de mi muslo bajo el vestido, y sus dedos exploraron más allá, encontrando mi virilidad aplanada bajo una licra. Su aliento se cortó un instante, y luego su boca se acercó a mi oído. “No importa”, murmuró, y su mano se quedó allí, cálida y posesiva, mientras la película continuaba a oscuras... 

Mi cabeza era un caos. Mi cuerpo, pequeño y de apariencia femenina, reaccionaba a ese recuerdo con un estremecimiento que no podía controlar. Pero yo seguía siendo un chico, y eso me aterraba. Mis tíos y mis primas sabían que, vestido de niña, había sido besado y tocado por otro chico. Me consumía el miedo de que alguien se lo contara a mis papás.

...

Por suerte,  un tiempo después,  el Gran Cambio sucedió. No solo se llevó mi virilidad y mis dudas; me dio una certeza física. Ahora, cuando una mano sube bajo mi vestido, encuentra solo la curva suave y húmeda que siempre debió estar allí. Soy una mujer feliz, y cada suspiro, cada temblor, me lo confirma.

viernes, 1 de mayo de 2026

Una nueva apuesta



Las cosas volvieron a la normalidad... más o menos. Iván y yo habíamos tenido intimidad y habíamos aceptado que nos gustábamos; así que él no tenía problemas en hacerme cumplidos sobre mi apariencia. Incluso algunos muy subidos de tono. Para mí, que había sido su mejor amigo y un hombre hasta hacía cuatro meses, todo eso era profundamente humillante.

Fuera de eso, nos comportábamos como siempre. La siguiente apuesta llegó un par de semanas después de nuestra primera vez en la cama. Después de perder tres apuestas seguidas, un miedo frío se instaló en mí.

—Tengo una nueva apuesta —anunció Iván, con esa sonrisa pícara que me ponía nerviosa.

—No sé... —murmuré, recelosa.

—Es justa. La más justa de todas. Un volado —dijo, sacando una moneda de su bolsillo—. Cara o cruz. Si aciertas, ganas tú y yo cumplo cualquier capricho que se te ocurra. Si fallas... ya sabes. Iremos a cenar y usarás lo que yo elija.

Mi corazón latió con fuerza. Un 50/50. Era mi oportunidad. No había habilidad involucrada, solo suerte pura.

—De acuerdo —acepté, sintiendo un mezcla de ansiedad y esperanza—. Elijo... cara.

Iván lanzó la moneda al aire. Dio vueltas y vueltas, brillando bajo la luz, como si contuviera todo mi destino en su frío metal. Cayó en el dorso de su mano y la tapó con la otra.

La retiró lentamente.

Era cruz.

—Lo siento, bro —dijo, y su tono no sonaba nada arrepentido—. Te tengo una buena noticia: iremos a comer juntos. No te preocupes, yo invito. Pero tendrás que usar lo que yo te diga. Maquillaje, un vestido o una falda, tacones... y la última parte es sorpresa.

Al día siguiente, me acompañó a comprar mi outfit para la cita. Eligió un conjunto blanco que, odiaba admitirlo, me quedaba increíble. Me veía bonita. También me compró maquillaje y me dio un ultimátum: tenía tres días para aprender a aplicármelo.

Finalmente, fuimos por un helado para descansar. Después de probarme tantas cosas, estaba exhausta. Ese día se portó tan dulce conmigo que, de no haber estado comprando todas esas cosas femeninas, habría parecido el "bro" de siempre. Pero sabía que era una fachada. La verdadera humillación llegaría el día en que tuviera que pagar mi deuda. Una deuda sellada por el simple y caprichoso giro de una moneda




-------------------------------

Esta Caption pertenece a una serie:

Parte 1: Las Apuestas





martes, 28 de abril de 2026

Momento de Relajación


Desperté una hora después... Estaba abrazada al pecho de Iván. Sentí el body que envolvía mi cuerpo, la tanga metida entre mis nalgas, y recordé todo lo que pasó... le pedí a Iván que me hiciera suya, él me puso en cuatro, hizo a un lado mi tanga y comenzó a embestirme. El recuerdo fue tan placentero que me sonrojé...

Iván estaba viendo su celular, pero cuando me moví, me miró de reojo. Me sentí tan diminuta en mi cuerpo a su lado. Cuando fui hombre, éramos casi de la misma estatura; ahora él era mucho más grande que yo. Mientras lo miraba, él sonrió y comenzó a hablar.

"Ya despertaste. Solo te estaba esperando... es de mala educación dejar a una chica sola después de tener sexo con ella... Debo volver a mi casa, mañana trabajo temprano."

"Eso fue lo que hicimos... ¿solo sexo?"

"No, hubo más que sexo. Pero es difícil aceptar que te estás enamorando de tu mejor amigo, incluso si él ahora es una mujer y está buenísima", dijo con pena.

"Al menos tú aún tienes pene y no te cogieron...", dije sin pensarlo mucho y luego me sonrojé.

"¿No estuvo tan mal, o sí?" me preguntó sin dejar de sonreír.

Me sonrojé aún más y le contesté: "No, no estuvo nada mal".

Ambos reímos.

"¿Ahora qué hacemos?" le pregunté.

"Seguimos como hasta ahora... Al principio te pedí que te pusieras la lencería para ver tu cuerpo. Pero te veías tan hermosa y tan excitada que no pude parar... no puedo parar. Sigamos jugando a nuestras apuestas, veamos a dónde nos lleva todo esto..."

"Está bien", dije pensativa.

Él se levantó y comenzó a ponerse su playera. Al parecer, nunca se quitó el pantalón. De pronto, me sentí más vulnerable con mi body.

"En cuanto me vaya, habrás pagado tu apuesta. Puedes quitarte eso", dijo mirando mi cuerpo. Sentí que me sonrojaba aún más. "Solo quiero que sepas que pase lo que pase, siempre seremos mejores amigos, bro".

"Sí. Siempre seremos bros", dije como respuesta automática.

Cuando se fue, me quedé pensando en todo lo que hablamos. Las dudas me asaltaron: ¿quién era yo ahora? Cuando me estuvo tomando, no me sentí en absoluto un hombre. ¿Dijo que se estaba enamorando de mí? ¿Yo también me estaba enamorando de él? Era una maraña de confusión, pero una certeza emergía con fuerza: quería descubrir todas las respuestas a su lado.


-------------------------------

Esta Caption pertenece a una serie:

Parte 1: Las Apuestas






sábado, 25 de abril de 2026

Los anuncios


Yo era un chico popular: Mario. Y por entrar en la prestigiosa fraternidad Alfa Omega, tomé una pastilla rosa que, sin explicación lógica, transformó mi cuerpo en el de una mujer. Ahora, bajo el nombre de Mairim, estoy atrapada en una reunión de la fraternidad, vestida únicamente con un ajustado body de conejita y unos tenis. He pasado la noche sirviendo bebidas y limpiando, soportando miradas que me desnudan y toqueteos que encienden en mí una vergonzosa chispa de calor. El cuerpo que, ahora, habito es ajeno y fascinante.

Sin embargo, esta extraña iniciación aún no termina. El ambiente en la sala cambió cuando cinco figuras majestuosas, cubiertas por túnicas y capuchas, entraron al salón. Eran los nuevos dirigentes de la fraternidad, a quienes solo se referían con letras griegas. Omega, el líder, ocupaba el centro. Alfa era su segundo. Beta, Delta y Zeta completaban el conjunto inquietante.

Omega tomó el podio. Su voz, grave y cargada de autoridad, dio la bienvenida a los hermanos y enumeró una lista de nombres: hombres poderosos, exitosos, todos antiguos miembros de Alfa Omega. Eran leyendas vivas, y su mención era una promesa tácita. Luego, su mirada —fría, calculadora— se posó en nosotras, las cinco conejitas temblorosas.

«Todos sabemos que la iniciación es dura», dijo, y sus palabras resonaron en el silencio absoluto que había impuesto. «Pero vale la pena para entrar en uno de los círculos más exclusivos… y benévolos… del mundo.»

Hizo una pausa dramática, dejando que el peso de lo "benévolo" se instalara, ambiguo y amenazante, en el aire.

«Nuestras reuniones son cada dos semanas. A partir de ahora, su asistencia es obligatoria. Siempre deberán venir con este atuendo», y con un gesto despectivo señaló nuestros bodies, «aunque a partir de la próxima, los tenis quedarán prohibidos. Tacones. Altos. Es parte de… su iniciación.»

Un murmullo de aprobación masculina recorrió la sala. Sentí un escalofrío. Nunca había usado tacones pero sabia que eran incomodos, imaginarlos como una norma me hizo consciente de la fragilidad de este cuerpo.

«Además», continuó Omega, y su tono se volvió más personal, más penetrante, «no solo servirán en las fiestas. Cada una de ustedes será asignada como asistente personal y secretaria de uno de nosotros.»

Entonces, esa mirada que hasta entonces había barrido el grupo, se detuvo. Se clavó en mí. Era una mirada cargada de segundas intenciones, de una posesión ya decidida. Me señaló con un dedo lento y deliberado.

«Tú, hermosa Mairim», dijo, y el sonido de mi nuevo nombre en su boca me quemó. «Tú serás mi asistente personal.»

La declaración cayó como una sentencia. El silencio era absoluto.

«Te espero al servicio en mi suite del ala norte, todas las mañanas a las siete, antes de tus clases. Y todas las tardes a las seis, después de que termines tus deberes académicos. La puntualidad, querida, es la primera virtud de una buena secretaria.»

Pude sentir cómo la sangre ascendía, violenta y avergonzada, a mis mejillas. Un calor intenso me inundó el rostro. De pronto, la tela mínima de la tanga del body, que en un momento de la noche casi había olvidado, se volvió a sentir como al principio: un hilo incómodo, intrusivo, recordándome de la manera más cruda posible la vulnerabilidad de mi nueva forma. Cada latido del corazón parecía resonar en ese punto de contacto.

No puedo creer en lo que me he metido, pensé, mientras el eco de sus órdenes repicaba en mi cabeza. Siete de la mañana. Seis de la tarde. Todos los días. Con él. Con Omega... 

Aún me faltan ochenta y tantos días en este cuerpo y volver a la normalidad parece demasiado lejano...


Esta caption es parte de una serie:

Parte 1: Por entrar a la fraternidad

Parte 2: Iniciación (Anterior)

Parte 3: Los anuncios (Actual)

jueves, 9 de abril de 2026

En el cine

 



De alguna manera, mis primas me habían convencido de ir a una cita triple con ellas usando solo mis Converse, unas bragas, un body-faja, un vestido ligero y un poco de maquillaje. Algo perfectamente normal, excepto por una cosa… yo era un chico, aunque mi cuerpo pequeño y delgado de adolescente no me delataba y me veía como una chica con la ropa correcta y un poco de maquillaje.

Cuando llegamos, los tres chicos nos esperaban. Mis primas corrieron hacia sus novios, mientras a mí me temblaban las rodillas. Fue Doug quien se acercó. Me saludó con un beso en los labios, de esos que ya nos habíamos dado una docena en la fiesta. No me molestaba besarlo,  pero ser visto por mis primas mientras lo hacía me incomodaba un poco.

Compramos las entradas y, como faltaba una hora, nos separamos en parejas. Doug y yo fuimos a tomar un helado. Sin mis primas vigilándome, fue más fácil besarlo sin vergüenza, dejando que sus labios se demoraran en los míos.

En el cine, la película era aburrida. Noté cómo mis primas dejaron de verla para besarse con sus novios, y entonces Doug volvió a inclinarse hacia mí. Después, sentí su mano deslizarse por la suavidad de mi muslo bajo el vestido, y sus dedos exploraron más allá, hacia mi entrepierna. Intenté cerrar las piernas, pero él fue más rápido y encontró mi virilidad aplanada bajo la licra. Su respiración se cortó un instante. Luego, acercó sus labios a mi oído y murmuró: “No importa”. Su mano se quedó allí, cálida y posesiva, acariciándome con una ternura que me hizo temblar. Tuve que morderme el labio para ahogar un gemido, mientras en la pantalla la historia continuaba, sin que nos importara.

Después de la función, pasamos un rato todos juntos en la fuente de la plaza, riendo y charlando. Fue un día especial que guardo con cariño, el primer día que me sentí como una chica, ¡y sucedió años antes de que el Gran Cambio me transformara en una chica de verdad!

Pero aún hubo una sorpresa más ese día: mis tíos ya nos esperaban, y yo seguía con el vestido puesto. No podía quejarme frente a los chicos, así que acepté mi destino y caminé hacia ellos vestido así. Mis primas les dijeron que solo había sido un reto tonto, aunque creo que mi tío no lo creyó del todo. Mi tía solo sonrió y me dijo que me veía muy linda.

De regreso a casa, mi cabeza era un lío. Me había gustado usar ropa de niña, comportarme como una, besar a un chico y dejar que me tocara… Pero eso no debería gustarme. ¿O sí?



-------------------------

Esta caption es parte de una serie:


Parte 1: La Falda

Parte 2 Mis Primas

Parte 3: Una de las Chicas 

Parte 4: La fiesta

Parte 5: El Primer Beso 

Parte 6: Salida al Cine (Anterior)

Parte 7: En el Cine (Actual)

Parte 8: Siempre Fuí Yo (Siguiente)

miércoles, 8 de abril de 2026

Salida al cine


Cuando los chicos nos dejaron a nosotras, las "chicas", en casa después de la fiesta, mis primas comenzaron a burlarse de mis desventuras.

"Ariel, es una lástima que no seas una chica de verdad. Serías muy popular", dijo Ximena.

"Dime, primo, ¿se sintió bien besarse con un chico?... Me imagino que sí. Te vi besarte con Doug al menos tres veces", dijo Gaby, y ambas rieron.

Por suerte, a la mañana siguiente no siguieron las burlas. Habíamos ido a la fiesta sin permiso de mis tíos, y ellos ya estaban en casa, así que no se tocó más el tema ni nada relacionado con la fiesta.

Mi última semana en casa de mis tíos fue tranquila. Pasamos tres días bastante divertidos, pero ordinarios.

El miércoles, mis tíos nos dieron permiso para ir al cine. Saldríamos al mediodía. Pero a las diez, Gaby subió a verme a la habitación de invitados.

"Debes usar esto", dijo, entregándome unas bragas, un body-faja de una pieza y un vestido. La sorpresa en mi rostro se convirtió en terror. Mi prima, con prisa, continuó su explicación. "Los chicos nos acompañarán al cine: Marcos, Jorge... y también Doug".

Me sonrojé al escuchar el nombre del chico con el que me había besado apenas tres días atrás.

"No puedo usar eso. Es ropa de chica. Mis tíos no me dejarán salir así. Además, no quiero vestirme así".

Mi prima me miró y sonrió.

"No tenemos tiempo de discutir. Ponte las bragas, luego la faja, después el vestido. Luego, unos calcetines, un pants y una playera de chico. Mete el vestido debajo del pants sin que abulte. Así mis papás no notarán lo que llevas puesto".

"Pero... yo... no quiero", alcancé a decir antes de ser interrumpido.

"No tenemos tiempo de dudas. Ven con nosotras... Doug se pondrá muy triste si es el único chico sin pareja en el cine. Además, aquí nadie te conoce; nadie te va a reconocer ni a molestar..."

La imagen de Doug acompañando solo a las dos parejas me hizo sentir triste por él. Así que asentí.

"Está bien, lo haré", dije, sonrojado.

"Ah, y ponte tus Converse. Se verán lindos con ese vestido", dijo mi prima antes de dejarme solo.

Me coloqué la ropa como me indicó Gaby. Me contemplé unos segundos con el vestido puesto; incluso sin maquillaje, parecía una chica... Me puse el pants y la playera para esconder la ropa de chica. Me calcé mis Converse y salí al encuentro de mis primas.

Mis tíos nos dejaron en la plaza donde estaba el cine. Mis primas dijeron: "Corre, tenemos poco tiempo. Los chicos llegarán en veinte minutos". Gaby entró al baño de mujeres para revisar que estuviera vacío y salió rápido para indicarnos que podíamos entrar. Dentro, me ayudaron a quitarme la ropa de chico y a acomodar mi vestido. Luego me pusieron un poco de maquillaje. Me dijeron que me quitara los calcetines y los colocara en mi busto. Acomodé las dos prendas en las copas preformadas del body, dando lugar a unos pequeños senos femeninos. Como resultado, el chico que fui desapareció, y frente a mí estaba la jovencita que se había besado con Doug hacía unos pocos días.

Al salir del baño, nos dirigimos al encuentro de nuestros "novios". Los tres estaban ahí. Pude sentir mi corazón latiendo con fuerza cuando vi a Doug...

(Continuará mañana)


-------------------------

Esta caption es parte de una serie:


Parte 1: La Falda

Parte 2 Mis Primas

Parte 3: Una de las Chicas 

Parte 4: La fiesta

Parte 5: El Primer Beso (Anterior)

Parte 6: Salida al Cine (Actual)

Parte 7: En el Cine (Siguiente)


martes, 7 de abril de 2026

Momento de indecisión


Pasaron dos días desde que perdí la apuesta futbolera. Desde que mi Real Madrid cayó ante el Barcelona. Recordaba a Iván saltando de alegría cuando sonó el silbato final, su mirada buscándome, cargada de triunfo y promesa.

Y ahí estaba yo, contemplando el objeto de mi humillación: un body morado tan escaso de tela que era poco más que un conjunto estratégico de encajes. Los escotes profundos en el escote y la espalda parecían burlarse de mí, pero lo peor era la zona de la entrepierna, una simple tira de tela en forma de tanga. Se suponía que debía usar eso, y solo eso, todo el tiempo que él estuviera aquí. La idea era tan violenta para mi dignidad  que no podía soportarla. Estaba decidida a incumplir mía apuesta cuando sonó mi teléfono. Era Iván.

«Hola, bro, ¿ya estás vestida?». Siempre me decía "bro" para luego recalcar, con cruel ironía, mi nueva condición de mujer. Odiaba que hiciera eso y, secretamente, me encantaba la atención perversa.

«No voy a usar esto. Es demasiado corto.», dije, aferrándome a un último rescoldo de resistencia.

«Está bien. Como ya no tienes pene, tampoco tienes palabra de hombre. Te diría que eres una niña por no cumplir tu apuesta, pero la verdad es que ya eres una niña». Su voz goteaba sorna. «Ya casi llego. No te preocupes, podemos hacer algo más para entretenernos. Supongo que lo de las apuestas se acabó. Ahora que te vas a comportar como una nena mimada, no tiene sentido seguir».

Algo en sus palabras, en esa condescendencia que mezclaba el desprecio con la provocación, encendió una chispa de rabia y... algo más. Algo que se agitó en mi bajo vientre, un calor familiar y aterrador. No iba a permitir que me tratara así, que me redujera a una criatura caprichosa. Colgué de un golpe.

Con manos temblorosas y un nudo de orgullo en la garganta, me puse el body. La seda fría se pegó a mi piel, y la sensación de la tanga ajustándose entre mis nalgas fue tan íntima y me sentí  tan expuesta que casi me arrepentí al instante. Me miré en el espejo: me sentí tan vulnerable y, para mi horror, tan irresistible.

En ese preciso momento, sonó el timbre.

El corazón me latía con fuerza en el pecho, un tambor que anunciaba mi derrota y mi entrega. Respiré hondo, abrí la puerta y me resigné al destino que, en el fondo, había anhelado desde que todo comenzó.


-------------------------------

Esta Caption pertenece a una serie:

Parte 1: Las Apuestas














viernes, 3 de abril de 2026

Las apuestas



Mi mejor amigo, Iván, y yo siempre tuvimos una afición por los juegos y las apuestas. No nos gustaba apostar dinero; nuestro trueque eran los retos. Recuerdo la vez que él corrió alrededor de la manzana en calzoncillos después de que le gané, y la ocasión en que yo, por perder, me lancé a la piscina de la prepa con toda la ropa puesta.

Una mañana, todo cambió cuando desperté en el cuerpo de una mujer. Había sido víctima del "Gran Cambio". Mi identidad legal pasó de Brandon a Brenda. Unos días después, Iván vino a visitarme y me dijo que, a pesar de todo, nada tenía por qué cambiar entre nosotros. "Sigues siendo mi bro, aunque ahora tengas unas tetas lindas", me dijo. Solo pude sonrojarme y sonreír.

Después de un tiempo, retomamos nuestras apuestas. Supongo que fue mi manera de aferrarme a que las cosas volvieran a la normalidad. Le gané en el FIFA y su castigo fue usar un vestido en la escuela. Lo hizo, y fue tan gracioso como humillante.

Pasaron un par de semanas hasta nuestra siguiente apuesta. Esta vez, perdí yo. Me pidió que le modelara un conjunto erótico de colegiala —una minifalda y un top pequeño— y que le permitiera tomarme algunas fotos. Le dije que no lo haría, pero él me recordó que siempre habíamos cumplido con nuestros retos. Al final, accedí. Me entregó el conjunto; al parecer, ya lo tenía preparado.

Recuerdo haberme sentido completamente expuesta con tan poca ropa. Él me guió para que adoptara poses sensuales que acentuaban las curvas de mi nuevo cuerpo, y tomó varias fotos. Al final, levantó un poco mi falda para ver mis bragas. Solo pude sonrojarme, negándome a admitir lo excitada que estaba… y lo mucho que deseaba que llegara la próxima apuesta.




jueves, 2 de abril de 2026

La falda


De niño siempre sufrí acoso escolar. Era delgado, de huesos finos y con rasgos delicados. Todos me decían que parecía una niña.

Un día, el peor de todos mis bullies, Alan, junto a sus secuaces, me acorralaron en el baño de la escuela. El aire olía a desinfectante agrio y a humedad. Me quitaron el pantalón a la fuerza y me pusieron una falda. La tela era sintética, áspera contra mi piel. Sentí el frío del azulejo en la espalda y un vacío ardiente en el estómago. "Esa falda te queda muy bonita, Ariel; hasta tu nombre es de niña", dijeron mientras se llevaban mi pantalón.

Tuve que permanecer así el resto del día. El roce de la falda contra mis piernas era un recordatorio constante de mi situación. El sudor frío me pegaba la camisa al cuerpo. Lo más humillante fue que, a pesar de mi pelo corto, muchos en los pasillos creyeron que era una niña de verdad. Susurraban. Algunos se reían. Otros solo me miraban con curiosidad. La vergüenza tenía un sabor metálico en mi boca.

...

Unos años después llegó el Gran Cambio. Mi cuerpo se transformó. Ahora soy una mujer biológica aunque sigo siendo joven, ahora soy una señorita... Los recuerdos de aquella falda impuesta han sido reemplazados por la suavidad de las faldas que elijo ponerme libremente.


-------------------------

Esta caption es parte de una serie:


Parte 1: La Falda (Actual)

Parte 2 Mis Primas (Siguiente)


miércoles, 1 de abril de 2026

La solución

 


Quiero contarles una historia graciosa. Hasta hace unos días yo era Saúl, un chico normalito al que le encantaban los superhéroes, la ciencia ficción y el anime. Desde pequeño fui pésimo para socializar y, de hecho, solo tuve un amigo: Ramón. Éramos como dos clones con lentes; inseparables, mismos gustos… y mismo problema: las chicas ni nos volteaban a ver ni por error.

Un día me quejé con mi hermana mayor y, entre risas, me dijo:
—La solución es fácil: que uno de los dos tome una pastilla rosa y se convierta en la novia del otro.
Y, como si nada, agregó que siempre había querido una hermana y que podía conseguirme la dichosa pastilla si me animaba. Yo me quedé callado. Aunque sonaba a chiste, la idea me pareció… curiosamente práctica. Cuando se lo conté a Ramón, en lugar de reírse, me dijo:
—Pues, no suena tan mala idea.
Y ahí fue cuando la locura comenzó.

Mi hermana me dio la pastilla rosa y, en cuanto la tomé, ¡pum!, me desmayé. Al despertar… bueno, digamos que los “grandes cambios” habían llegado. Tenía curvas donde antes había ángulos rectos, y cada vez que me movía algo rebotaba que antes no existía. Me pasé el primer día mirándome en el espejo como si estuviera viendo un cosplay con presupuesto ilimitado. Mi hermana se moría de risa mientras me enseñaba a caminar sin parecer un robot y a no mirar con sospecha ese par de “nuevos compañeros de viaje” que ahora me seguían a todas partes.

Lo más raro fue ponerme falda por primera vez. Sentía el aire frío en las piernas y la paranoia de que todo el mundo estaba mirando justo donde no debía. Caminaba con las rodillas pegadas como si llevara un secreto nuclear entre ellas. Pero, aunque estaba nerviosa, había algo que me ilusionaba más que nada: la idea de ver a Ramón, de que me reconociera y, quién sabe… tal vez dar mi primer beso.

Un par de semanas después mi hermana me acompañó de compras y elegí un outfit especial para mi primera cita con él. Mientras lo esperaba en el parque, repasaba mentalmente cómo sonreír, cómo hablar con voz dulce y, sobre todo, cómo no tropezarme con los tacones. “Ojalá le guste ahora que soy Sandra”, pensaba, con mariposas en el estómago.

Pasaron quince minutos y Ramón no aparecía. Saqué el celular y lo llamé. Entonces pasó lo más inesperado: escuché su tono de llamada justo detrás de mí. Me giré y vi a una chica muy guapa sosteniendo el teléfono. Contestó y dijo “hola”… y su voz salió por mi bocina. No había lugar a dudas. Ramón también había tomado la pastilla.




Esta caption pertenece a una serie:

domingo, 29 de marzo de 2026

El primer beso


De alguna manera, mis primas habían logrado convencerme de ir a una fiesta con sus amigos en vestido y tacones. Esto fue antes del Gran Cambio y yo, en ese entonces, era aún un varón. Y me sentía muy incómodo por pretender ser alguien que no era.

Ximena notó la incomodidad en mis ojos y, con una sonrisa, me dijo: "Eres muy lindo y tímido. La personalidad perfecta para una chica. Solo recuerda referirte a ti mismo en femenino y nadie notará que no eres una chica."

"Y mantener las piernas juntas cuando te sientes para no mostrar las bragas", agregó Gaby. "Lo vamos a pasar increíble; seguro que le gustas a más de un chico".

Eso era justo lo que no quería oír.

En la fiesta, Ximena nos presentó a sus amigos. Por la manera en que se trataba con uno de ellos, Marcos, me hizo pensar que era su novio y no solo su amigo. Desde que se encontraron, se aislaron del grupo y se perdieron de vista. Estuve conviviendo solo con Gaby hasta que dos amigos de Ximena se nos acercaron: Jorge y Doug. Ambos, al parecer, ya conocían a Gaby, quien los saludó con una sonrisa y me presentó como su prima Ariel. Ese era mi nombre real, y eso me asustó un poco, hasta que recordé que es un nombre neutro, que funciona tanto para chico como para chica.

De pronto, Jorge sacó a bailar a Gaby y me quedé sola con Doug. Doug me dijo que Jorge estaba enamorado de Gaby y que era probable que ellos no volvieran en un rato.

Empezamos a hablar de videojuegos, y le gustaban mucho los mismos juegos qué a mí. Castlevania, Resident Evil, Ninja Gaiden. Era una plática muy divertida, hasta que me dijo: "Es raro que una niña tan linda juegue a videojuegos tan violentos".

Pensé que me había descubierto y no supe qué decir... cuando me di cuenta, él estaba acercando su cara a la mía y me dio un beso. No lo rechacé, y nos besamos un largo rato. Me dolía aceptarlo, pero se sentía bien besar a un chico.

Pasamos el resto de la fiesta juntos, platicando, bailando y besándonos. Me sentía bien, pero confundido. Es decir, yo era un chico; no debería usar ropa de chica ni besar a otro chico. Y tampoco debería disfrutarlo tanto.

Cuando la fiesta terminó, las tres "primas" volvimos a casa de mis tíos, acompañadas de nuestros "novios". Era muy vergonzoso que mis primas me vieran caminando de la mano con Doug, y peor aún que vieran cómo nos despedimos con un beso en los labios. Pero lo peor era saber que yo estaba lleno de dudas, pensaba que tal vez en el fondo si era una chica y por eso mi cuerpo era tan pequeño y delgado... y por eso me gustó tanto besar a un chico.

...

Por suerte, unos años después ocurrió el Gran Cambio, me convertí en una mujer completa y las dudas desaparecieron. Mi primera vez fue con Doug, pero esa es historia para otro día...

Hasta la próxima. 


--------------------------

Esta caption es parte de una serie:


Parte 1: La Falda

Parte 2 Mis Primas

Parte 3: Una de las Chicas 

Parte 4: La fiesta

Parte 5: El Primer Beso (Actual)

Parte 6: Salida al Cine (Siguiente)

sábado, 28 de marzo de 2026

La fiesta




Un año antes del Gran Cambio, cuando aún era un chico, fui de visita a casa de mis primas. Habían pasado dos años desde que usé la ropa de mi prima menor cuando me quedé sin ropa propia para usar. Un año después de eso no las visité porque a Mafer le dio varicela. Era nuestro reencuentro tan esperado.

Durante los primeros tres días, todo fue muy normal. Ni siquiera mencionaron mi episodio usando ropa de niña.

El sábado, mis tíos fueron a visitar a la abuela en otro estado, dejándonos solos a mis primas y a mí. Volverían temprano al otro día con el desayuno. Mi prima mayor, Ximena, estaba a cargo de Gaby, mi prima menor, y de mí. Pensé que pasaríamos la noche jugando juegos de mesa, pero mis primas tenían otros planes.

Un amigo de Ximena las había invitado a una fiesta. Sabían que sus papás no las dejarían ir, así que lo guardaron en secreto hasta que se fueron.

Ximena y Gaby revisaron mi ropa y concluyeron que ninguno de mis atuendos era adecuado para la fiesta. Así que tenía dos opciones: quedarme en casa y esperarlas, o usar ropa de Gaby (la menor de ellas) para ir. Decidí quedarme, pero ellas me dijeron que la fiesta iba a ser muy divertida y que era peligroso para dos chicas ir solas por la calle. Al final, acepté ir con ellas...

Antes de darme cuenta, estaba usando una pantifaja que mis primas dijeron que servía para darle forma bonita a mi cuerpo. Descubrí, con un poco de miedo, que también ocultaba mi miembro viril. Luego vino el vestido negro, que con sus copas preformadas daba la ilusión de que tenía unos pequeños pechos. Después, vi a mis primas pasarme brochas y tubos por la cara y por el pecho. Cuando por fin me dejaron verme en el espejo, el niño que era había desaparecido. Ahora, el reflejo de una niña bonita me devolvía la mirada desde el cristal usaba un vestido entallado y de alguna forma su busto se veía con más volumen.

Mientras me contemplaba mis prinas me dieron unos tacones de un centímetro y un bolso para completar el conjunto. Caminar con esos zapatos era una tortura. Pero no pude pensar mucho en eso porque cuando me di cuenta, me estaban llevando por la calle camino a la fiesta, que estaba a unas cuadras de casa de mis tíos. Me sentía aterrado pero también extrañamente fascinado al saber que era un chico vestido de chica caminando por la calle con unos tacones que hacían clic clac y un atuendo que gritaba "soy una chica sexy"...

(Continuará mañana)


-------------------------

Esta caption es parte de una serie:


Parte 1: La Falda

Parte 2 Mis Primas

Parte 3: Una de las Chicas 

Parte 4: La fiesta (Actual)

Parte 5: El Primer Beso (Siguiente)