Hola, te voy a contar mi versión de la historia. Hasta hace unos días yo era Ramón, un chico con gustos ñoños: cómics, anime, videojuegos… ya sabes, lo clásico. Pero había algo que nunca me atreví a contarle a nadie: en el fondo, jamás me sentí cómodo siendo hombre. No era afeminado ni gay, simplemente quería era ser mujer.
Cuando cumplí doce empecé a ahorrar para comprar una pastilla rosa. Sabía que no me la venderían hasta los dieciocho, pero estaba decidido: tarde o temprano iba a ser una chica. Durante años guardé ese secreto, incluso de mi único amigo, Saúl. Crecimos juntos, inseparables, pero él nunca supo de mis sueños donde me veía a mí misma con vestido, con pelo largo… siendo quien realmente quería ser.
Casi a los veinte conseguí la pastilla, pero no me animé a tomarla. Estaba ahí, escondida en un cajón, esperando el momento justo. Y entonces, un día, Saúl suelta como si nada:
—Oye, ¿no sería genial que uno de los dos tomara la píldora rosa y se volviera la novia del otro?
Yo casi me atraganto. Solo pude responderle:
—No suena como una mala idea…
Y por dentro pensé: ¡Por fin, es mi oportunidad!
Me encerré en mi cuarto y me senté frente a la cajita de la pastilla. El folleto decía que el 98% de las nuevas mujeres por píldora rosa resultaban heterosexuales. Así que razoné: “Bueno, como hombre siempre fui medio asexual, quizá como mujer me termine gustando Saúl. Win–win”.
La tomé… y desperté en un cuerpo completamente nuevo. Tenía curvas, una voz suave, y piernas que me encantaba sentir libres con falda. Pasé horas probándome ropa; de pronto entendí por qué las tiendas de mujeres son gigantes y las de hombres apenas tienen dos estantes. ¡La ropa femenina es demasiado divertida!
Unos días después, Saúl me dijo que quería verme y me citó en un parque. Yo llegué súper puntual, con mi mejor outfit, nerviosa y emocionada. Pero pasaban los minutos y él no aparecía. Entonces sonó mi celular. Contesté y escuché… ¡la voz de una mujer! Al levantar la mirada, la vi a pocos pasos de mí.
No lo podía creer: Saúl también había tomado la pastilla. Él lo hizo porque ninguna chica nos hacía caso, y yo porque siempre había soñado con ser mujer. Terminamos riéndonos a carcajadas: ya no éramos mejores amigos, ahora éramos mejores amigas.
Eso sí, ahora tenemos un nuevo “pequeño” problema: las dos somos chicas heterosexuales y solo nos gustan los hombres. Pero bueno… creemos que conseguir novio no va a ser tan difícil.
Parte 2: Un nuevo problema (Actual)



No hay comentarios:
Publicar un comentario