domingo, 1 de febrero de 2026

Pole Position (1)



Capítulo 1: Pole Position

Adrián Soler llevaba una temporada impecable. Tres victorias consecutivas, dos poles en clasificación y un dominio absoluto que tenía a los comentaristas preguntándose si alguien sería capaz de arrebatarle el campeonato. Durante las pruebas libres del Gran Premio de Francia, su monoplaza respondía como un violín afinado, pero su cuerpo no. El cuello le dolía, apenas podía girarlo del todo al salir de las curvas más cerradas.

—Nada grave —le aseguró el doctor del equipo tras examinarlo en la unidad médica—. Contractura leve. Te recetaré algo para el dolor.

—Es común en este circuito. Curvas rápidas, cargas G… Te recetaré un relajante muscular y analgésico suave. Descansa bien esta noche.

La pastilla que recibió en la farmacia tenía un curioso color rosa, pero Adrián no le dio importancia. Se la tomó antes de dormir, esperando amanecer listo para la clasificación.

Y amaneció sin dolor. Pero también sin pectorales, sin barba… y con una voz más suave, más aguda. Frente al espejo, una mujer lo observaba con los ojos muy abiertos. Tenía el cabello algo más largo, la piel más tersa y una figura atlética, femenina, completamente desconocida.

—¿Qué carajos…?

El rostro era más fino, la mandíbula menos marcada, los labios más carnosos. Y el cuerpo... el cuerpo no era suyo.

Tenía senos. Caderas. Musculatura definida, pero femenina. Un abdomen plano, unas piernas largas, elegantes. Nada de vello facial. Nada de vello corporal.

—¡¿Qué mierda es esto?!

La voz era ajena, como una versión doblada de sí mismo. Se golpeó las mejillas, abrió la ducha, buscó el celular, pero no podía desbloquearlo con el reconocimiento facial. Se vistió a trompicones, con ropa deportiva que le colgaba del cuerpo nuevo, y corrió como pudo hasta la unidad médica del equipo.

El doctor se atragantó con su café al verla entrar.

—¡¿Quién es usted?! —preguntó de inmediato, poniéndose de pie.

—Soy yo, idiota —dijo Adrián, o mejor dicho, Adriana—. Adrián Soler. ¿Qué diablos me diste?

El médico parpadeó, tragó saliva y se acercó con precaución.

—Esto es imposible...

—¡Me tomé lo que me recetaste! ¡La pastilla rosa! Y ahora mírame. ¿Qué clase de experimento es este?

El doctor buscó entre los papeles, hizo algunas llamadas nerviosas, hasta que finalmente le confesó:

—No... no fue lo que te receté. Hubo un error en la farmacia. La píldora rosa... es un prototipo experimental. Se está probando con autorización médica en unos cuantos países. Cambia temporalmente la expresión genética, la fisiología... incluso el sistema hormonal. Se diseñó originalmente para tratar casos severos de disforia de género.

—¿Me estás diciendo que me convertí en mujer por accidente?

—Exacto.

—¿Por cuánto tiempo?

—No lo sé, necesito hacer unas llamadas.

Tras varias gestiones y una revisión de los registros de la farmacia, el doctor confirmó lo que Adrián ya intuía.

—La cápsula rosa que te dieron no era el relajante muscular que receté. Era... otra cosa. Un fármaco experimental que está en ensayos clínicos limitados. Es una especie de modulador genético reversible.

—¿Reversible?

—Sí… pero no inmediato. El cuerpo entra en una especie de reconfiguración estable. Según los datos preliminares, el efecto dura al menos cuatro meses.

Adrián se dejó caer sobre la camilla.

—¿Cuatro meses? ¿Cuatro?

—Lo lamento mucho. Esto es una barbaridad. Tenemos que informar de inmediato a la FIA. Ellos decidirán cómo proceder. No te pueden dejar competir así. Esto...

—¿Así cómo?

El doctor la miró, confundido.

—No hay ningún reglamento que diga que hay que ser hombre para competir en Fórmula 1. Si el cuerpo funciona, yo corro.

El doctor la miró como si hubiera perdido la razón.

—Pero Adrián… no tienes idea del revuelo que va a causar esto.

—Entonces mejor que empieces a preparar una buena historia. Porque este domingo yo me subo al coche.

Adrián Soler llevaba una temporada impecable. Tres victorias consecutivas, dos poles en clasificación y un dominio absoluto que tenía a los comentaristas preguntándose si alguien sería 

El doctor la miró, confundido.

—No hay ningún reglamento que diga que hay que ser hombre para competir en Fórmula 1. Si el cuerpo funciona, yo corro.

El doctor la miró como si hubiera perdido la razón.

—Pero Adrián… no tienes idea del revuelo que va a causar esto.

—Entonces mejor que empieces a preparar una buena historia. Porque este domingo yo me subo al coche.