domingo, 1 de febrero de 2026

Pole Position (1)



Capítulo 1: Pole Position

Adrián Soler llevaba una temporada impecable. Tres victorias consecutivas, dos poles en clasificación y un dominio absoluto que tenía a los comentaristas preguntándose si alguien sería capaz de arrebatarle el campeonato. Durante las pruebas libres del Gran Premio de Francia, su monoplaza respondía como un violín afinado, pero su cuerpo no. El cuello le dolía, apenas podía girarlo del todo al salir de las curvas más cerradas.

—Nada grave —le aseguró el doctor del equipo tras examinarlo en la unidad médica—. Contractura leve. Te recetaré algo para el dolor.

—Es común en este circuito. Curvas rápidas, cargas G… Te recetaré un relajante muscular y analgésico suave. Descansa bien esta noche.

La pastilla que recibió en la farmacia tenía un curioso color rosa, pero Adrián no le dio importancia. Se la tomó antes de dormir, esperando amanecer listo para la clasificación.

Y amaneció sin dolor. Pero también sin pectorales, sin barba… y con una voz más suave, más aguda. Frente al espejo, una mujer lo observaba con los ojos muy abiertos. Tenía el cabello algo más largo, la piel más tersa y una figura atlética, femenina, completamente desconocida.

—¿Qué carajos…?

El rostro era más fino, la mandíbula menos marcada, los labios más carnosos. Y el cuerpo... el cuerpo no era suyo.

Tenía senos. Caderas. Musculatura definida, pero femenina. Un abdomen plano, unas piernas largas, elegantes. Nada de vello facial. Nada de vello corporal.

—¡¿Qué mierda es esto?!

La voz era ajena, como una versión doblada de sí mismo. Se golpeó las mejillas, abrió la ducha, buscó el celular, pero no podía desbloquearlo con el reconocimiento facial. Se vistió a trompicones, con ropa deportiva que le colgaba del cuerpo nuevo, y corrió como pudo hasta la unidad médica del equipo.

El doctor se atragantó con su café al verla entrar.

—¡¿Quién es usted?! —preguntó de inmediato, poniéndose de pie.

—Soy yo, idiota —dijo Adrián, o mejor dicho, Adriana—. Adrián Soler. ¿Qué diablos me diste?

El médico parpadeó, tragó saliva y se acercó con precaución.

—Esto es imposible...

—¡Me tomé lo que me recetaste! ¡La pastilla rosa! Y ahora mírame. ¿Qué clase de experimento es este?

El doctor buscó entre los papeles, hizo algunas llamadas nerviosas, hasta que finalmente le confesó:

—No... no fue lo que te receté. Hubo un error en la farmacia. La píldora rosa... es un prototipo experimental. Se está probando con autorización médica en unos cuantos países. Cambia temporalmente la expresión genética, la fisiología... incluso el sistema hormonal. Se diseñó originalmente para tratar casos severos de disforia de género.

—¿Me estás diciendo que me convertí en mujer por accidente?

—Exacto.

—¿Por cuánto tiempo?

—No lo sé, necesito hacer unas llamadas.

Tras varias gestiones y una revisión de los registros de la farmacia, el doctor confirmó lo que Adrián ya intuía.

—La cápsula rosa que te dieron no era el relajante muscular que receté. Era... otra cosa. Un fármaco experimental que está en ensayos clínicos limitados. Es una especie de modulador genético reversible.

—¿Reversible?

—Sí… pero no inmediato. El cuerpo entra en una especie de reconfiguración estable. Según los datos preliminares, el efecto dura al menos cuatro meses.

Adrián se dejó caer sobre la camilla.

—¿Cuatro meses? ¿Cuatro?

—Lo lamento mucho. Esto es una barbaridad. Tenemos que informar de inmediato a la FIA. Ellos decidirán cómo proceder. No te pueden dejar competir así. Esto...

—¿Así cómo?

El doctor la miró, confundido.

—No hay ningún reglamento que diga que hay que ser hombre para competir en Fórmula 1. Si el cuerpo funciona, yo corro.

El doctor la miró como si hubiera perdido la razón.

—Pero Adrián… no tienes idea del revuelo que va a causar esto.

—Entonces mejor que empieces a preparar una buena historia. Porque este domingo yo me subo al coche.

Adrián Soler llevaba una temporada impecable. Tres victorias consecutivas, dos poles en clasificación y un dominio absoluto que tenía a los comentaristas preguntándose si alguien sería 

El doctor la miró, confundido.

—No hay ningún reglamento que diga que hay que ser hombre para competir en Fórmula 1. Si el cuerpo funciona, yo corro.

El doctor la miró como si hubiera perdido la razón.

—Pero Adrián… no tienes idea del revuelo que va a causar esto.

—Entonces mejor que empieces a preparar una buena historia. Porque este domingo yo me subo al coche.

jueves, 29 de enero de 2026

Nuevo Blog

  


Llegué al punto en que tengo tanto material sin publicar que cree un nuevo blog. 

Pueden visitarlo en:

https://johanatgcaps.blogspot.com/

Ya llevo un mes publicando allá, echen un vistazo si no lo han hecho. Los próximos 15 días en este blog habrá relato en lugar de captions pero si quieren captions pueden verlas en mi otro blog. Espero me visiten allá. 

Disculpen si hago spam de mi nuevo blog cada cierto tiempo pero quiero tener visitas también allá.

miércoles, 28 de enero de 2026

La falda


De niño siempre sufrí acoso escolar. Era delgado, de huesos finos y con rasgos delicados. Todos me decían que parecía una niña.

Un día, el peor de todos mis bullies, Alan, junto a sus secuaces, me acorralaron en el baño de la escuela. El aire olía a desinfectante agrio y a humedad. Me quitaron el pantalón a la fuerza y me pusieron una falda. La tela era sintética, áspera contra mi piel. Sentí el frío del azulejo en la espalda y un vacío ardiente en el estómago. "Esa falda te queda muy bonita, Ariel; hasta tu nombre es de niña", dijeron mientras se llevaban mi pantalón.

Tuve que permanecer así el resto del día. El roce de la falda contra mis piernas era un recordatorio constante de mi situación. El sudor frío me pegaba la camisa al cuerpo. Lo más humillante fue que, a pesar de mi pelo corto, muchos en los pasillos creyeron que era una niña de verdad. Susurraban. Algunos se reían. Otros solo me miraban con curiosidad. La vergüenza tenía un sabor metálico en mi boca.

...

Unos años después llegó el Gran Cambio. Mi cuerpo se transformó. Ahora soy una mujer biológica aunque sigo siendo joven, ahora soy una señorita... Los recuerdos de aquella falda impuesta han sido reemplazados por la suavidad de las faldas que elijo ponerme libremente.

martes, 27 de enero de 2026

No puedo creerlo


No puedo creer que Sergio me haya hecho esto. La persona que yo consideraba mi mejor amigo y por la que haría todo, me obligó a convertirme en mujer. Era domingo por la tarde. Estábamos en su casa viendo fútbol, ​​cuando me invitó una bebida extraña. Le pregunté qué era, pero no dijo nada. Entonces me lo tomé y mi cuerpo empezó a cambiar. Cuando terminó el cambió se acercó a mí. 



Quería matarlo, pero en cambio me pareció muy atractivo. Nos besamos y acabamos teniendo el mejor sexo de mi vida. Ese día me convertí en Elena, su amada esposa. Ese cabrón se metió en mi mente. Seguía siendo yo mismo, pero la idea de llevar ropa de hombre me daba náuseas, sabía que tendría que llevar vestidos, faldas y medias todo el tiempo. Y cada vez que lo veía no podía evitar actuar como su esposa. Nos abrazamos y nos besamos muy a menudo, aunque yo no lo quisiera, mi cuerpo está reaccionando a la programación mental que me hizo. Inmediatamente me moje entre las piernas. Ahora estoy esperando que vuelva del trabajo. Estoy ovulando ahora y hoy es mi día más fértil. No puedo dejar de pensar en él y en su polla dentro de mi coño, convirtiéndome en una mamá.





lunes, 26 de enero de 2026

Plantado en el altar


El cliente 2890 tenía 27 años cuando lo dejaron en el altar. Frente a todos, con el traje puesto, las flores listas y su madre llorando. La prometida se fue con alguien más. No hubo explicación, solo un silencio que se volvió insoportable.

El Cliente 2890 desapareció de la vida pública. Nadie volvió a saber de él.

Pero la Clínica Venus sí.

Eligió empezar de nuevo. Pero no como un hombre roto, sino como una mujer… una que nunca volvería a ser el centro de burlas, sino el de deseo.

Renació como Renata.

Fue difícil al principio. Aprender a caminar distinto, a hablar, a vestirse. A ser vista, tocada, deseada.

Pero entonces conoció a Fernando. Un hombre mayor, dulce, protector. Ingeniero, viudo, sin hijos. Le ofreció trabajo en su oficina, luego cenas, luego un viaje al lago. Nunca preguntó demasiado sobre su pasado. Solo dijo:

—Eres lo mejor que me ha pasado en años.

Ahora, cada noche, Renata duerme abrazada a él después de ser embestida y con múltiples orgasmos. Ahora imagina el día en que él se arrodille con un  en la mano.

Fue abandonado en el altar…
Ahora solo sueña con caminar al altar vestida de blanco.

Y esta vez, sin miedo, sin vergüenza.
Esta vez como la novia. 



ÍNDICE DE CONTENIDO


📌 ÍNDICE DE CAPTIONS

🔹 CAPTIONS
¿No te interesan los relatos largos y solo quieres ver captions? Puedes encontrarlas todas [aquí]

🔹 CAPTIONS SERIALIZADAS
Si te gustan las captions pero prefieres que tengan continuidad, en esta sección encontrarás algunas que se desarrollan como una historia. Puedes empezar a leerlas [aquí]

🔹 CLÍNICA VENUS
¿Te atrae la temática de transformación total? En esta sección encontrarás captions ambientadas en la Clínica Venus, una empresa que se dedica profesionalmente a convertir hombres en mujeres. Puedes explorarlas [aquí].

🔹 TOP
Lo mejor de lo mejor. Aquí están recopiladas las captions que han logrado destacar en los tops semestrales o anuales del blog. Si quieres empezar por las favoritas del público, puedes hacerlo [aquí]

📌 ÍNDICE DE RELATOS


🔹 EL DETECTIVE CON FALDAS (EN PUBLICACIÓN)
Tony es un niño muy inteligente… aunque un poco bajito para su edad. Cuando su prima Shirley ve a una misteriosa niña encerrada en el anexo de una casa, decide investigar. Consigue que la inviten junto a un grupo de amigas, pero para no levantar sospechas, le pide a Tony que se una a ellas... como Antonia, otra "niña" del grupo.
Ese es solo el comienzo de las aventuras del Detective con faldas, que resolverá más de un misterio armado con ingenio, vestidos y lápiz labial.
Puedes comenzar a leer su historia [aquí]

🔹 DISCIPLINA DEL LÁPIZ LABIAL (EN PUBLICACIÓN)
Greg se está volviendo un chico difícil: miente, engaña y rompe las reglas. Su madre, decidida a corregir su conducta, toma medidas drásticas.
Pronto, Greg se verá transformado en Pamela, la hija ejemplar que mamá siempre quiso. El mal comportamiento quedará atrás, y en su lugar llegará una nueva vida: amistades inesperadas… y hasta algún beso con otro chico. Puedes leer su historia [aquí]

🔹 LA NOVIA DE MI MEJOR AMIGO (15 PARTES)
Esta historia sigue a Daniel, un chico común cuya vida cambia para siempre tras recibir la misteriosa luz de un meteorito. Al despertar, descubre que ahora es Daniela. Solo su mejor amigo —¿o se volverá algo más?— Guille conoce la verdad. Juntos, buscarán una solución al "problema", mientras los sentimientos entre ellos comienzan a cambiar. Puedes comenzar a leerla [aquí]



🔹 ENAMORADO DE MI MEJOR AMIGA L (7 PARTES)
Carlos está enamorado de Paola, pero hay un pequeño detalle: ella es lesbiana. Desesperado por tener una oportunidad, decide tomar una misteriosa pastilla rosa que lo transforma en Carolina. Lo que comienza como un intento por acercarse a ella, se convierte en un viaje inesperado de descubrimiento personal y nuevos sentimientos. Puedes leer la historia completa [aquí]

🔹 CONEJITA EN PATINES
Esteban es el asistente del entrenador de las Roller Rabbids, un equipo femenil de hockey sobre asfalto, cuando la jugadora estrella es lesionada en un juego. El coach y la doctora del equipo le proponen a Esteban usar el "Protocolo: Afrodita" para que pueda convertirse en mujer y ser parte del equipo. Por desgracia, o fortuna, esto implicará nuevas aventuras y emociones femeninas para Esteban o mejor dicho para Dulce. Puedes leer la historia completa [aquí]


🔹 LA AVENTURA DE KARINA
Daniel es el dueño de un exitoso negocio de ecoturismo pero cuando engaña a Elena, ella lo castiga convirtiéndolo en mujer. Ahora Daniel, convertido en Karina tendrá que mantener su negocio a flote mientras se acostumbra a su nuevo cuerpo. Al poco tiempo uno de sus empleados le comienza a parecer atractivo y se verá envuelta en un nuevo mundo de emociones femeninas. Puedes leer la historia completa [aquí]






domingo, 25 de enero de 2026

Por entrar a la fraternidad


Era un chico apuesto, popular, que siempre se le salía con la suya. Como era de esperar, me nominaron para entrar en la mejor fraternidad del campus: Alfa Omega.

Uno de los miembros me advirtió que la iniciación era dura, pero que Alfa Omega garantizaba el acceso a círculos exclusivos que podrían solucionarme la vida. Me entregó la invitación: el evento era el viernes a las seis, pedía ir con ropa cómoda y en absoluto secreto.

Acepté. Al llegar me llevaron a una habitación donde había otros cuatro candidatos, todos estabamos en pants como nos solicitaron. Entró un hermano con túnica, acompañado de una mujer guapísima en minifalda, top y tacones. Llevaba una bandeja con un frasco de pastillas y vasos de agua.

Nos sirvió agua primero. Luego, una pastilla rosa para cada uno. “Tómenla, es segura. Todos. los efectos son temporales”.

“¿Para qué es?”, pregunté.

“No puedo decírtelo. Aún pueden arrepentirse, pero si quieren entrar a la fraternidad, deben pasar por el rito”.

Cuando volteé, los demás ya las habían tomado. Dudé un instante, pero finalmente la tragué.

Perdí el conocimiento. Al despertar, eran más de las nueve. Al tocar mi cuerpo, sentí unos senos sobre mi pecho. Pensé que era parte de una novatada, que serían de silicon o algo parecido, pero al palpar mi entrepierna… mi pene no estaba allí. Una ola de pánico me recorrió. Seguí recorriendo mi cuerpo. Mis caderas eran anchas y mi cintura breve y mi cabello rubio ahora era largo.

La mujer hermosa estaba en la habitación.

“Es bueno verlas despiertas. No teman, el efecto de la píldora rosa es temporal. En tres meses volverán a ser hombres… a menos que decidan que ya no quieren serlo”.

Nos lanzó una mirada enigmática antes de continuar.

“Su primer rito es ponerse esto. Por hoy pueden usar tenis. Vístanse rápido: un hermano vendrá a presentarlas oficialmente como prospectos”.

Frente a mí había un body negro y unas orejas de conejita y unos tenis estilo converse. Dudé, pero ya había llegado demasiado lejos. Me metí como pude en el body y me puse los tenis.

La ropa me quedaba de maravilla, igual que a las otras "chicas". Y allí nos quedamos, esperando nuestra iniciación confundidas y con miedo. 

sábado, 24 de enero de 2026

Frágil

 


La masculinidad es algo muy frágil, tanto que se rompe muy fácil, pero no te preocupes por volverte una mujer, toma esa pastilla rosa. Es natural desear ser bella,  no debe darte vergüenza es lo mejor que te puede pasar.




Es aún mejor cuando consigues a un hombre que ame a tu nuevo y femenino yo.





viernes, 23 de enero de 2026

El día más feliz de mi vida

 


"¿Mamá, qué pasa? ¿Por qué estoy usando un vestido de novia?

"Vamos, querido, lo sabes muy bien. Tú y tu mejor amigo, Julio, son uña y carne. Siempre han estado juntos, ni siquiera han tenido novias que duren porque les gusta ser mujeriegos... pero Julio tiene 25 años y tú 22.  Y la madre de Julio y yo necesitamos nietos, así que la Sra. Morales usó este hechizo."

"¡Pero soy un hombre, no puedo casarme con él!"

"Bueno, ¿eres un hombre? Mírate. Cuerpo suave, pechos redondos, caderas anchas y esa suavidad entre las piernas. Ya eres una chica de verdad, como yo y las otras mujeres."

"¿Pero por qué me convertí yo en mujer?"

"Porque de ustedes dos, tú eras menos varonil que Julio. El hechizo te eligió. Ahora serás mujer para siempre. Pero no te preocupes, el hechizo te ha convertido en una mujer heterosexual. Ahora, solo los hombres te resultarán atractivos. Amarás a tu esposo. Serás una buena esposa. Y hoy empiezas a ovular. Tengo muchas ganas de saber que tu nuevo esposo te tomó y que me darás mi primer nieto."



jueves, 22 de enero de 2026

La solución

 


Quiero contarles una historia graciosa. Hasta hace unos días yo era Saúl, un chico normalito al que le encantaban los superhéroes, la ciencia ficción y el anime. Desde pequeño fui pésimo para socializar y, de hecho, solo tuve un amigo: Ramón. Éramos como dos clones con lentes; inseparables, mismos gustos… y mismo problema: las chicas ni nos volteaban a ver ni por error.

Un día me quejé con mi hermana mayor y, entre risas, me dijo:
—La solución es fácil: que uno de los dos tome una pastilla rosa y se convierta en la novia del otro.
Y, como si nada, agregó que siempre había querido una hermana y que podía conseguirme la dichosa pastilla si me animaba. Yo me quedé callado. Aunque sonaba a chiste, la idea me pareció… curiosamente práctica. Cuando se lo conté a Ramón, en lugar de reírse, me dijo:
—Pues, no suena tan mala idea.
Y ahí fue cuando la locura comenzó.

Mi hermana me dio la pastilla rosa y, en cuanto la tomé, ¡pum!, me desmayé. Al despertar… bueno, digamos que los “grandes cambios” habían llegado. Tenía curvas donde antes había ángulos rectos, y cada vez que me movía algo rebotaba que antes no existía. Me pasé el primer día mirándome en el espejo como si estuviera viendo un cosplay con presupuesto ilimitado. Mi hermana se moría de risa mientras me enseñaba a caminar sin parecer un robot y a no mirar con sospecha ese par de “nuevos compañeros de viaje” que ahora me seguían a todas partes.

Lo más raro fue ponerme falda por primera vez. Sentía el aire frío en las piernas y la paranoia de que todo el mundo estaba mirando justo donde no debía. Caminaba con las rodillas pegadas como si llevara un secreto nuclear entre ellas. Pero, aunque estaba nerviosa, había algo que me ilusionaba más que nada: la idea de ver a Ramón, de que me reconociera y, quién sabe… tal vez dar mi primer beso.

Un par de semanas después mi hermana me acompañó de compras y elegí un outfit especial para mi primera cita con él. Mientras lo esperaba en el parque, repasaba mentalmente cómo sonreír, cómo hablar con voz dulce y, sobre todo, cómo no tropezarme con los tacones. “Ojalá le guste ahora que soy Sandra”, pensaba, con mariposas en el estómago.

Pasaron quince minutos y Ramón no aparecía. Saqué el celular y lo llamé. Entonces pasó lo más inesperado: escuché su tono de llamada justo detrás de mí. Me giré y vi a una chica muy guapa sosteniendo el teléfono. Contestó y dijo “hola”… y su voz salió por mi bocina. No había lugar a dudas. Ramón también había tomado la pastilla.


miércoles, 21 de enero de 2026

¿De verdad eres tú?

 


¿Miguel? ¿De verdad eres tú? ¡Dios mío! ¿Mi exnovio es una mujer guapa ahora? ¿Cómo paso eso?

¡Ay, hola, cariño! Bueno, ayudé al nuevo vecino, el Sr. Rodríguez, a mudarse a la casa de al lado. Él estaba acomodando muebles pesados, y yo le quité el polvo, fregué los pisos y le preparé la cena. Me dijo que sería una excelente ama de casa y que quería tener una esposa como yo. Pensé que era una broma y me reí. ¡Y no se lo tomó nada bien! Me encerró en su casa y me dió una píldora rosa para feminizarme.




¿Y no te resististe?

Claro que me resistí. Pero fue inútil. Él es un gigante alto y musculoso, y yo era pequeño y mucho más débil que él.  Tu misma me dejaste cuando no pude protegerte de los abusadores, ¿recuerdas? Y las píldora y unas preparaciones especiales transformaron mis pequeños músculos en grasa femenina. ¡Ahora soy más débil que la mayoría de las mujeres!¡ Pero para las mujeres no es vergonzoso ser débil! Mi esposo siempre me lo dice. 

¿Tu esposo?

Sí. Después de la transformación, me obligó a convertirme en su esposa. Así que ahora soy una mujer casada. Soy la Sra. Melisa Rodríguez. 


martes, 20 de enero de 2026

La esposa del pastor



Crecí bajo el techo del pastor Ruiz, mi padre, en un hogar donde todo tenía su lugar: él guiaba, mamá obedecía, y yo debía prepararme para seguir sus pasos en el púlpito. Mi vida entera giraba en torno a la fe, a las Escrituras, al deber.

Pero cuando ocurrió el gran cambio, desperté convertido en mujer. En un principio pensé que era una prueba, un castigo divino… pero con el tiempo entendí que era parte del plan de Dios. Dejé el traje y la Biblia que usaba para los sermones, y mamá me enseñó a usar vestidos, a servir, a ser la mujer que debía ser.

Papá comenzó a entrenar a Hugo, un joven devoto, en el oficio de pastor. Al principio sentí celos: antes era yo quien recibía sus enseñanzas, sus consejos, su mirada orgullosa. Pero Hugo fue siempre amable, atento… y poco a poco, mi corazón se inclinó hacia él.

Ahora espero el día en que Hugo sea ordenado como pastor. Entonces tomaré mi lugar a su lado, como su esposa. Lo acompañaré donde la iglesia nos envíe. Seré su apoyo, su descanso, su paz.
Y cumpliré mi papel con dulzura y obediencia… seré sumisa en la cama y lo complacere siempre, así deben ser las cosas. 




lunes, 19 de enero de 2026

Fusión Corporativa




Fusión Corporativa

Dos titanes de la industria tecnológica se enfrentaban en un duelo que ya no podía postergarse. Axel Fontaine y Luis Moreno, CEOs de dos de las startups más poderosas del continente, sabían que su fusión sería histórica. Juntos dominarían mercados, atraerían capitales, y redefinirían la tecnología en tres continentes. El problema era simple: ninguno quería ceder el control.

Meses de reuniones. Propuestas, abogados, cifras, egos. Nada funcionaba.

Hasta que un mediador, silencioso y discreto, les ofreció una solución radical. Clínica Venus.

— La forma más rápida de unificar empresas —dijo con una sonrisa— es eliminar la competencia. Uno de ustedes se convierte en la esposa del otro. Una única firma. Una única visión. Una sola voluntad al mando.

Ambos hombres rieron al principio. Pero algo en la idea… despertó la curiosidad. El poder absoluto. La rendición total. El control perfecto.
Para decidir quién conservaría su puesto y quién lo cambiaría por un vestido y una vida de sumisión, escogieron el único lenguaje que ambos respetaban: una partida de ajedrez.

El acuerdo era simple:
— El ganador se quedaría con la presidencia de la nueva empresa.
— El perdedor iría directo a Clínica Venus, donde sería transformado física y mentalmente para convertirse en la esposa ideal del otro.

La partida fue intensa. Dos horas de estrategia, tensión y respiraciones contenidas. Axel ganó.

Luis se mantuvo en silencio. Cerró el tablero, apretó los labios… y firmó los papeles sin discutir. Esa misma noche, fue recogido por una limusina negra sin placas y llevado a las instalaciones privadas de la Clínica.

Allí, comenzó el verdadero proceso. Luis fue despojado de sus trajes, de sus claves de acceso, de sus derechos. Tomó la pastilla rosa bajo observación y fue asignado al programa especial: Reprogramación Ejecutiva Reversiva.

Durante treinta días, se le presentaron nuevas prioridades:

“Ya no debes tomar decisiones. Solo verte hermosa.”
“El liderazgo era una carga. Ahora tu misión es complacer.”
“Cada vez que sonríes para tu esposo, fusionas algo más profundo que cualquier empresa.”

Su cuerpo se moldeó a la perfección. Pechos firmes, caderas anchas, cintura estrecha. Su mente se ajustó al ritmo suave de la obediencia. Su nuevo nombre fue Lucía Fontaine.

Cuando Axel la vio por primera vez tras su transformación, solo dijo:
— Valió cada jugada.

La boda fue sencilla, privada, con un solo contrato firmado: la propiedad total de la empresa y del cuerpo de Lucía, ahora oficialmente su esposa.

Hoy, Lucía no revisa correos ni hace presentaciones. Su agenda está llena de clases de yoga, rutinas de gimnasio, citas para depilación y sesiones de obediencia marital. Vive en una residencia de lujo con vista al mar, donde cada habitación tiene un espejo para recordarle quién es.

"Pensé que perdería el poder. En realidad, me liberé de él."
Eso escribió Lucía en una nota manuscrita enviada a la Clínica en su primer aniversario de bodas.











domingo, 18 de enero de 2026

Me fascinan las faldas

Desde que tenía cinco años, las faldas de mis compañeritas me fascinaban. No era solo el color o los dibujos, sino la forma en que flotaban cuando ellas corrían, como si atraparan un pedazo de viento. Yo me quedaba mirándolas con una mezcla de curiosidad y anhelo que no podía explicar.

Una tarde, creyendo que estaba solo, abrí el cajón de mi mamá y encontré unas pantimedias. Eran suaves como un susurro, tibias al tacto. Me las puse, sintiendo cómo mi piel parecía abrazar la tela. Apenas estaba mirándome en el espejo cuando escuché el ruido de la puerta. Ella estaba ahí, inmóvil, observándome. No gritó. No preguntó. Solo me sostuvo la mirada, como si guardara una respuesta que yo aún no podía entender.

Unos días después, me llamó a su habitación. Sobre la cama había un vestido pequeño, de una prima que ya no lo usaba. Me dijo que lo llevaría como castigo. Me lo colocó con firmeza, esperando que me avergonzara. Pero cuando la tela rozó mi piel y vi mi reflejo, sentí una alegría que me calentó el pecho. No era un castigo. Era un regalo que no se atrevía a nombrar.

El tiempo pasó y ese interés no desapareció. Al cumplir trece años, mi mamá me miró con una mezcla de ternura y resolución.
—No puedes ser un hombre que usa ropa de mujer —dijo, mientras ponía en mi mano una pequeña pastilla rosa.

La tomé, y con ella, dejé de ser Antonio. Desde ese día fui Alexia. Comencé a vivir como siempre había soñado: vestidos cada mañana, medias suaves, el cabello suelto. Y en cada paso sentía que el mundo, por fin, tenía mi forma.

Cuando volví a la secundaria convertida en mujer, todo cambió. Me volví muy popular, más de lo que jamás imaginé. Hice amigas, aprendí a jugar con las miradas, y ahora tengo un novio que me hace sonreír todos los días. La vida, sin duda, se volvió mucho más interesante.





sábado, 17 de enero de 2026

Tratamiento Contra La Infertilidad



Cliente 0612 llegó a Clínica Venus con el corazón roto.

Había estado casado durante dos años con la mujer que creyó sería la madre de sus hijos. Desde niño, soñaba con tener una familia. Enseñar a un hijo a andar en bici. Ver una caricatura abrazando a su hija. Ser ese papá paciente, divertido, protector.

Pero el diagnóstico fue claro: infertilidad irreversible.

Intentaron tratamientos. Inseminación. Adopción. Nada los unió. Su esposa se fue. Él se quedó con una casa silenciosa, una cuna vacía en el pasillo y una fe quebrada.

Fue entonces que escuchó hablar de Clínica Venus.

Vino con una sola pregunta:
—¿Es posible… ser fértil otra vez?

Nuestra respuesta fue desconcertante:
—Sí. Pero no como padre.

Durante semanas dudó. Rechazó la idea. Luego empezó a imaginarlo. ¿Y si podía ser madre? ¿Y si su cuerpo podía dar vida, aunque no de la forma que había soñado?

La transformación fue pausada, respetuosa. Con cada sesión, algo dentro de ella sanaba. Se miraba al espejo con incredulidad al principio. Luego con cariño. Al final, con ternura. Descubrió que sus manos seguían siendo cuidadoras, aunque ahora tuvieran uñas pintadas. Que su voz podía calmar, aunque sonara distinta. Que su instinto de criar seguía intacto, solo había cambiado de forma.

En una gala de la clínica —una de nuestras noches de celebración— conoció a Damián, un hombre diez años mayor que ella, con barba plateada, manos firmes y una mirada que no la juzgaba, sino que la escuchaba.

Bailaron.

Luego compartieron café.

Luego compartieron el resto de sus vidas.

Se casaron en primavera. Él le propuso formar una familia. Ella lloró cuando el test dio positivo. Lloró porque era real. Porque al fin… iba a tener un hijo.

Hoy, en su octavo mes de embarazo, camina por la clínica con una mano sobre su vientre. A veces ríe, a veces canta. Ya no duele haber perdido a su antigua vida. Porque esta —aunque nunca la imaginó así— le dio aquello que más anhelaba.

Un hijo. Una familia. Y un cuerpo capaz de dar amor en su forma más pura.

Clínica Venus. No cumplimos tus sueños: los transformamos.




INDICE. DISCIPLINA DEL LÁPIZ LABIAL.




Crearé esta entrada para que puedan tener una lectura más fácil de la saga de la disciplina del lápiz labial. 


EL NACIMIENTO DE PAMELA

El nacimiento de Pamela incluye los capítulos que explican porque Greg comenzó a usar ropa de niña hasta ser bautizado Pamela y sus primeras aventuras en público.

Capítulo 1: Los primeros años

Capítulo 2: El nuevo sabor del jabón

Capítulo 3: Mentiras rosas

Capítulo 4: Charlas de chicas

Capítulo 5: Mi secreto es descubierto

Capítulo 6: Más cambios

Capítulo 7: Un día muy extraño.

Capítulo 8. Una tarde más extraña

Capítulo 9: Un nuevo régimen


PAMELA LA NIÑA

Los capítulos siguientes hablan de la introducción de Pamela a los rituales femeninos desde su primer limpieza femenina, hasta su primer cumpleaños como chica, su primera cita en vestido, sus primeros sueños húmedos femeninos y su primer trabajo en vestido y tacones.

Capítulo 10: Juegos Secretos

Capítulo 11: Fantasías de una madre y su hija

Capítulo 12: La cumpleañera

Capítulo 13. Fiesta para una debutante

Capítulo 14. Diversión en verano.

Capítulo 15. Atrapado en un bikini..

Capítulo 16: La prueba

Capítulo 17. El Día de Sadie Hawkins

Capítulo 18: La primera cita de Greg

Capítulo 19: Una noche de sorpresas

Capítulo 20: Una novia agradecida

Capítulo 21: Víctima de las circunstancias

Capítulo 22: Dama de Servicio

Capítulo 23: Desventuras en braguitas

Capítulo 24: Pamela, la maid

Capítulo 25: Un nuevo trabajo


DANI, LA AMIGA DE PAMELA

Estos capítulos compilan la historia de cómo Greg/ Pamela conoció a un chico con el mismo gusto por la ropa femenina que él/ ella. Primero comienzan a convivir en la escuela como chicos, pero pronto terminan usando ropa provocativa en público y besando a un chico que iba pasando en el lugar y momento indicado.

Capítulo 26: Un nuevo amigo

Capítulo 27: Intercambiando Secretos

Capítulo 28: Novios o novias

Capítulo 29: Las cosas se complican

Capítulo 30: Pamela Sale a la Luz

Capítulo 31: Que desastre

Capítulo 32: Las chicas se preparan.

Capítulo 33: Noche de chicas

Capítulo 34: Una chica y sus amigas

Capítulo 35: Confesiones

Capítulo 36: Un estado de confusión

Capítulo 37: Atrapado


PAMELA, LA HIJASTRA

Cuando Greg se va de vacaciones con su papá piensa que los días usando vestidos han terminado, al menos por un tiempo. Pero su madrastra, Louise, descubre su secreto rápidamente y lo hace usar vestidos en el cine, en la plaza e incluso en un bar dónde coquetea con un hombre mayor en una de las etapas de aventuras más atrevidas de Pamela.

Capítulo 38: Mamá y Louise

Capítulo 39: La buena hijastra

Capítulo 40: Madrastra e hija

Capítulo 41: Aventuras en el arcade

Capítulo 42: Película para chicos

Capítulo 43: Amigas

Capítulo 44: De vuelta a las andadas

Capítulo 45: El pretendiente

Capítulo 46: Papá conoce a su niña



PAMELA VICTORIOSA

Después de la visita a su padre Greg cree que puede dejar de usar vestidos, sin embargo, nada sale como él esperaba y termina atrapado en faldas de nuevo. Poco después conoce a Kevin y se da cuenta que siente cosas por él ¡cosas de niña! La confusión en él es tanta que decide rendirse a su lado femenino y adoptar la personalidad de Pamela permanentemente.


(Próximamente)

viernes, 16 de enero de 2026

No me importa



A mi marido le encanta que su antiguo mejor amigo sea ahora una mujer débil mientras él vive la vida de un hombre fuerte. Me obliga a usar faldas y vestidos únicamente y quiere que sea ama de casa y que pronto sea madre.


¡No me importa, me encantaría estar embarazada de él, quiero ser mamá y también me encanta ser mujer!

jueves, 15 de enero de 2026

Todos los hombres son basura


 

¡Todos los hombres son basura!

Ahora entiendo por qué mamá me hizo tomar esa píldora rosa. Yo era un chico problema, impulsivo, terco… seguro habría terminado mal. Pero desde que me convertí en mujer, conocí todo el universo que antes despreciaba.

Me enamoré de Paco. Lo conocí en la universidad, era dulce, atento… o eso creía. Le di mi amor, mi tiempo, incluso mi primera vez. Nueve meses de relación, hasta que su “mejor amiga” dejó de ser solo eso.

Me engañó. Todo el tiempo. Quise gritarle, llorar, romper todo. Pero mamá me recordó:
—Ya no eres un hombre. No resuelvas con fuerza. Resuelve con inteligencia.

Así que lo hice. Fingí. Sonreí. Y esperé.

Dos meses después, cuando tuvo una infección, lo acompañé al médico. Yo misma fui a recoger sus medicinas. Y le di la pastilla equivocada. Una rosa. Muy parecida. Pero completamente distinta.

Hoy, Paco ya no es Paco. Tampoco es un hombre.  Ahora se llama Paola, Pao.

Y no sé si será una buena mujer. Pero sé que ya no puede seguir siendo un mal hombre.

miércoles, 14 de enero de 2026

Nuevo Blog

  



Llegué al punto en que tengo tanto material sin publicar que cree un nuevo blog. 

Pueden visitarlo en:

https://johanatgcaps.blogspot.com/

El blog de allá estará enfocado 100% en captions y este mantendrá su equilibrio de 50% captions y 50% relatos.

Disculpen si hago spam de mi nuevo blog pero quiero tener visitas también allá. 

martes, 13 de enero de 2026

Sólo obedeceme



"¡Ven aquí, cariño, y siéntate a mi lado!", me dijo Oswaldo. "Tengo buenas noticias, querida. Sé que cuando eras chico te sentías muy estresado por tener que trabajar, ganarte la vida y tomar todas esas decisiones. Te secuestré, te transformé en mujer y ahora asumo toda la responsabilidad por ti. Ya no tienes que preocuparte por eso, ni por nada más, excepto por una cosa: tu total obediencia hacia mí. De ahora en adelante, tomaré todas las decisiones por ti. Todo tu estrés se ha ido. Solo obedéceme, haz lo que te digo, y podrás ser feliz, libre de preocupaciones, libre de estrés. Ahora soy tu esposo y protector, y tú solo eres una mujer débil. Mi esposa. Las únicas tres cosas que debes decidir cada día: qué vestido o falda ponerte, qué medias o pantimedias usar y qué color de lápiz labial usar para verte guapa para mí."



"Ve ahora a nuestra habitación y dame las gracias por todo lo que estoy haciendo por ti..."

lunes, 12 de enero de 2026

La llamada

 


Hola Armando, tienes que ayudarme. ¿Qué quieres decir con "¿Quién es?" Soy tu mejor amigo Saul. Sí, soy yo, no puedo evitar sonar como mujer, es que estoy en el cuerpo de una mujer. Alguien me debe haber hecho algo y ya no puedo sonar como un hombre. Incluso voy vestido de mujer. 


¿Qué? ¿Qué llevo puesto? Bueno, llevo un conjunto corto de dos piezas morado muy bonito y un conjunto a juego de ropa interior, bragas y un brasier. Me acabo de despertar y me encontré en esta habitación vestidobasí y ni siquiera puedo quitarme el maquillaje. 



¿Qué? Tengo el pelo largo, aunque sigue siendo negro y mi peinado es femenino. Ayúdame, amigo, tráeme ropa de hombre lo antes posible, estoy empezando a pensar en cómo me veo y sueno. Ay, Dios mío, ¿por qué se me ponen duros los pezones (¡ay, no, tengo pechos de verdad!) y por qué se me moja la entrepierna (¡ya no tengo pene, tengo vagina!) cuando hablo? ¿Ahora contigo? ¡Oh, oigo tu voz tras la puerta! ¡¿Tú me hiciste esto?! ¡¿Siempre me quisiste como a una mujer?! ¿Seré tu esposa?... ¡Ay, qué me pasa?! ¡Empiezo a pensar como una mujer!... ¡Sí, mi amor, tu esposa está lista para ti! ¡Tómame ahora, mi amado esposo!

domingo, 11 de enero de 2026

Condena


El sol de la tarde acaricia mi piel mientras espero en el parque. La minifalda blanca deja que el viento juegue con el borde, y la blusa rosa, ceñida y ligera, apenas disimula los latidos que me delatan. No puedo evitar sonreír al pensar en lo diferente que es mi vida desde hace ocho meses.

A veces me cuesta creer cómo empezó todo. Antes era un muchacho lleno de rabia, incapaz de entender un “no”. Cuando Tamara me rechazó, la furia me cegó. Intenté golpearla, y aquello cambió mi destino. Frente al juez, su defensa propuso algo inverosímil: evitar la prisión si aceptaba tomar una píldora rosa y vivir un año como mujer. Un castigo, decían, para enseñarme empatía. Acepté, convencido de que seguiría siendo yo bajo una nueva piel. Qué equivocado estaba.

Los primeros días fueron desconcierto puro. La ropa, las miradas, el peso distinto del mundo. Tenía que tomar alguna clase para socialiAr en mi nuevo rol como parte del arreglo, así que me inscribí en baile. Allí conocí a Jorge.

Jorge... tan dulce, tan atento. Siempre con una broma suave en los labios, siempre mirándome como si yo fuera algo frágil y valioso. Al principio me irritaba; no quería su ternura, no quería su protección. Pero poco a poco comencé a esperarla. Comencé a esperarlo a él.

Un día, se me declaró. Dijo que le gustaba mi forma de moverme, mi sonrisa, la manera en que me mordía el labio cuando estaba nerviosa. No supe qué responder. Recordé el “no” de Tamara, su firmeza. Por primera vez entendí lo que significaba tener el poder de elegir. Le dije que no. Y él lo aceptó con la misma serenidad con la que me había confesado su amor.

Dos meses después, sigo pensando en su mirada. En cómo me trata, en cómo me escucha, en cómo me hace sentir viva. Y hoy... hoy ya no quiero seguir fingiendo que puedo resistirlo.

Me puse la falda más corta que tengo, la blusa que mejor abraza mi cuerpo, y vine al parque con el corazón temblando. Él no sabe nada: ni de la píldora, ni de mo pasado, ni del chico que fui. Solo conoce a la mujer que soy ahora.

Lo veo venir. El sol le da de lleno en la cara y mi respiración se acelera. Cuando llega, me sonríe con esa calma suya que siempre me desarma.
—Te ves hermosa —me dice.
—Gracias —susurro—. Jorge… hay algo que quiero decirte.

Él se sienta junto a mí, curioso. Mis manos tiemblan.
—Aquella vez… cuando dijiste que te gustaba, yo te dije que no. Pero no fue porque no sintiera nada —le confieso—. Fue porque tenía miedo.
Sus ojos se suavizan, y el silencio que nos rodea se vuelve cómplice.
—¿Y ahora? —pregunta.

Respiro hondo.
—Ahora no quiero seguir fingiendo. Si aún sientes lo mismo… quiero ser tu novia.

Jorge se queda quieto por un segundo. Luego sonríe, despacio, como si no quisiera romper el momento.
—Claro que sí —responde.
Y antes de que pueda decir algo más, se inclina hacia mí.

Su beso es cálido, suave, pero también seguro. Me acaricia la mejilla, y siento humedad en mi entrepierna. Siento que existo.

Cuando nos separamos, apoyo la cabeza en su hombro.
No le diré nunca la verdad. No necesito hacerlo.
Porque en el fondo, ya no importa cómo empezó esta historia.

En unos días tengo reunión con los abogados de Tamara y el juez para decidir si seguiré viviendo así o volveré a ser hombre. 
Yo ya decidí vivir mi vida como mujer. 







sábado, 10 de enero de 2026

Papá conoce a su niña (46)

 



Capítulo 46. Papá conoce a su niña. 

Louise pidió otra botella de champán y yo empecé a disfrutar. Aceptar la situación me permitió relajarme y, al poco tiempo, ya estaba riendo y pasándolo genial.

—Vamos, princesa, cuéntame de ti —me animó mi madrastra—. No es la primera vez que sales como chica, ¿verdad?

Mi lenguaje corporal me delató y me encontré contándole cosas que jamás habría pensado revelarle a nadie… Quería limitar mis historias a cómo mi madre me obligaba a disfrazarme. Louise era tan comprensiva y se interesaba tanto en escucharme hablar que se me escapó lo del día de Sadie Hawkins. Una cosa llevó a la otra y le conté también que Danny y yo a veces jugábamos a disfrazarnos.

—¡Tienes una amiguita con quien compartir tu secreto! ¿No es dulce?

Asentí.

—No puedes contárselo a mi papá —susurré—. ¡Prométeme que no lo harás!

Mi madrastra soltó una risita.

—No, princesa, no diré ni una palabra. Te lo prometo.

Después de todo el champán, tuve que ir al baño. Louise me acompañó. Me observó con atención mientras me acomodaba las medias y el vestido.

—¡Eres una niña! ¡Te lo juro, Greg, si fueras mío, no te dejaría usar ropa de chico!

Después de arreglarnos el maquillaje, volvimos a nuestra mesa. Louise no dejaba de recorrer el lugar con la mirada.

—¿A quién buscas? —pregunté.

Mi madrastra asintió.

—Ya lo verás.

Miré a mi alrededor, sin saber qué esperar. Había perdido el miedo tras mi encuentro con el hombre bigotudo. Al fin y al cabo, casi no conocía a nadie en este pueblo… casi.

Mi padre estaba, a menos de seis metros de distancia, escudriñando a la multitud. Luego caminó hacia nosotros, con una sonrisa, sus ojos abiertos de alegría mientras se fijaban primero en mi madrastra y luego en mí.

Estábamos de pie junto a la mesa mientras mi papá se acercaba. Parecía tan feliz que no podía creerlo. Le sonrió a Louise y luego a mí. No entendía por qué era tan amable. Sabía que se enojaría al verme vestido de chica. Le devolví la sonrisa y lo saludé con la mano. Él me jaló para saludarme con un beso en la mejilla.

Entonces la cosa se puso fea. Papá le dio a Louise un besito en la mejilla y le susurró algo al oído. Ella rió como una estudiante de secundaria, acariciando su ancho pecho y dejando que la mano de él se posara en su cintura.

Me quedé allí, en silencio, mientras mi padre me miraba de arriba abajo…

—¿Y esta jovencita tan guapa? —canturreó con suavidad—. No creo haber tenido el placer…

Miré fijamente a Louise. No salió ninguna palabra de su boca, ningún consejo, ninguna ocurrencia. Al parecer, estaba solo. Intenté aclararme la garganta mientras papá volvía a hablar.

—¿Y tú eres? —dijo tras un momento de silencio.

Sentí lágrimas de vergüenza.

—¿Louise? —gimoteé.

—Te prometí que no se enteraría por mí, princesa. Dile quién eres.

Lo que pasó después fue un borrón. La sonrisa de mi padre desapareció, reemplazada por una mirada de odio.

—¿Papá? —susurré mientras me flaqueaban las rodillas.

Lo siguiente que supe fue que estaba sentado a la mesa, con mi padre frente a mí. Me miraba fijamente, como si no pudiera creer lo que veía.

Fue el peor momento de mi vida.

—Debería haberlo sabido. Te dejo solo con tu madre y ahora tengo un mariquita por hijo.

Estaba seguro de que me golpearía, pero no lo hizo; solo me arrancó la peluca.

—¿Cómo puedes usar eso? ¿Quieres chupar pollas y dejar que te den por el culo?

Lloré al oír a mi padre hablarme así. Louise soltó una risita.

—¿Tuviste algo que ver con esto? ¡Perra! ¡Lo sabías… y no hiciste nada para impedirlo!

—No había nada que impedir, querido. —Louise me miró y me guiñó un ojo—. Lo único que hice fue dejarlo ser.

Mi padre frunció el ceño.

—¿Qué demonios significa eso? ¡Nunca dices nada con sentido cuando estás borracha!

Mi madrastra soltó una risita.

—Solo te digo las cosas como son, cariño. Tu precioso hijito es una putita con bragas, le gusta el lápiz labial y coquetear con hombres.

Fue entonces cuando la abofeteó.

—Papá, no… ¡por favor!

—¿En qué estabas pensando? ¡Estúpida… podrías haberlo parado! —La golpeó tan fuerte que me asustó—. ¡Es mi hijo, no uno de esos maricones con los que andas!

—Papá… ¡noooo!

Para entonces, ya habíamos atraído demasiada atención y salimos del restaurante. En el estacionamiento, mi papá me arrastró hasta el auto. Louise parloteaba sobre lo buena niña que era.

—¡No puedo creerlo! ¡Eres mi hijo! ¡No un maldito maricón!!! ¿En qué demonios estabas pensando vistiéndote de puta? ¿Qué te ha hecho tu madre? ¿Al menos tienes tus pelotas? ¿O te las cortó?

—¡Papá, por favor…!

Mi padre me miró fijamente, con los ojos rojos. Hice una mueca cuando levantó la mano. Me estremecí cuando tiró de mi vestido. Lo rompió de la parte de arriba dejando al descubierto mi sostén.

—¿Qué carajo? ¡Incluso tienes tetas!

—Por favor, papi, no te enfades —sollocé—. Se suponía que… no debías saberlo.

—No eres más que un maldito maricón. Mi hijo está muerto para mí. ¡Maldita sea! ¡Malditos los dos se pueden ir al infierno! —Dijo con odio.

Y dicho esto, me metió a rastras en su coche y me llevó de vuelta a casa.

viernes, 9 de enero de 2026

El Pretendiente (45)





Capítulo 45. El pretendiente.

Para mi sorpresa —¡y horror!—, llegamos a un local de aspecto caro, con servicio de aparcacoches. Los jóvenes que nos recibieron sonreían abiertamente. Tenía tanto miedo que no pude mirarlos a los ojos. Louise, por supuesto, se mostró elegante y coqueta al entregar las llaves y dar la propina. Me sentí completamente vulnerable con mi disfraz de niña mientras veía nuestro coche —y cualquier esperanza de escape— alejarse.

La entrada del restaurante estaba llena de espejos, lo cual me resultaba desconcertante. Mirara donde mirara, veía a la alta rubia con el ceñido vestido negro y a su delicada acompañante vestida de rosa. Estaba tan cautivada por mi reflejo que tuve que detenerme a mirar. El peinado recogido, las perlas, el vestido baby doll y los tacones… me costaba creer que en realidad fuera un chico de catorce años quien me miraba; incluso me saludé con la mano, solo para asegurarme.

—¿Qué divertido? —dijo Louise con una sonrisa radiante en su cara de muñeca—. No te molestes en negarlo, princesa. Te encanta.

Me encogí de hombros tímidamente y asentí. Mi miedo estaba al máximo al ver la cantidad de gente que íbamos a desfilar. Me metí en el papel de chica tímida, aferrándome a mi madrastra mientras seguíamos a la anfitriona al comedor. Esto era casi tan malo como el Día de Sadie Hawkins en el instituto. Mirara donde mirara, me devolvían la mirada rostros vueltos hacia arriba; hombres y mujeres sonrientes nos dedicaban toda su atención. Sabía con certeza que mi identidad secreta ya no era un secreto. ¿Por qué si no me estarían mirando así todos?

Nos ofrecieron un reservado, pero Louise insistió en una mesa con vista a la ciudad desde una ventana, lo que me puso aún más nervioso. Aunque pavonearse con ese ridículo vestido ya era bastante malo, sentarse era especialmente difícil. El ligero y vaporoso dobladillo flotaba sobre mis muslos y se subía constantemente, obligándome a tirar de él una y otra vez. Tenía que mantener las piernas juntas y apretadas constantemente o, de lo contrario, un momento de descuido habría provocado que la prenda, que parecía de hadas, se me subiera por la cintura. ¡Desde luego no quería que eso pasara!

Apenas habíamos tenido tiempo de dejar los bolsos cuando llegó el camarero con una botella de champán y unas copas.

—De parte de unos admiradores —dijo con una sonrisa radiante.

Louise le devolvió la sonrisa y asintió.

—Muchas gracias. Di "gracias", princesa.

Me ardían las mejillas y murmuré:

—Gracias, señor.

—De nada, señorita —levanté la vista el tiempo justo para ver al camarero llenando nuestras copas y haciendo un gesto con la cabeza hacia nuestros benefactores—. Allí están los caballeros, por si les interesa.

Sentí que alguien me daba una patada en el tobillo.

—Sonríe y saluda a los buenos hombres, princesa —me indicó Louise—. Recuerda que eres una dama.

Siguiendo el ejemplo de mi madrastra, me giré en mi asiento e hice lo que me decía. Me quedé atónito al encontrarme saludando y sonriendo a un par de hombres de mediana edad con traje.

—¿No es divertido? —preguntó mi madrastra, dando un sorbo a su bebida.

Nuestros benefactores levantaron sus copas y asintieron. Sin saber qué más hacer, imité sus movimientos. Entonces di un trago al espumoso. Arrugué la nariz y me pregunté por qué alguien bebería algo así.

—No seas mojigata, querida —me animó Louise—. ¡Alguien pagó un buen dinero por esto. Bebe!

Tomé otro sorbo y susurré nervioso:

—¿Quiénes son? ¿Los… los conoces?

Mi madrastra sonrió, tomó otro trago y se encogió de hombros.

—¿Importa?

—¡Hola, chicas! ¿Les importa si nos unimos?

Casi me caigo de las medias cuando nuestros admiradores aparecieron de repente junto a nuestra mesa. Estiré el cuello y me sentí impotente al ver lo altos y poderosos que parecían de cerca. No eran unos simples estudiantes de instituto comportándose como tontos. Parecían hombres de negocios que habían salido a pasar un buen rato.

Louise dijo algo y de repente ya estaban tomando asiento, poniéndose cómodos. Nos miraban a ambos, como lobos observando a su presa. El fuerte olor a loción para después del afeitado, alcohol y cigarrillos me golpeó la nariz. Sentí que el corazón me daba un vuelco mientras jugueteaba con los cubiertos.

Louise levantó su vaso hacia nuestros invitados, indicándome que hiciera lo mismo. Los dos hombres se sonrieron y siguieron su ejemplo.

—Muchas gracias por el champán —dijo con una risa musical—. Fue muy amable de su parte. No tenían por qué hacerlo.

Noté que los hombres se miraban y asintieron. Entonces vi cómo uno, con una espesa cabellera ondulada, muy parecida a la de mi padre, se fijaba en Louise. El otro, con una calva incipiente y un bigote canoso justo encima de una sonrisa lasciva, me miraba fijamente.

—Claro que sí —dijo el primero con suavidad—. Tuvimos que hacerlo para conocerlas. ¡Salud!

Todos tomamos un trago. Tenía tanto miedo que me entró un poco de champán por la nariz y empecé a atragantarme. Me sentí como un tonto intentando recuperar el control.

—¿Estás bien, cariño? —Sentí una mano cálida acariciarme el hombro y luego una palmadita en la espalda—. ¿Necesitas ayuda?

El hombre calvo con bigote me frotó la espalda desnuda de arriba a abajo con la mano mientras tosía y me atragantaba durante un rato más o menos. De alguna manera, logré superarlo y susurré algo como:

—No, está bien. Estoy bien.

La mano errante me frotó la espalda de arriba abajo unas cuantas veces más. No me sentí mal, pero sí me asustó. Me retorcí en el asiento cuando la enorme pata se deslizó por la espalda de mi vestido y me acarició el trasero, apretándolo firmemente solo un instante antes de apartarse.

—¡Guau, me dejaste preocupado por un momento! —dijo mi nuevo amigo con preocupación—. Por un momento pensé que iba a tener que hacerte el boca a boca.

No me pareció gracioso, pero a los demás sí. Mi nuevo amigo me dio unas palmaditas en la espalda hasta que me sentí mejor. Miré a mi "salvador" y pensé en cómo sería si hubiera posado sus labios sobre los míos. Nunca antes había besado a alguien con bigote. La sola idea era tan aterradora como intrigante.

—¿Qué les parece si nos vamos de aquí y ustedes, chicas, vienen al hotel con nosotros? —dijo el primer hombre—. Podemos pedir todo el champán que quieran y, si tienen hambre, también podemos pedir servicio a la habitación. Podemos hacer una fiesta, solo nosotros cuatro.

—Sí, una fiesta —murmuró el hombre calvo. Lo vi mirándome los pechos—. Solo nosotros cuatro.

—¿Qué dices, princesa? —preguntó Louise. Me guiñó un ojo mientras daba un sorbo a su champán.

—Sí, ¿qué dices, princesa? —repitió mi cita. Se inclinó hacia delante, su cálido aliento me hizo cosquillas en las pestañas—. Ese vestido te queda precioso —gruñó con vehemencia—. Quedará aún mejor en el suelo de mi habitación de hotel.

Louise se partió de risa y el otro también. Me quedé sin palabras. De verdad, estaba tan asustado que casi me hago pis encima. Una cosa era disfrazarme y hacer creer a la gente que era una chica, pero ¿enfrentarse a algo así?

—Louise… —gemí suavemente.

Mi madrastra sonrió.

—Es un poco joven para ti, ¿no crees?

El Hombre del Bigote se encogió de hombros.

—Me gustan jóvenes —admitió.

Mi acompañante se inclinó de nuevo hacia delante, esta vez rozando con sus labios mi oreja.

—Vamos, no te asustes, cariño —susurró—. Tengo una polla enorme. A una niña como tú le encantará.

Miré desesperadamente a mi madrastra en busca de ayuda, pero ella estaba ocupada. El hombre de la espesa mata de pelo le susurraba al oído; algo tan desagradable como lo que yo estaba soportando, sin duda. Louise no pareció ofenderse en absoluto. Simplemente rió alegremente, dio otro sorbo y puso la mano en el hombro de su amigo con un cariño aparentemente genuino.

Fue entonces cuando sentí una mano en mi rodilla. Se quedó ahí un instante y luego empezó a subir entre mis muslos. Apreté las piernas, justo a tiempo para defender mi honor, pues mi cita trabajaba rápido. Casi me muero pensando en qué habría pasado si me hubiera tocado entre las piernas.

Para no dejarse vencer, el hombre calvo y bigotudo deslizó la mano bajo mi trasero cubierto de nailon y me dio un fuerte pellizco.

—¡Ay! —grité—. ¡Me dolió!

Mi cita sonrió y susurró:

—Espera a que volvamos a nuestra habitación, princesa. Te voy a dejar sin aliento.

Esto continuó durante unos minutos más, Louise bebiendo champán, nuestros invitados susurrándonos cosas sucias al oído y yo ahuyentando al pulpo humano. Para mantener la calma, mantuve la mirada fija en mi madrastra. Parecía una supermodelo con un sencillo vestidito negro, tacones plateados y un bolso a juego.


Miré mi reflejo en el escaparate y recordé lo femenina que me veía con pintalabios y perlas. Con razón recibíamos tanta atención. Parecíamos un par de mujeres buscando hombres. Me debatía entre el terror y el placer cuando mi madrastra se acercó y me secó la boca con la servilleta.

—Arréglate el pintalabios, princesa. Estás hecha un desastre.

Con manos temblorosas, hice lo que me dijo. Nuestros dos compañeros me observaban como si estuviera haciendo un truco de magia complicado.

Estoy en problemas, pensé mientras me pintaba los labios con el brillante lápiz labial bermellón.

Sintiéndome particularmente cohibido, miré a mi alrededor mientras me pintaba la boca. Mi paranoia estaba justificada. Vi varios hombres y algunas mujeres viéndome, o mejor dicho viendo mis piernas, mi busto y mis labios.

A pesar de todos mis miedos y ansiedad, tenía que admirar a mi madrastra y cómo se manejaba. Allí estaba yo, al borde de un ataque de nervios en compañía de estos dos hombres, y ella los eludía con facilidad. No dejaban de sonreír y presionarnos para que nos fuéramos con ellos, pero con cada intercambio de palabras, tenían menos confianza. Sus expresiones me recordaron a un par de chicos traviesos que habían sido pillados con las manos en la masa y acababan de recibir una reprimenda.

—¿Cómo lo hace? —reflexioné mientras me bajaba el dobladillo del vestido en un vano intento por conservar mi modestia.

Mi pánico llegó al límite cuando mi "cita" me agarró de la muñeca y empezó a levantarse.

—Vamos, Roberts, llevemos a estas dos de vuelta a la habitación. Esta pequeña provocación me pone tan cachondo que estoy a punto de reventar.

Miré a mi madrastra, horrorizado y desesperado. Ella simplemente sonrió. Luego vació su vaso y le dio una palmadita a su "novio" en la barba de las cinco.

—Chicos, esto ha sido divertido, pero mi hijastra y yo ya tenemos una cita. Es hora de que se vayan. En otro momento, quizás.

—¡No hablas en serio! —protestó el "peludo" riendo. Le susurró algo al oído a mi madrastra. Ella rió y asintió, y luego negó con la cabeza.

—No, en serio. Suena divertido, cariño, pero ¿qué diría tu esposa?

El hombre suspiró y se encogió de hombros.

—¿De verdad importa?

—No salgo con hombres casados —dijo Louise alegremente—. Excepto con mi esposo, quiero decir.

Valiente en la derrota, el hombre sonriente asintió. Tomó la mano de mi madrastra y la besó.

—Habría sido divertido —dijo con un rayo de esperanza. Sin embargo, la mirada en los ojos de Louise selló su destino.

Por desgracia para mí, todavía tenía mis propios problemas. El hombre calvo me miró, me hizo una mueca de beso con sus labios bigotudos.

—No estás casada, ¿verdad, princesa? ¿Por qué no vienes con nosotros?

—Louise —grazné.

Mi madrastra volvió a llenar su vaso.

—Tú decides, princesa. ¿Quieres ir con el buen hombre? Como dije, tú decides.

Miré a mi madrastra. ¿Hablaba en serio? Ni siquiera quería pensarlo. Negué con la cabeza y me mordí el labio.

—No —gimoteé—. Quiero quedarme contigo.

El hombre calvo no fue tan amable como su compañero.

—Maldita niña —murmuró. Me estremecí cuando puso su boca contra mi oído—. Menos mal que no viniste. Te habría follado el culo y luego te habría hecho chupar mi polla hasta dejarla limpia. —Se apartó y me guiñó un ojo—. Bueno, quizás la próxima vez, princesa.

Estuve a punto de suspirar de alivio, pero me sorprendí cuando me besó de lleno en la boca. Casi me atraganto cuando su lengua pasó por mis labios. Con una mano en mi nuca y la otra hundida entre mis muslos, me dio un beso largo y mordaz que se me quedó grabado en la memoria. El sabor a whisky y los pelos erizados y duros de su bigote lo hacían aún más desagradable. Podría haber sido agradable en otras circunstancias, viniendo de otra persona. Pero así y todo, simplemente rezaba para que terminara.

—Bueno, eso sí que fue divertido —dijo Louise mientras la desolada pareja se marchaba—. ¿No te encanta ser chica?

Estaba tan conmocionado por lo que acababa de pasar que solo pude asentir y contener las lágrimas de alivio. Estaba tan agradecido de haber salido de esa situación y tan orgullosa de mi madrastra por cómo había tratado a esos dos matones, que no pude evitar sonreír. Terminé mi copa de champán y vi cómo mi madrastra la rellenaba. Yo también me la bebí de un trago y me quedé sentada en silencio intentando mantener la compostura.

Louise se rió.

—Cálmate, princesa. Actúas como si no lo estuvieras disfrutando. Tómate otra copa y respira hondo.

Asentí y di un trago de champán. Negué con la cabeza al ver la huella roja de mis labios en la copa.

—Odio cuando pasa eso —dije débilmente.

Mi madrastra rió como una adolescente.

—Eres tan adorable que te comería. Creo que tu novio querría hacer lo mismo.

La miré con asco.

—¡Louise!

Rió de nuevo.

—Me pregunto qué habría pensado si te quitaba ese vestido. Nunca se sabe, princesa. Puede que le hubiera gustado lo que tienes debajo.

—Le gustaba mi trasero —murmuré con tristeza.

Louise rió. Entre el champán y la adrenalina, yo también tuve que reírme.

Después de que nos tranquilizamos un poco, Louise levantó su copa y esperó mientras yo hacía lo mismo.

—Tendremos que hacer esto más a menudo, princesa —dijo con una sonrisa—. Eres más divertida que cualquiera de mis amigas y recibes mucha más atención.

Respondí con una sonrisa tímida y tomó otro sorbo. No había escapatoria, así que decidí seguirle la corriente. Mi madrastra me tenía a su merced y lo estaba disfrutando.

Nos sentamos un buen rato, mi madrastra charlando y comportándose como si yo fuera su amiga. Me contó anécdotas divertidísimas, desde su infancia hasta su cita doble con su amiga travesti de la universidad. Me encantó tanto su trato como oírla hablar. Me sentí como una adulta en compañía de otra adulta. Fue una experiencia liberadora, a pesar de mi disfraz de niña y mi preocupación.