Cuando era hombre, jamás logré una cita con una mujer. Decidí tomar la píldora rosa para convertirme en mujer y poder dar mi primer beso antes de cumplir 20 años. No importaba si tenía que besar a un hombre. Estaba tan solo y desesperado que era mejor eso que nada…
Aún con mi cuerpo femenino, no tuve éxito de inmediato. Entonces, mi hermana me dijo: “Si quieres que te volteen a ver, debes ser más atrevida”. Por su consejo, comencé a usar vestidos en público. Al principio me sentía incómoda con tanta piel expuesta, con la brisa recorriendo mis piernas o con la sensación de sensibilidad que provocan las medias… pero poco a poco fui ganando confianza.
Un poco después, recibí la invitación a salir de uno de mis compañeros de clase, Eduardo. Por supuesto que acepté, y tuve mi primera cita en la vida. Y mi primer beso… se sintió tan dulce y hermoso como lo imaginé.
Pensaba en ser novia de Eduardo, cuando Antonio, uno de los amigos de mi hermana, me hizo llegar un mensaje en un papelito: ¡era una invitación a salir! Luego, en mis clases de inglés, llegó una tercera invitación a salir; esta vez de Alejandro, un chico de mi clase que se la pasaba viendo mis piernas. Como chico, nadie se había fijado nunca en mí, y ahora, como chica, por fin tenía opciones…


No hay comentarios:
Publicar un comentario