jueves, 23 de julio de 2026

Lo que siempre fui

 



Cuando abrí los ojos en mi nuevo cuerpo femenino, el día del Gran Cambio, juré que era una pesadilla. Pero pronto me cayó el veinte: tal vez nunca supe ser hombre. Mi viejo siempre brilló por su ausencia, los deportes me daban flojera y eso de "cosas de hombres" nunca fue lo mío. Sí, hay muchos tipos de hombres, pero en ninguno cabía yo: ni rudo, ni directo, ni mucho menos fuerte.

Para rematar, mi cuerpo flaco y chiquito era el blanco perfecto para que mis compañeros me dieran con todo: "pareces nena", decían, no solo por lo físico, sino por mis gestos, mi voz, mis maneras. Yo me lo tomaba a risa, pero por dentro ardía.

Todavía era un niño cuando mis primas me convencieron de ponerme un vestido e ir a una fiesta haciéndome pasar por chica. Y no solo eso: esa noche di mi primer beso… ¡con otro chico! Fue como si algo hiciera clic. Como si al fin me viera al espejo y supiera quién era. Me la pasaba imaginándome con vestido, maquillaje, medias y tacones, y esa imagen me prendía fuego.

Entonces lo entendí todo: nunca fui hombre, solo tenía el cuerpo de uno. Como chico solo recibí burlas y golpes bajos; pero vestido de chica encontré ternura, atención y deseo. Ahora, con cuerpo de mujer, podía usar lo que quisiera sin que nadie me señalara.

Tal vez el Gran Cambio no me transformó. Solo me destapó lo que siempre fui.

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