No puedo creer que yo, que era un hombre de 24 años, orgulloso de ser un macho, el que con más mujeres se acostaba… ahora esté posando en lencería y medias para dejar que mi novio haga lo que quiera conmigo en mi nuevo cuerpo femenino.
El Gran Cambio me transformó en mujer y mis gustos cambiaron… comenzaron a gustarme los hombres. Durante meses traté de resistirme, pero no pude evitarlo. Quería —no, necesitaba— sentir a un hombre dentro de mí, y que me hiciera suya. Era una necesidad biológica: como hombre me encantaba el sexo y como mujer no parece que sea diferente.
Excepto por una cosa: ahora siento deseos de enamorarme y estar con un solo hombre toda mi vida, que me cuide como su esposa y ser la madre de sus futuros hijos. Supongo que mi mente y mi cuerpo se pusieron de acuerdo, y mi cuerpo ganó.
¡Quiero casarme, ser ama de casa y ser mamá!


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