Desperté una hora después... Estaba abrazada al pecho de Iván. Sentí el body que envolvía mi cuerpo, la tanga metida entre mis nalgas, y recordé todo lo que pasó... le pedí a Iván que me hiciera suya, él me puso en cuatro, hizo a un lado mi tanga y comenzó a embestirme. El recuerdo fue tan placentero que me sonrojé...
Iván estaba viendo su celular, pero cuando me moví, me miró de reojo. Me sentí tan diminuta en mi cuerpo a su lado. Cuando fui hombre, éramos casi de la misma estatura; ahora él era mucho más grande que yo. Mientras lo miraba, él sonrió y comenzó a hablar.
"Ya despertaste. Solo te estaba esperando... es de mala educación dejar a una chica sola después de tener sexo con ella... Debo volver a mi casa, mañana trabajo temprano."
"Eso fue lo que hicimos... ¿solo sexo?"
"No, hubo más que sexo. Pero es difícil aceptar que te estás enamorando de tu mejor amigo, incluso si él ahora es una mujer y está buenísima", dijo con pena.
"Al menos tú aún tienes pene y no te cogieron...", dije sin pensarlo mucho y luego me sonrojé.
"¿No estuvo tan mal, o sí?" me preguntó sin dejar de sonreír.
Me sonrojé aún más y le contesté: "No, no estuvo nada mal".
Ambos reímos.
"¿Ahora qué hacemos?" le pregunté.
"Seguimos como hasta ahora... Al principio te pedí que te pusieras la lencería para ver tu cuerpo. Pero te veías tan hermosa y tan excitada que no pude parar... no puedo parar. Sigamos jugando a nuestras apuestas, veamos a dónde nos lleva todo esto..."
"Está bien", dije pensativa.
Él se levantó y comenzó a ponerse su playera. Al parecer, nunca se quitó el pantalón. De pronto, me sentí más vulnerable con mi body.
"En cuanto me vaya, habrás pagado tu apuesta. Puedes quitarte eso", dijo mirando mi cuerpo. Sentí que me sonrojaba aún más. "Solo quiero que sepas que pase lo que pase, siempre seremos mejores amigos, bro".
"Sí. Siempre seremos bros", dije como respuesta automática.
Cuando se fue, me quedé pensando en todo lo que hablamos. Las dudas me asaltaron: ¿quién era yo ahora? Cuando me estuvo tomando, no me sentí en absoluto un hombre. ¿Dijo que se estaba enamorando de mí? ¿Yo también me estaba enamorando de él? Era una maraña de confusión, pero una certeza emergía con fuerza: quería descubrir todas las respuestas a su lado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario