Hace rato salí sin maquillaje, con ropa deportiva neutra y el pelo recogido, sintiendo que tal vez me asemejaba al chico era hace unos días, antes de que el gran cambio me quitara mi masculinidad... Fui a una tienda de electrónica por un cable. La persona que me atendió preguntó: «¿Algo más, señorita?».
Sus palabras cayeron como hielo sobre mi piel. En mi mente, yo me veía —al menos un poco— masculino; esperaba un «caballero» o un «joven». Pero… ¿«señorita»? Un breve nudo de angustia se formó en mi pecho, seguido de una revelación clara y fría: aunque no lleve falda ni maquillaje, ya nadie me volverá a ver jamás como el hombre que fui. El Gran Cambio me transformó para siempre y ahora, incluso con ropa neutra parezco una señorita, una niña, una mujer.

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