Sé que fui hombre durante 21 años. Recuerdo esos años con claridad, sin jamás cuestionar mi identidad masculina. Nunca quise ser mujer. Pero todo cambió por una confusión en el centro de salud, cuando me dieron una píldora rosa en lugar de la medicación para el resfriado. Pensé que era sería temporal, pero pronto me di cuenta de que los efectos eran irreversibles. Mi cuerpo comenzó a transformarse lentamente: mi voz, mis rasgos, incluso la forma en que me movía.
No elegí ser mujer, pero ahora, aunque me resulta extraño, es mi realidad. Y, aunque a veces me siento fuera de lugar, he aprendido a aceptar lo que soy. Lo que más me sorprende es que, a pesar de no haberlo buscado, he comenzado a disfrutar de ser mujer. Me gusta complacer a mi novio, a mi hombre.
Hay algo en su presencia, en su deseo por mí, que despierta en mí una parte nueva de mi ser. Cuando lo conocí y se me acercó no pensé que quisiera algo conmigo pues yo aún me percibía como hombre... cuando me conquistó y estuvo por primera vez con él dudaba si sabría cómo agradarlo. Ahora descubrí un placer profundo que nunca imaginé. Cuando me penetra olvido que antes fui hombre, parece todo un recuerdo borroso, solo soy yo ahora. Sólo soy mujer.


No hay comentarios:
Publicar un comentario