jueves, 26 de marzo de 2026

Deudas


Estaba ahogado en deudas. Era viudo. Delgado. Sin suerte, pero aún con una cara bonita, todo mundo me decía que yo era muy guapo. Pero desde que mi esposa enfermó se me hizo imposible pagar las cuentas. Cuando falleció apenas tenía dinero. Mi hijo y yo apenas comíamos. 

Hasta que apareció él. Un mayordomo, impecable, educado.

—Mi patrón quiere hacerle una oferta —dijo—. Pagará todas tus deudas. Pero debes tomar esta pastilla rosa. Tú… y tú hijo también.

No pregunté. Solo asentí. Cuando uno ya lo perdió todo, cualquier salida parece válida.

Esa misma noche le di la pastilla a mi hijo y tomé la mía. Sabía dulce, extrañamente dulce.

Al día siguiente, el mayordomo regresó. Pero ya no éramos los mismos. Yo tenía curvas suaves, labios llenos, una cintura que flotaba. Mi ropa me quedaba muy holgada e incluso se me caía. Pero el mayordomo traía un vestido para mí. Me lo puse porque sentí que estaría más cómoda con esa ropa. 

En cuánto a mi hijo… ahora es una niña de ojos enormes y risa fácil. El mayordomo me dio otro vestido y se lo puse. Al principio se quejo diciendo que era un niño y los niños no usan esa ropa. Le dije que ya no era un niño porque ya no tenía pilin y por fin se dejó vestir. 



El millonario nos esperaba en su limusina.

Se acercó, me tomó la mano y me dijo:

—Aquí tengo un maletín con suficiente dinero para pagar tus deudas. Ya es tuyo por tomar la pastilla rosa. Pero si aceptas ser mi esposa me ocuparé de ti de por vida. 

No supe qué decir. Pero cuando me miré en sus ojos… lo supe todo.

Ahora vivimos en una mansión enorme. Mi hija juega entre jardines. Yo duermo entre brazos fuertes y besos largos. Cada noche es una promesa cumplida. Soy muy feliz. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario