Crecí bajo el techo del pastor Ruiz, mi padre, en un hogar donde todo tenía su lugar: él guiaba, mamá obedecía, y yo debía prepararme para seguir sus pasos en el púlpito. Mi vida entera giraba en torno a la fe, a las Escrituras, al deber.
Pero cuando ocurrió el gran cambio, desperté convertido en mujer. En un principio pensé que era una prueba, un castigo divino… pero con el tiempo entendí que era parte del plan de Dios. Dejé el traje y la Biblia que usaba para los sermones, y mamá me enseñó a usar vestidos, a servir, a ser la mujer que debía ser.
Papá comenzó a entrenar a Hugo, un joven devoto, en el oficio de pastor. Al principio sentí celos: antes era yo quien recibía sus enseñanzas, sus consejos, su mirada orgullosa. Pero Hugo fue siempre amable, atento… y poco a poco, mi corazón se inclinó hacia él.
Ahora espero el día en que Hugo sea ordenado como pastor. Entonces tomaré mi lugar a su lado, como su esposa. Lo acompañaré donde la iglesia nos envíe. Seré su apoyo, su descanso, su paz.
Y cumpliré mi papel con dulzura y obediencia… seré sumisa en la cama y lo complacere siempre, así deben ser las cosas.


No hay comentarios:
Publicar un comentario