Fusión Corporativa
Dos titanes de la industria tecnológica se enfrentaban en un duelo que ya no podía postergarse. Axel Fontaine y Luis Moreno, CEOs de dos de las startups más poderosas del continente, sabían que su fusión sería histórica. Juntos dominarían mercados, atraerían capitales, y redefinirían la tecnología en tres continentes. El problema era simple: ninguno quería ceder el control.
Meses de reuniones. Propuestas, abogados, cifras, egos. Nada funcionaba.
Hasta que un mediador, silencioso y discreto, les ofreció una solución radical. Clínica Venus.
— La forma más rápida de unificar empresas —dijo con una sonrisa— es eliminar la competencia. Uno de ustedes se convierte en la esposa del otro. Una única firma. Una única visión. Una sola voluntad al mando.
Ambos hombres rieron al principio. Pero algo en la idea… despertó la curiosidad. El poder absoluto. La rendición total. El control perfecto.
Para decidir quién conservaría su puesto y quién lo cambiaría por un vestido y una vida de sumisión, escogieron el único lenguaje que ambos respetaban: una partida de ajedrez.
El acuerdo era simple:
— El ganador se quedaría con la presidencia de la nueva empresa.
— El perdedor iría directo a Clínica Venus, donde sería transformado física y mentalmente para convertirse en la esposa ideal del otro.
La partida fue intensa. Dos horas de estrategia, tensión y respiraciones contenidas. Axel ganó.
Luis se mantuvo en silencio. Cerró el tablero, apretó los labios… y firmó los papeles sin discutir. Esa misma noche, fue recogido por una limusina negra sin placas y llevado a las instalaciones privadas de la Clínica.
Allí, comenzó el verdadero proceso. Luis fue despojado de sus trajes, de sus claves de acceso, de sus derechos. Tomó la pastilla rosa bajo observación y fue asignado al programa especial: Reprogramación Ejecutiva Reversiva.
Durante treinta días, se le presentaron nuevas prioridades:
— “Ya no debes tomar decisiones. Solo verte hermosa.”
— “El liderazgo era una carga. Ahora tu misión es complacer.”
— “Cada vez que sonríes para tu esposo, fusionas algo más profundo que cualquier empresa.”
Su cuerpo se moldeó a la perfección. Pechos firmes, caderas anchas, cintura estrecha. Su mente se ajustó al ritmo suave de la obediencia. Su nuevo nombre fue Lucía Fontaine.
Cuando Axel la vio por primera vez tras su transformación, solo dijo:
— Valió cada jugada.
La boda fue sencilla, privada, con un solo contrato firmado: la propiedad total de la empresa y del cuerpo de Lucía, ahora oficialmente su esposa.
Hoy, Lucía no revisa correos ni hace presentaciones. Su agenda está llena de clases de yoga, rutinas de gimnasio, citas para depilación y sesiones de obediencia marital. Vive en una residencia de lujo con vista al mar, donde cada habitación tiene un espejo para recordarle quién es.
"Pensé que perdería el poder. En realidad, me liberé de él."
Eso escribió Lucía en una nota manuscrita enviada a la Clínica en su primer aniversario de bodas.


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