Capítulo 15: La verdad
—Insisto en llevarte a tu casa —dijo Joshua, con esa sonrisa que tanto me gustaba.
—No hace falta —respondí, quizá demasiado rápido—. Mi casa no está lejos, puedo ir caminando.
—Melisa —me interrumpió, y su tono era firme pero cariñoso—. Ya está oscureciendo. Una señorita no debe ir sola a casa a estas horas. Además me muero porque te subas a mi moto.
No supe si reír o llorar por la ironía. Hacía unos meses, yo era un chico que caminaba solo por estas mismas calles sin que nadie se preocupara. Ahora, ser una "señorita" implicaba que todos sintieran la necesidad de protegerme. Pero no tenía caso seguir discutiendo, llevábamos 20 minutos de él insistiendo en llevarme y yo negándome sin ninguna buena razón para ello. Asentí y me subí a la moto detrás de él.
El ruido del motor me ayudó a no lucir tan sospechosa mientras lo guiaba hacia mi casa. Cada pocas cuadras le daba nuevas indicaciones. Mi mente era un torbellino de pensamientos, buscando desesperadamente una excusa, una mentira, cualquier cosa que me permitiera evitar el momento que sabía inevitable. Pero no se me ocurrió nada. Finalmente llegamos.
Joshua apagó la moto y nos quedamos en silencio frente a la puerta de mi casa. La casa de Melvin. La luz de la calle nos iluminaba tenuemente, y podía ver la confusión en su rostro. Sabía que no podía seguir huyendo. Me abracé a su espalda con todas mis fuerzas, sabiendo que él ya sabía la verdad.
—Yo tengo que confesarte algo —dije, y sentí las lágrimas asomando a mis ojos—. Yo soy... yo era Melvin. El Gran Cambio me convirtió en mujer. No quería que nadie me viera con lástima, así que guardé mi identidad en secreto.
Primero sentí que la garganta se me cerraba y no podía hablar, y luego sentí que las palabras fluían solas. Tenía tanto que contarle.
—Yo... en este cuerpo nadie habla de fútbol conmigo. A las chicas no les gusta tanto como a los chicos... por eso cuando empezaste a hablarme me sentí tan feliz. Platicar contigo era como volver a ser un chico... hablar de cosas de chicos. Aunque cuando me enteré de que te gustaba, todo fue diferente. Yo era el novio de Andrea el día del Gran Cambio, y ahora ella estaba saliendo con Carlos y a mí me empezabas a gustar tú.
Recordé que hacía unas horas en el cine había tenido los dedos de Joshua dentro de mí. El calor subió a mis mejillas.
—Yo no quería engañarte respecto a quién soy... solo no quería que supieras que tu excompañero de equipo ahora era una chica y estaba enamorada de ti. Yo no sabía cómo... fueron tantas cosas, tantas emociones en tan poco tiempo... yo no quería engañarte, lo siento.
La cara de Joshua era de incredulidad. Seguramente era difícil procesar todo, y yo hablé durante tanto tiempo que no le di tiempo a preguntar nada, ni de procesar nada.
Cuando habló por fin, se le quebró la voz.
—Yo comencé a sospechar cuando supiste el nombre de mi perro. Sé que nunca te lo dije. Al menos nunca se lo dije a Meli. Además, llegaste a la escuela dos semanas después de que Melvin se fuera. Todo mundo sabe lo que el Gran Cambio fue. Muchos sospechamos que podías ser Melvin. Aunque te adaptaste tan bien al comportamiento de una chica que no estaba seguro. Ni yo ni nadie, no temas. Además, tus apellidos son los mismos que los de Melvin, solo invertidos.
Hizo una pausa, y sus ojos se perdieron en algún recuerdo.
—¿Te acuerdas de aquel gol en las semifinales del año pasado? —preguntó de repente, y su voz era más suave ahora—. Tú... Melvin, quiero decir, recibiste mi pase desde la banda, te la acomodaste con el pecho y la metiste justo donde el portero no podía alcanzarla. Fue el mejor gol de la temporada.
Una sonrisa se dibujó en mi rostro a pesar de todo.
—El portero se lanzó al lado equivocado —dije, y la emoción me tembló en la voz—. Me vio venir por la derecha y yo la coloqué a la izquierda. Nunca supo qué pasó.
—Estuviste increíble... —continuó Joshua—. Aunque nunca fuimos los mejores amigos, siempre nos llevamos bien. Éramos compañeros de equipo, y eso es algo que no se olvida.
Las lágrimas le corrían por las mejillas ahora, pero su voz había vuelto a estar en control.
—Cuando le dijiste "Gordo" al entrenador, estaba casi seguro de que eras tú. Es difícil de aceptar... me siento un poco gay sabiendo que beso a mi excompañero de equipo —dijo, y luego reímos un poco, una risa temblorosa y nerviosa que rompió la tensión.
—Al menos tú aún tienes pene... imagina cómo me siento yo —dije con una honestidad cruda, luego recordé que hacía pocas horas yo había masturbado el pene de Joshua y me volví a sonrojar.
Ambos volvimos a reír. Por un momento, el aire se sintió más ligero. Era extraño, pero compartir ese recuerdo del gol, ese momento que compartimos, nos unió de una forma que las palabras no podían explicar.
—Pero hay algo más, Joshua —dije, y mi voz era apenas un susurro—. No es solo que fui Melvin. Es que... estoy enamorada de ti. No de ti como un amigo o como un compañero de equipo. Te quiero de verdad, de esa forma que no sabía que podía sentir por un chico. Y eso me asusta tanto como me asusta que todo esto haya sido una mentira.
Joshua me miró, y en sus ojos vi una mezcla de emociones que no pude descifrar. Dolor. Confusión. Quizá algo de cariño.
—Yo no puedo con esto —dijo finalmente—. Desde que tengo sospechas he tenido pesadillas donde me beso contigo... no contigo Melisa, sino con Melvin.
De repente hubo un silencio entre nosotros. Pesado. Elástico. Como si el mundo entero contuviera la respiración.
—Debemos terminar.
Las palabras cayeron como una losa. Sentí que el suelo se abría bajo mis pies. Todo lo que habíamos construido, los besos, las caricias en el cine, las risas compartidas... todo se desmoronaba en una sola frase.
—Lo entiendo —dije, y mi voz apenas era un susurro—. Lo entiendo.
No había nada más que decir. No había excusas que valieran. Él había besado a su excompañero de equipo sin saberlo, y eso era demasiado para procesar. Para cualquiera.
—Melisa... —empezó, pero lo interrumpí.
—No hace falta que digas nada más. Fue bonito mientras duró.
Forcé una sonrisa, aunque sentía que mi alma se desgarraba. Me bajé de la moto y caminé hacia la puerta de mi casa sin mirar atrás. Escuché el motor encenderse, y luego el ruido se fue alejando.
Cuando cerré la puerta detrás de mí, me deslicé por la pared hasta quedar sentada en el suelo. Las lágrimas brotaron sin control, y por primera vez en mucho tiempo, lloré por la persona que había sido y por la que nunca podría ser.
Había perdido a Joshua. Lo había perdido por ser descuidado. Me había descubierto, ¿tal vez le contaría a alguien más? No podía pensar en nada. El dolor era tan agudo que apenas podía respirar.
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