sábado, 26 de septiembre de 2026

Un tiempo (16)

 


Capítulo 16: Un tiempo

Los primeros días fueron insoportables. El dolor era tan físico como emocional, como si alguien hubiera excavado un agujero en mi pecho y lo hubiera dejado vacío. Despertarme cada mañana sabiendo que Joshua ya no era parte de mi vida me costaba un esfuerzo sobrehumano. Los siguientes días solo dolían mucho, pero de una forma más sorda, más profunda. Eventualmente, el dolor se volvió manejable, pero aún sentía algo al verlo caminar por los pasillos, hablando con otras personas pero no conmigo. Su sonrisa, su risa, la forma en que se pasaba la mano por el cabello... todo eso me recordaba lo que habíamos tenido y lo que había perdido.

Desde el día en que Joshua introdujo sus dedos en mí, despertó un apetito que no sabía que tenía. Comencé a autoexplorarme con pena al principio, como si mi propio cuerpo me resultara ajeno y prohibido. Cuando era chico me masturbaba a diario, era algo natural, casi mecánico. Como chica, no me atreví a hacerlo tan seguido. Pero cada pocos días, cuando la noche se volvía demasiado larga y los pensamientos me invadían, introducía mis dedos en mi nuevo sexo. La sensación era muy placentera, una mezcla de descubrimiento y entrega que me dejaba sin aliento. A menudo imaginaba que era Joshua quien me estaba tocando, y eso amplificaba el placer hasta hacerlo casi insoportable. Pero al terminar, siempre sentía una sensación de tristeza, un vacío que las caricias solitarias no podían llenar. A veces me obligaba a pensar en el salvavidas de la playa, en Gael, en alguien que no fuera Joshua. Pero eventualmente él siempre volvía a mis fantasías, como un fantasma que se negaba a irse.

A los pocos días de terminar con Joshua, todos lo notaron. Mis amigas, mis compañeros de clase, incluso la entrenadora Martínez me preguntó si estaba bien. Todas mis amigas me preguntaron sobre el motivo del quiebre de nuestra relación. Les dije que "no estaba funcionando lo nuestro". No pude decir más porque las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. Con eso gané que nadie me volviera a preguntar por el asunto en unas semanas.

Por suerte, solo compartía una clase con Joshua, y eso limitaba nuestras interacciones al mínimo. A veces lo veía reír con otros chicos, y una parte de mí quería acercarme, quería que todo volviera a ser como antes. Pero sabía que era imposible. Él había tomado su decisión, y yo debía respetarla.

El torneo de voleibol comenzó con dos victorias y una derrota. La dupla que formábamos Marce y yo era decisiva en los encuentros. Nuestros pases eran precisos, nuestra comunicación fluida, y cuando la pelota estaba en juego, el resto del mundo desaparecía. El deporte se convirtió en mi refugio, en el único lugar donde podía olvidar por un momento el dolor de haber perdido a Joshua.

Nos fuimos haciendo más cercanas, Marce y yo. Ella siempre tenía una palabra amable, una sonrisa cómplice, y su presencia se volvió un ancla en medio de la tormenta.

Unos meses después, en una tarde de un viernes, mientras caminábamos a casa después de un entrenamiento, ella rompió el silencio.

—Sé que es un tema difícil... —dijo, con suavidad—. Pero tengo que preguntar. ¿Por qué terminaron Joshua y tú?

Había pasado más de un mes desde el final de nuestra relación, y Marce era tan cercana a mí que no dudé en contestarle. Tal vez necesitaba decirlo en voz alta, sacarlo de mi pecho.

—Descubrió quién soy... en realidad —respondí, sintiendo el nudo en la garganta.

Ella abrió los ojos como platos. El silencio se alargó mientras procesaba mis palabras.

—Lo siento mucho —dijo finalmente, y su voz era tan sincera que casi me rompió.

Caminamos en silencio un rato. El sol comenzaba a ponerse, y las sombras se alargaban a nuestro alrededor. No sabía qué más decir, y ella parecía respetar mi silencio.

—Oye, tienes que saberlo —dijo Marce de repente, y su tono había cambiado. Había algo nervioso en su voz—. Prefiero que sea por mí, ya que somos amigas.

El silencio se sintió como una eternidad. Podía escuchar el latido de mi corazón en los oídos, y una sensación de inquietud comenzó a crecer en mi estómago. Ella tomó valor, respiró hondo, y finalmente habló.

—Joshua me invitó a salir... y yo le dije que sí.

El mundo se detuvo. Las palabras cayeron sobre mí como un golpe seco, inesperado. Sentí que el aire se escapaba de mis pulmones.

Me costó mucho fingir una sonrisa. Joshua y yo fuimos novios por poco más de dos meses, y había pasado más de un mes desde que tronamos. No me parecía que tuviera derecho a enojarme con él ni con Marce. Ambos eran buenos chicos, guapos e inteligentes. Sin duda harían buena pareja. Pero me costaba estar feliz con ello. Me costaba aceptar que él había seguido adelante, que ya no me necesitaba, que yo era solo un recuerdo que se desvanecía.

—Gracias por contarme, Marce —dije, y mi voz sonó más firme de lo que me sentía—. Eres mi mejor amiga.

Y antes de que ella pudiera verme las lágrimas, caminé rápido hacia mi casa. No miré atrás. No quería que me viera así, rota y frágil. Cuando cerré la puerta detrás de mí, el llanto llegó sin avisar, como una tormenta que había estado esperando el momento para desatarse.

Me quedaban dos meses para graduarme. Dos meses para ver a Joshua y Marce juntos, para sonreír y fingir que todo estaba bien. Dos meses para aprender a vivir con la pérdida y encontrar la forma de seguir adelante.

Pero en ese momento, mientras las lágrimas corrían por mis mejillas, no podía ver más allá del dolor.

1 comentario:

  1. Pobre ha pasado por mucho y merece que le pase algo realmente bueno y pueda ser feliz :(

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