Capítulo 14: Tacto
Los días se sucedieron rápido entre clases, besos y entrenamientos. La rutina me envolvía como una manta familiar, y cada vez me costaba menos distinguir dónde terminaba el disfraz de chica y comenzaba yo mismo. O yo misma. Ya ni siquiera me importaba tanto la distinción.
Fui seleccionada en el equipo de voleibol. La entrenadora Martínez dijo que tenía buena coordinación y reflejos rápidos, supongo que los años de fútbol no habían sido en vano. Marce también fue seleccionada, y juntas hacíamos una dupla excelente. Mis pases encontraban sus manos con una precisión que me sorprendía, y ella devolvía la pelota con una fuerza que me obligaba a estar alerta. Los entrenamientos se volvieron más duros a medida que se acercaba el primer enfrentamiento, que pasaría en unos días. Llegaba a casa con los brazos doloridos y las piernas temblorosas, pero con una sonrisa que no podía ocultar.
Una tarde, después del entrenamiento, mientras recogíamos las pelotas y guardábamos el equipo, me encontré hablando con Marce en un tono más bajo de lo habitual.
—Creo que Joshua sospecha... quién soy en realidad —dije, sintiendo que las palabras pesaban más de lo que esperaba.
Marce dejó de recoger la pelota que tenía en las manos y me miró con incredulidad.
—¿Qué? ¿Por qué dices eso? —preguntó, acercándose.
—Hace un mes le dije el nombre de su perro sin pensar. Todos los chicos del equipo conocíamos a Max. Pero Meli no debería conocerlo... ahí debió comenzar a sospechar.
Hice una pausa, tragando saliva antes de continuar.
—Además, hace unos días le llamé al entrenador del equipo de fútbol "El Gordo". Solo los chicos del equipo le llaman así. Desde ese día, siento que me mira extraño. Tiene dudas, Marce. Lo sé.
Marce me observó en silencio por un momento, procesando lo que le acababa de decir. Luego soltó una risa suave, pero no burlona.
—Pero los vi comerse a besos en el receso —dijo, con una ceja levantada—. ¿Qué clase de dudas son esas? Si estuviera tan sospechoso, ¿crees que te besaría así?
Sonrió, y su tono se volvió más serio.
—Seguro sospecha porque has sido descuidada. Tal vez debas decirle la verdad. Es tu decisión.
Me quedé pensando en eso mientras guardaba mi uniforme en la mochila. Tal vez Marce tenía razón. Tal vez lo mejor era ser honesto con Joshua, contarle todo, explicarle quién era realmente y confiar en que él lo entendería. Pero el miedo me paralizaba. ¿Y si al saber la verdad me dejaba de querer? ¿Y si lo que sentía por Melisa se desvanecía al descubrir que detrás de ella estaba Melvin?
No sabía qué hacer. Pero la duda seguía ahí, como una espina clavada en mi conciencia.
...
Pasaron unos días. El sábado llegó con un calor que hacía que el asfalto brillara como espejo. Me puse un vestido ligero, de esos que dejaban respirar la piel y se movían con el viento. Me miré al espejo y por un momento no reconocí a la chica que me devolvía la mirada. Luego sonreí y comprobé que la chica era yo, cada vez me costaba menos aceptarme como mujer.
Joshua me esperaba en la plaza. Llegó con una camisa negra y unos vaqueros que le quedaban perfectos, su cabello ligeramente revuelto por el viento.
—Te ves preciosa —dijo al verme, y sus ojos brillaron con esa luz que solo aparecía cuando me miraba.
Me dio un beso, suave y cálido, y por un momento todo el miedo se disipó.
Fuimos al cine. Queríamos ver la nueva película de acción, la que todos estaban comentando. Mientras caminábamos hacia la sala tomados de la mano, pensé en lo absurdo que era que aún dudara en ocultar mis gustos "de chico". Siempre hablaba con Joshua de fútbol, de videojuegos, de películas de acción. No podía fingir que me interesaban las comedias románticas o las películas de amor. Ya era tarde para eso, pensé mientras entrábamos a la sala oscura.
La película resultó ser terrible. La trama era predecible, los efectos especiales parecían de bajo presupuesto, y los diálogos eran tan malos que daban risa. Pero no me importaba. Joshua me abrazó y me atrajo hacia él, y el resto del mundo desapareció.
Comenzamos una ronda de besos en la oscuridad. Estábamos en las últimas filas, donde las luces de la pantalla apenas llegaban, y sabíamos que nadie nos estaba viendo. Armado de valor por la oscuridad, Joshua deslizó su mano por mis piernas. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, una mezcla de nervios y deseo que me dejó sin aliento. Me dejé tocar. Quería que lo hiciera.
Él elevó el nivel. Apartó la falda de mi vestido y siguió acariciando mis piernas, pero ahora por debajo de la tela. Su piel contra la mía. La sensación era tan intensa que sentí que me quemaba. Nunca en mi vida me había sentido tan excitada.
Pensé en cómo, en algún momento, planeé estar así con Andrea. Pero ella sería la chica, claro. Y yo sería el chico. Las manos de Joshua recorriendo mi pubis sobre las bragas me sacaron de mis pensamientos y me devolvieron a la realidad. Yo era la chica, y él era el chico.
"Qué bien se siente esto", pensé.
Los besos no paraban. Joshua metió la mano debajo de mis bragas y comenzó a recorrer mi entrepierna con los dedos. Su piel contra mi piel, recorría mi monte de Venus con sus dedos, sentía los vellos que cubrían mi intimidad. Sin tela de por medio. En un momento pude sentir la humedad entre mis piernas, y él la sintió segundos después. Lo tomó como una invitación. Separó un poco mis labios, solo lo suficiente para introducir dos dedos en mí. Sentí terror, nunca había explorado mi interior yo misma. Era un paso en la feminidad que no me podía permitir. Pero ahí estaba él, Joshua, con dos dedos dentro de mi sexo.
El placer fue abrumador. Nunca pensé que una ida al cine resultaría así. Nunca imaginé que algo pudiera sentirse tan bien. Seguimos así un rato, besándonos y sintiéndonos en la penumbra de la sala, mientras la película mala seguía proyectándose sin que nadie la mirara.
Definitivamente ya no soy un hombre, pensé mientras el placer recorría mi cuerpo. Y por primera vez, la idea no me dolió.
Después de un rato retiró la mano de mí.
—¿Quieres tocarme? —preguntó con un tono travieso, y llevó mi mano a su entrepierna—. Mira cómo me tienes.
Estaba duro como una piedra ahí abajo. Recordé que hace unos meses yo tenía un pene y ahora mi mano estaba sintiendo el bulto de otro chico. Se desabrochó el pantalón y se bajó el cierre. Guió mi mano a través de sus calzones y pronto estaba tocando su miembro, era enorme, apenas cabía en mi mano. Estaba tan embriagada por la excitación que no lo pensé, comencé a masturbarlo como antes lo hacía conmigo. Primero recorrí todo su miembro empezando cerca de la base y fui subiendo hasta la punta. Lo masajeé de una forma que yo sabía que era efectiva, me había complacido a mí mismo tantas veces así... pero tocar el miembro de otro chico era diferente, era excitante y humillante a partes iguales... Estuve ahí unos minutos hasta que finalmente se corrió en mi mano.
...
El resto de la cita fue más normal. Fuimos a comer sushi, reímos de la película, hablamos de tonterías y no mencionamos nuestras travesuras en la sala de cine. Cuando salimos del restaurante, el sol ya comenzaba a ponerse, y la luz dorada lo envolvía todo.
—Son las seis —dijo Joshua, mirando su teléfono—. Te llevo a tu casa.
Sonrió con esa caballerosidad que tanto me gustaba de él. Y entonces el corazón se me detuvo.
Porque Joshua conocía mi casa. Había ido a buscarme para entrenar, para hacer trabajos en equipo, para jugar videojuegos, todo cuando yo era Melvin. Si me llevaba a mi casa, vería que era la misma dirección. Vería que Melisa vivía donde antes vivía Melvin. Y entonces todo se vendría abajo.
—¿Todo bien? —preguntó él, notando mi silencio.
—Sí, claro —mentí, con una sonrisa que esperaba pareciera natural—. Todo bien.
Pero mientras caminábamos hacia su moto, mi mente era un torbellino de pánico. ¿Qué podía hacer? ¿Decirle que vivía en otra dirección? ¿Inventar una excusa? ¿O simplemente aceptar que el momento de la verdad había llegado?
No tenía respuesta.
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