Estoy sentada en la recepción de un restaurante llevo un vestido negro y medias, espero a mi prometido, Fabián. Mientras estoy sola recuerdo como hace dos años fui con unos amigos a ver a una adivina. Yo ni siquiera quería saber mi futuro, solo iba a acompañar pero la adivina se volteo hacia mi y me dijo:
"Veo tu futuro... Veo a una mujer guapa de pelo largo, piernas largas, caderas anchas y pechos grandes. Solo lleva faldas y vestidos, mostrando sus atributos femeninos. Se pavonea con tacones y medias, y todos los hombres en la habitación la miran con anhelo. Todos quieren hacerla suya. Todos quieren follarla. Pero ella pertenece a un solo hombre, guapo, fuerte, valiente. ¡Su marido!"
Estaba encantado pensé que describía a mi futura esposa y continúo:
"La veo ir con su marido a su casa, meter la mano en su bolso, sacar una llave y entrar. Está cansada después de haber estado fuera toda la noche en esta fiesta. Pero acariciar a su marido alivia la fatiga. Él la toma en el pasillo sin desvestirla, solo sube su vestido. Luego la lleva cargando al dormitorio y allí la llena dos veces con su semen. Ella grita de placer... En esta noche, se convierte en madre..."
Le pregunté que cómo era esa chica, que cuándo la conocería y ella contestó:
No sé cómo decírtelo, jovencito. Esta mujer que veo en tu futuro Eres tú. Te convertirás en mujer. Pronto serás mujer. Te convertirás en la mujer que veo en mi visión. ¡Dios mío! Tú. ¡Tendrás un futuro brillante... como mujer, esposa y madre!
Al ver llegar a mi marido pienso en cuánta razón tenía la adivina.



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