lunes, 5 de octubre de 2026

La prometida



Sonrío. Asiento. Brindo con los amigos de David —que antes también eran mis amigos— en esta fiesta que organizamos para anunciar nuestro compromiso.

Ellos me ven y piensan: "qué mujer tan hermosa". Ahora me llaman Ingrid, la prometida de David. Pero ninguno sabe que antes de esto yo era Leonardo. Parte de su pandilla. Iba con ellos al billar, a los bares, a conquistar chicas.

Ahora yo soy la chica conquistada.

Y la humillación me recorre cada vez que uno le da un abrazo y dice "felicidades, amigo" —dirigiéndose a David— mientras a mí me dan dos besos en la mejilla, porque ahora soy una dama.

Bajo este vestido tengo un par de pechos, caderas anchas y, entre mis piernas, un sexo nuevo. Uno que ya no empuja, sino que recibe. Uno que David usa cada noche mientras yo cierro los ojos y cumplo como toda esposa debe cumplir. En la cama ya no soy el que tomaba la iniciativa… ahora soy quien se arrodilla, quien abre las piernas, quien agradece el castigo con un gemido.

Me recreo en esta vergüenza. Me odio un poquito… y me excita mucho.

Porque ellos todavía hablan de las mujeres que se llevaron a la cama, sin saber que su antiguo amigo ahora es una de esas mujeres. Sin saber que yo, que presumía de ligar, hoy me mojo solo porque David me susurre "buena chica".

Esta noche, cuando se vayan todos, me pondré el conjunto de seda que él guarda para las ocasiones especiales. Y me doblaré. Me entregaré a David como la mujer que soy.

Ellos nunca lo sabrán. Para ellos solo seré Ingrid. La novia bonita. La esposa perfecta. Nunca sabrán que Leonardo se convirtió en mujer por culpa del Gran Cambio y que ahora es una mujer sumisa, comprometida con el que antes fue su mejor amigo.

Y eso es muy excitante.






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