Ajusto el dobladillo de mi vestidito. Mis piernas quedan expuestas al sol de la tarde.
—Muy bien, querida. ¡Aquí estamos contigo vestida de mujer en público por primera vez! ¿No es divertido caminar por la calle, sentir las miradas de todos esos hombres en tu nuevo cuerpo?
Mamá cruza la avenida con una alegría que me parece obscena. Yo llevo dos meses aprendiendo a respirar con este cuerpo nuevo. Desde el Gran Cambio.
—Durante meses te negaste a salir conmigo usando nada femenino —sigue ella—. Pero era inevitable que te mostraramos al mundo como lo que ahora eres... una mujer. Te ves tan linda con ese vestido y tu maquillaje... Y te tengo una sorpresa, querida. Estamos aquí para conocer al hijo de mi mejor amiga.
Me detengo sorprendida.
—¿Qué?
—Es un joven muy guapo, alto y musculoso. ¡Ojalá se gusten y comiencen a salir! Sé que es pronto para hablar de un novio, pero ser la novia en una relación es muy divertido. ¡Te lo juro!
Novia. La palabra me deja helada. Hace dos meses yo era el tipo alto y musculoso, el novio en mi última relación. Hasta que el Gran Cambio me convirtió en mujer...
—Mamá, no dije que estuviera lista.
Pero ella ya camina hacia un chico que se pone de pie. Sus ojos me recorren de arriba abajo.
Y su mirada me sonroja, me empiezo a imaginar en sus brazos. Como su novia,

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