Debería odiar lo que veo cuando me miro al espejo o lo que ven los demás cuando me ven a mí, ya que es tan diferente a como solía ser.
Hasta antes del Gran Cambio yo era un hombre.... pero ahora, al mirarme, lo único que tú o yo podemos ver es a la mujer que ahora soy.
Ahora tengo pechos generosos, una cintura esbelta, caderas anchas y, entre mis piernas, una vagina de mujer bien definida, con su monte de Venus y sus labios menores, lo que me hace indistinguible de cualquier otra muje.
Incluso mi voz suena como la de una mujer... incluso mis gemidos son los de una mujer cuándo experimento con este nuevo cuerpo y le doy placer con mis dedos o con un consolador...
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