Era un chico apuesto, popular, que siempre se le salía con la suya. Como era de esperar, me nominaron para entrar en la mejor fraternidad del campus: Alfa Omega.
Uno de los miembros me advirtió que la iniciación era dura, pero que Alfa Omega garantizaba el acceso a círculos exclusivos que podrían solucionarme la vida. Me entregó la invitación: el evento era el viernes a las seis, pedía ir con ropa cómoda y en absoluto secreto.
Acepté. Al llegar me llevaron a una habitación donde había otros cuatro candidatos, todos estabamos en pants como nos solicitaron. Entró un hermano con túnica, acompañado de una mujer guapísima en minifalda, top y tacones. Llevaba una bandeja con un frasco de pastillas y vasos de agua.
Nos sirvió agua primero. Luego, una pastilla rosa para cada uno. “Tómenla, es segura. Todos. los efectos son temporales”.
“¿Para qué es?”, pregunté.
“No puedo decírtelo. Aún pueden arrepentirse, pero si quieren entrar a la fraternidad, deben pasar por el rito”.
Cuando volteé, los demás ya las habían tomado. Dudé un instante, pero finalmente la tragué.
Perdí el conocimiento. Al despertar, eran más de las nueve. Al tocar mi cuerpo, sentí unos senos sobre mi pecho. Pensé que era parte de una novatada, que serían de silicon o algo parecido, pero al palpar mi entrepierna… mi pene no estaba allí. Una ola de pánico me recorrió. Seguí recorriendo mi cuerpo. Mis caderas eran anchas y mi cintura breve y mi cabello rubio ahora era largo.
La mujer hermosa estaba en la habitación.
“Es bueno verlas despiertas. No teman, el efecto de la píldora rosa es temporal. En tres meses volverán a ser hombres… a menos que decidan que ya no quieren serlo”.
Nos lanzó una mirada enigmática antes de continuar.
“Su primer rito es ponerse esto. Por hoy pueden usar tenis. Vístanse rápido: un hermano vendrá a presentarlas oficialmente como prospectos”.
Frente a mí había un body negro y unas orejas de conejita y unos tenis estilo converse. Dudé, pero ya había llegado demasiado lejos. Me metí como pude en el body y me puse los tenis.
La ropa me quedaba de maravilla, igual que a las otras "chicas". Y allí nos quedamos, esperando nuestra iniciación confundidas y con miedo.

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